La cobija amarilla.

Fue un 1ro. De noviembre cuando te fuiste, sin avisarme, sin despedirte; ese día tuve que desearte buenas noches y dulces sueños, cuando aún no había llegado un buenos días.

Me aferraba fuerte a mi vientre, me aferraba fuerte a ti, te pedía que te quedaras, que yo estaba creando un mundo maravilloso para ti, te dije que me moriría si decidías irte, daba mi vida a cambio de la tuya, me vi frágil en ese momento, nunca había sentido tanto miedo. Aun te podía sentir, te movías tanto que nadie creería que estabas a punto de partir, miraba al techo, tratando de que mis ruegos llegaran al cielo, le propuse un trato a Dios , le pedí que fuera a mí a quien se llevara…

De pronto te dejaste de mover, tu corazón se detuvo, el mío también. No quería que te sacaran de mí, no quería pujar, pues sabía que en ese momento tenía que darte un adiós.

La naturaleza hizo su trabajo muy a mi pesar, era mi primer momento sin ti dentro de mí. Ya no habría más pataditas, ya no habría más sueños que construir…

Sola en el hospital, miraba a tanta gente pasar, más sin en cambio mi vida se detuvo.

Cuando vi a papá no supe qué decirle, es más no hizo falta decirle algo, ni preguntarle nada, basto con mirar sus ojos, ellos me decían el profundo dolor que sentía, nos abrazamos y así, sin palabras, ese abrazo nos hizo saber lo que estábamos sintiendo.

Cuando llegue a la casa, vi tu cajita blanca, me seguí derecho, no quería verte allí dentro, no quería escuchar, ni ver a nadie, solo quería que todo fuese una pesadilla…

Después supe que tenía que verte, que sería la última vez que lo haría, y te vi, hermoso por completo, más perfecto de lo que pensaba, tan tranquilo que parecía que solo dormías, eras tan pequeñito que toda tu ropa te quedaba grande, así que papá te envolvió en una cobijita amarilla, la tuvieron que partir a la mitad porque te quedaba grande.

la cobija amarilla- foto Gabby Psije

la cobija amarilla- foto Gabby Psije

El camino al cementerio me parecía completamente irreal, era un día soleado, lo recuerdo bien, pero mi cuerpo estaba frio. Antes de que partieras comprendí todo, comprendí que tu no hubieras querido eso para ti, que no me dejaste, que nunca me hubieras dejado, que así como yo no pude hacer nada, tu tampoco pudiste hacerlo, supe que si te movías tanto, la noche anterior, fue porque luchaste, porque te aferraste a la vida, porque te aferraste a mí, tanto como yo a ti. Supe que tu partida nada tenía que ver con el amor que sentíamos por ti, ni con el que tú nos tenías.

Me despedí de ti, te mire una vez más y de pronto cerraron la cajita blanca, la fueron bajando y luego pusieron tierra, y por mi mente cruzaba la imagen de la cobijita que llevabas puesta, partida a la mitad, así estaba mi corazón, mi ser, a la mitad, como la cobija…  Una parte de mí, te la llevaste  ese día, pero una parte de ti, se quedó conmigo…

Aun después de casi dos años, guardo la mitad de la cobija amarilla y todo el amor que te tengo.

6 comentarios en “La cobija amarilla.

  1. Gabby me encanto tu escrito y la historia tan hermosa de la manta, algo que comparten tu y Elián… Nosotros les pusimos las figuras del móvil de su cuna, como eran en forma de pelotas de deportes, eran cuatro, una para Joaquín otra para Víctor y las otras dos para nosotros, son nuestros tesoros…!!! 🙂

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    • Hola Soledad, gracias por leer, es un gusto que te haya gustado, pues todo lo que escribo es para mi hijo, para ti, para todos los papás y para los angelitos, para que sepan que nunca los olvidamos!

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