Un séntimeinto, un momento, un dolor.

Eréndira Villavicencio nos comparte…

Tan sólo me pregunto ¿hay un término determinado para el dolor?

dueloNo lo creo, no hay límite ni tiempo que determine cuanto tiempo exactamente se debe o se tiene que sufrir, lenta y calladamente este dolor late dentro de mi corazón cada segundo de mi existencia, sonrío ante la gente cuando por dentro mi corazón sangra y no encuentra La Paz y el consuelo que realmente deseo sentir.

Vivo con esperanza pero la luz se a ido de mis ojos, la ilusión trata de anidar en mi mente pero la ausencia de un roce mata mis suplicas ante la resistencia de esa misma idea de ilusión y esperanza, mis palabras son de consuelo hueco que aún no logran penetrar en lo más profundo de mi mente y aún así una vocecita me invita a continuar, me obliga a respirar cuando tantas veces he deseado pararla por un momento y sigue ahí, ese sentimiento de dolor, de soledad sigue ahí, lo he enterrado hasta lo más profundo de mi ser por miedo a este dolor que por momentos pretende salir arrebatándome la vida en ese respirar, pero el miedo me paraliza, me impide dejar salir todo esto que tengo dentro por que no hay luz, no hay paz ni esperanza cuando de recordar se trata, no hay perdón ni excusa cuando de otorgarlo se trata y veo los días pasar, los meses acumularse, el tiempo correr y trato de darme el perdón para mi misma, otorgándoselo a quien en su momento me causo este terrible dolor pero lo triste es que muy en el fondo se que eso no es posible y hasta el sol de hoy no hay un momento del día en que no lamente ni sienta menos la pérdida de mi amada hija.

Hasta el sol de hoy, no hay palabras que me den el consuelo que necesito ni las respuestas indicadas que me digan que mi nena esta bien y en un lugar mejor, no hubo despedida, ni siquiera nos saludamos, tan sólo paso como el agua entre mis manos y supe que se marcho por que deje de sentirla, la desee feliz y libre y así mismo la entregue a la vida para serlo pero eso no me dio La Paz y la tranquilidad que debía sentir ante La Paz que debió sentir cuando dejaron de lastimar su hermoso cuerpo, tan sólo me queda el consuelo, el estúpido consuelo de saberla libre y creerla feliz y a ocho meses de su muerte, sigo buscando y pensando como pude decidir parir con esta mujer, esa fue mi desgracia!!!

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