Decir adiós en Paz…

El pasado domingo 3 de noviembre Aysel. .A.C. llevo a cabo un hermoso homenaje para los que han partido donde muchos padres encendieron una vela en honor de sus hijos. 

Gío Ríos Directora de Amaren Centro de Integración Familiar fue invitada a dar una charla para la ocasión, aqui se las compartimos…

 

Decir adiós en paz.

foto de Fernanda Olguin

foto de Fernanda Olguin

 

 

 

1. Introducción.

 

Les doy las gracias por permitirme estar delante de ustedes del día de hoy. Hay una cita bíblica que dice “descálzate estás ante tierra sagrada”, y así me siento, descalza al estar ante ustedes, porque son tierra sagrada, tu eres sagrado papá, mamá, hermano, hermana… el día de hoy tu adiós es sagrado. Hoy estamos todos unidos para honrar el recuerdo de las personas que más hemos amado, para decirles que los recordamos con el corazón y que también podemos decirles adiós. El día de hoy es un momento lleno de amor, de ternura, de fuerza que sólo en unión podemos vivirlo con la fuerza que a veces no tenemos en nuestra soledad.

 

2. No hay respuesta.

 

Cuando nos acercamos a nuestros sentimientos, a nuestros recuerdos, nos salta esa pregunta que nos taladra en nuestra mente, esa pregunta que no encuentra una respuesta que nos de la paz, es ¿por qué te fuiste? ¿por qué tu? ¿POR QUÉ? Podemos tener respuestas clínicas, respuestas religiosas, respuestas de nuestras familias, amigos, pero no llenan, no calman el dolor. Nos aferramos a estás preguntas cuando en el fondo, la pregunta real, la que duele cada día al respirar es ¿POR QUÉ A MI? Por qué me encuentro hoy sin ti, por qué fue tan fugas tu paso por mi vida, por qué se apago la luz. Lo cierto es que todas estás preguntas no me dejan despedirte, no me dejan despedirme, sólo soy cachitos de mi misma intentando seguir.

 

Cada uno de nosotros estamos aquí por que no tenemos a los amores de nuestra vida, cada uno se ha marchado en diferentes circunstancias, antes de nacer, en el parto, siendo muy pequeños, en un accidente, en una enfermedad, por motivos de inseguridad… y más allá de cómo fue el hecho de su partida, no hay padre ni madre que no se pregunte ¿por qué? ¿si hubiéramos hecho algo? ¿si me hubiera cuidado de otra forma? ¿si no te hubiera dejado salir? ¿si no me hubiera dormido?

 

El hubiera es necesario sólo en la medida en que nos conecta con la realidad y nos hace conscientes de lo que vivimos para comenzar a reconstruir, el hubiera es pasado, no podemos más que contemplarlo sin aferrarnos a él… El hubiera nos duele y se vale que nos duela, ese dolor forma parte de ser personas, de ser padres, de ser madres, ¿cómo no nos va doler no tener con nosotros a un hijo? No hay palabras que hagan que no duela, cada uno debe de encontrar su camino, se vale llorar, se vale enojarse con la vida, nuestros hijos valen cada lágrima derramada; pero también valen cada sonrisa que podemos darles desde aquí, también valen cada paso adelante que damos, también valen las gracias que damos por haber pasado por nuestras vida, hoy nuestros hijos valen que estemos aquí.

 

Hoy por hoy, entre las tradiciones que hemos vivido, que sólo los mexicanos lo hacemos de una forma tan especial, hoy por hoy, recordar, homenajear, pensar en nuestros bebés, en nuestros niños, en nuestros hijos, es decir un adiós que puede ser nuestra oportunidad para vivir de forma diferente la partida de ellos, para vivir de forma diferente nuestra vida, para comenzar a vivir.

 

3. Decir adiós no es olvidar.

 

Es el momento de recoger nuestros cachitos de alma, es el momento de imaginarnos a todos los que estamos presentes tomando en nuestras manos esos cachitos de corazón para volver a armarlos. Pero sé que es mucho más fácil decirlo que hacerlo, porque hay tantas situaciones que nos aferran a este dolor que quema, que hiere, que no quisiéramos vivir y a la vez no podemos soltar.

¿Por qué no puedo soltar mi dolor para decirte adiós?

¿Por qué no puedo decirte adiós en paz?

Por que creemos que al decirte adiós, al despedirnos de ti es olvidarte. Cuando me aferro a este dolor, a este sufrimiento que no me deja respirar, que me hace vivir como autómata por la vida, es porque en el fondo es lo que tengo tuyo mi niño, mi niña, y si lo suelto ¿qué me quedará de ti?… ¿Sabes que te quedará de tu pequeño cuando sueltes el dolor?

Te quedará su RECUERDO, te quedará su amor, te quedará su sonrisa, te quedará un GRACIAS.

Un adiós no es otra cosa que vivir lo que dice esa palabra A DIOS, a Dios le dejo mi sufrimiento, mi vacío, mi tristeza para poder abrazar con ambas manos tu recuerdo, ese recuerdo que me da una sonrisa, ese recuerdo que me motiva a seguir adelante, ese recuerdo que me hace tenerte tan cerca en mi corazón pero sin el sufrimiento, tengo la espalda sin peso, tengo las manos libres, tengo las piernas agiles para contigo seguir en el camino. No será posible abrazarte en mis recuerdos si tengo las manos ocupadas en el sufrimiento.

 

Dice la canción de Alejandro Filio: Romina, si tuvieras tiempo, piensa en mí, Romina desde que estás lejos, no es sencillo ningún juego de los que aprendí para vivir.

 

Y así es.. no es sencillo vivir, no es fácil seguir jugando, no es fácil seguir caminando, no es fácil seguir respirando; sin embargo, cómo voy a pensar en ti jugando con las estrellas, sonriendo entre las nubes, queriendo ver a tus papás en paz, cuando las lagrimas me nublan la vista y las manos están cargadas de dolor.

 

El día de hoy entre todos, podemos dejar a Dios nuestro dolor y abrazar el recuerdo de nuestros hijos, esos hijos que nos cuidan, esos hijos que sonríen, esos hijos que nos motivan a seguir amando como nos amaron ellos.

 

4. Al soltar el dolor, sostengo el amor.

 

Decir adiós en paz es atrevernos (y se necesita mucha valentía) a soltar ese dolor, es abrazar su recuerdo, abrazar el amor. Es un proceso de reconstrucción de nuestra alma, de nuestro corazón.

 

Te pido el día de hoy que le des la mano a quien está a tu lado, a tu pareja, a tu hijo, a tu vecino, a otro padre que como tu extraña a su hijo y cierra por un momento los hijos y con los ojos cerrados mira la cara de tu hijo, de tu bebé, de tu chiquito o chiquita y mira su sonrisa, sólo observa el amor con el que sonríe. Hoy tu hijo te invita a que abraces ese recuerdo y para ello sueltes todo lo que no te deja abrazarle, sueltes todo lo que no permite que ver esa sonrisa en tu mente y corazón. En ese abrazo amoroso, abre los ojos y respira profundo, en ese abrazo siente la paz de caminar con su sonrisa, con su recuerdo, porque decirles adiós en paz, es no olvidar, es despedirnos del dolor y vivir con el amor, es vivir la realidad en un continúo abrazo amoroso.

 

De esta experiencia también se aprende. Se aprende a renacer, se aprende a caminar otra vez, se aprende a respirar otra vez, se aprende a llorar soltando el sufrimiento, se aprende a sonreír, se aprende a ver que en cada uno de nosotros está surgiendo una mejor persona, una persona que a través del adiós de un hijo puede dar tanto a los demás, puede mostrar con su vida un nuevo camino, puede ayudar a tantas madres, tantos padres, tantos hermanos que necesitan una luz que aún no ven.

 

El poder de volver a renacer es tuyo y es posible desde el recuerdo amoroso, desde las lagrimas que sanan no que hunden, es posible desde el paso que damos cada mañana de la mano de quienes amamos, es posible comenzar el día de hoy un nuevo camino.

 

5. Conclusión.

 

Ese nuevo camino va con tu chiquito, con tu hijo, de la mano a su recuerdo. Porque nosotros podemos seguir la vida desde la ausencia o desde la cercanía de un recuerdo hermoso.

Hoy podemos encender la luz de nuestra alma, la luz de una sonrisa, la luz de un nuevo paso para que nuestros pequeños vean que los recordamos en paz, que aquí estamos y que nos tarde o temprano volveremos con ellos pero desde un camino de amor, de paz, de felicidad.

Nunca dejaremos de ser sus padres, y si como padres queremos lo mejor para nuestros hijos, lo mejor el día de hoy para ellos es que nosotros seamos padres capaces de vivir, capaces de ser felices, capaces de estar en paz.

3 comentarios en “Decir adiós en Paz…

  1. Pingback: “Decir adiós en paz” por F. Olguin

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