A este lado de la locura

Antes de que Luna naciera sabíamos que iba a morir. Entonces nos fuimos preparando. Tuvimos tiempo. Nos preparamos para despedirla, y para guardarnos recuerdos de ella, de su vida en un cuerpo, aquí, tocable, acariciable.

Y yo, como su mamá, también me fui preparando a no sumirme a la locura. En un momento quise hacer un muñeco para llevar en una bandolera. ¿Cómo se va de panza grande a no tener nadie nuevo para acariciar? Quería un muñeco, un objeto de transición. Lo pensaba coser yo, porque no quería que para tener mi objeto de transición en la périda de mi hija tuvieran que trabajar otros niños en fábricas en países remotos por 8 céntimos la hora. Entonces lo iba a coser de algodón orgnánico con mis propias manos. Pero nunca tuve la suficiente energía como para sentarme con este proyecto.

Luna pesó 550 gramos al nacer, incluídas las mantitas que la arropaban y los higromas que no la dejaron vivir. Algunos días más tarde mi amiga, su madrina, me regaló una muñeca casera envuelta en un trozo de sábana blanca, delicada, preciosa, que había sido de la abuela de sus hijos. Pesaba 550 gramos y, como Luna, me cabía perfectamente entre la muñeca y el codo. Lloré, un arrebato de llanto, colmado de dolor, de agradecimiento, de crudeza y paz. Y la guardé en un estante.

foto de Cheli Blasco

foto de Cheli Blasco

A veces agarro mi muñequita, toda envuelta, tapadita, igual que hicimos cuando tuvimos el cuerpo de Luna, y la abrazo. La tengo en mis brazos igual que lo hice con Luna. Me raciono estos momentos. No dejo que duren mucho, ni me permito agarrar esa muñeca tantas veces como querría. Es que querría hacerlo todos los días, muchas veces. Me la ataría al cuerpo con un fular. Ese de algodón orgánico no blanqueado ni teñido que nunca llegué a comprar. Creo que hay un línea fina finita entre la cordura y ser la loca que mece a la muñeca que reemplaza a su hija. Y me quiero mantener a este lado del abismo.

Algunos días, últimamente, me planteo si capáz no estoy sintiendo la totalidad de mi tristeza. Y me aterra. ¿Me estaré reprimiendo? ¿Y si al final lo que parece un duelo sano y evolutivo está basado en esconderme, en no rendirme a las lágrimas? Capáz yo creo que estoy creciendo y viviendo y llevando el dolor de mi alma como un nuevo matiz a quien soy. Aunque capáz lo que esté haciendo es refugiarme en artilugios construidos, en escritos y fotos y dibujos y velas y globos, cuando lo que debería hacer es darle de mamar a los 550 gramos de arroz que rellenan ese calcetín blanco.

No hay pautas para este duelo. No hay fórmulas para seguir viviendo con el corazón agujereado. No estamos hechas para vivir con nuestros hijos muertos. Entonces nos lo inventamos. ¿Y si nos lo inventamos demasiado bien, tan bien que el dolor queda anesteciado? Y bueno, queridas mías, eso es lo que hago hoy. Ya mañana será otra historia. Y me conozco, sé que siempre estoy al borde de esa catarata de lágrimas que me hace presión detrás de los ojos.

Pero tengo dos hijos, de 20 y 15 kgs respectivamente, que necesitan una mamá consciente, amorosa, y preferiblemente no loca. Y me tengo a mí, con mis kilitos también, y yo estoy viva. Entonces abrazo a mi muñeca cuando de verdad lo necesito. Más que nada, para no terminar dándole teta a la media con arroz. Porque, aún en los momentos que me permito ese abrazo, no dejan de ser 550 gramos de arroz. Luna no está ahí. Ni en el frasquito de cenizas que, irónicamente, guardo al lado. Pero eso ya es otra historia.

2 comentarios en “A este lado de la locura

  1. racionar los momentos de tristeza profunda y locura… me suena conocido… justo ayer leyendo un libro me quede pensando en si voy caminando correctamente el duelo, si no me quede atorada en alguna etapa, si no se volvera patológico y si mis hijos vivos me han ayudado a mantener la cordura, me preocupa los recuerdos que vayan a tener de esta etapa…

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  2. uy… sí… ojalá q los recuerdos de estos momentos q les queden sea de una madre profundamente enamorada de todos sus hijos. una mamá q se entrega al amor, a la tristeza y a la vida. una mamá que se siente acompañada y arropado por su compañero, que encuentra alegría en sus hijos. una mamá sin miedo a sentir y a vivir. (yo, igual, por las dudas, voy ahorrando para terapeutas jaja) pero fuera de broma, creo q nos ven a veces dolidas, pero viviendo, amando, luchando. eso es la vida, no?

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