La siguiente beta-espera, después de…

Hoy me ha llegado una gran noticia. Una amiga mía, mamá del agua y luchadora de reproducción asistida como yo, está embarazada. Es poco decir que me alegro por ello. Qué extraña sensación que la de alegrarse por una noticia así cuando de lo normal, de haber sido una mamá que no ha pasado por lo que hemos tenido que pasar, sólo se me hubiera encogido el corazón, con las palabras de enhorabuena medio atragantadas.

Volver a esos tratamientos después de una pérdida no es cosa fácil. Yo, por lo menos, al quedarme embarazada de mi niño de luz, lo primero que pensé fue: “¡ya se acabaron los tratamientos, los sufrimientos, las dudas!”.  Después de una pérdida tan dura, puedes llegar a preguntarte si realmente quieres volver a pasar por ello. Si todo eso vale la pena. Ya habías perdido la inocencia de quedarte embarazada de forma natural, como en los cuentos de hadas y las películas de Hollywood, y ahora también has perdido la de la “dulce espera”.

untitledPor suerte lo que nos ha pasado también trae cosas buenas. A mí, me hizo reflexionar sobre el tiempo en que disfruté de mi embarazo. Me di cuenta que había desperdiciado las primeras semanas. Que sólo había realmente empezado a disfrutar de ello a los tres meses, cuando las hormonas me dejaron un poco más tranquila. Primero, no había querido crearme ilusiones. Luego, cuando se confirmó el embarazo, me dio un bajón anímico (cosa de las hormonas, según mi comadrona) que contrastaba tanto con cuánto llevábamos esperando este embarazo que llegué a dudar de que eso era realmente lo que quería. A los tres meses ya empecé a disfrutar, a hablarle a mi bebé, a acariciarle. Hasta los últimos minutos de mi embarazo.

Durante la siguiente betaespera, decidí no desperdiciar ni un minuto. Colgué la foto de mi embrión en la nevera para que estuviera presente ya en la familia. La llevaba también en el móvil. Le empecé a hablar enseguida. Le contaba quién éramos, sus padres, su hermana mayor, su hermano del agua (esto me costó más, no podía aguantar las lágrimas y no me salían las palabras). Le cantaba. Le decía cuánto le esperábamos, cuánto le queríamos ya. Le acariciaba constantemente. El resultado no fue del todo positivo (“embarazo no evolutivo”, nos dijo la ginecóloga), pero no me arrepiento. Lo volveré a hacer. Y también lo aconsejo a mis compañeras de batalla. Quién sabe si eso no fue el que le hizo intentar agarrarse…

4 comentarios en “La siguiente beta-espera, después de…

  1. yo soy también mamá del agua de cuatro pequeños qué no se pudieron quedar conmigo y tuve qué aceptarlo, esperamos encontrar la causa por la qué no se quedan, pero aún no lo sabemos, tal y como cuentas, hemos perdido la inocencia del embarazo y de la beta espera,y como bien dices, se te hace un nudo en la garganta cuando alguien anuncia su embarazo
    pero cuando la mujer qué anuncia la buena nueva es una mamá del agua, una beta espera o una luchadora, la alegría y la esperanza me invaden…
    me alegro de no ser la única, porque a veces me siento mal por tener estos sentimientos, egoístas y envidiosos, pero creo qué es por la situación qué vivimos…
    un besazo

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  2. Hola María,

    Pues sí, yo también creo que es lo que toca. Es un sentimiento tan universal en las mamás que hemos sufrido una pérdida que sólo puede significar que es algo normal. Yo intento no rechazarlo, no culparme por ello. Creo que poco a poco este sentimiento irá menguando, y que ése es uno de los pasos necesarios del duelo que nos ha tocado vivir. A ver si alguien nos explica algún truquillo para quitarle tanto protagonismo y hacernos la vida más fácil…

    De hecho, muchas mamás que lidiamos con problemas de fertilidad ya conocíamos este sentimiento. Pero tengo que decir que yo, personalmente, con el duelo por mi hijo, me he permitido dejarlo aflorar más. También es verdad que he leído mucho más sobre procesos de duelo gestacional y perinatal que sobre psicología durante procesos de reproducción asistida. Como dices, el ver que era un sentimiento tan común me ha ayudado a aceptarlo.

    Un beso muy fuerte,

    Céline

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