Comparte: Darío vino, pero no a quedarse….

Querido mío, Justo a una semana de saber que comenzabas a dejarme, quiero escribirte esta carta para así explicarte, más o menos, qué fue lo que nos pasó.

Tu papá y yo decidimos embarcarnos en una aventura, una maravillosa y alocada aventura que era llamarte hasta lograr tenerte con nosotros. Para eso, yo decidí salir de este Santiago contaminado para así poder regalarte lo mejor de cada día con sus noches… un paisaje hermoso de tardes de mar y juegos de arena…
sa noche llenita de amor con tu papá supe exactamente que vendría y esperé por tu aviso en silencio. Unas semanas después te confirmé con un examen de sangre (debo reconocer que soy (o en buena hora, era) una real cobarde con las agujas, pero para confirmar que vendrías no me importaba y me disponía a todo…. (no sabía qué situaciones nos esperaban más tarde!!)

Ah! Olvidaba el episodio del café… una tarde, como cada tarde, me tomé mi café sin azúcar y galletitas dulces después del almuerzo, pero ese día fue diferente: desde las 16:00 hasta las 03:00 de la mañana estuviste advirtiéndome de tu presencia adentro de mí, mientras yo pensaba “o es mi hígado que murió o estoy embarazada” Bien sabía yo que era la segunda opción. Me quedó clarísimo que el café sin azúcar no era lo tuyo…1a

La tarde en la que te confirmamos fue hermosa, yo no podía más de felicidad, el pecho se me inflamó sin saber porqué y tu papá comenzó, como un loco, a difundir la noticia entre sus amigos y mi incomodidad… yo, más lenta para la reacción, ni a tus abuelos les dije nada, hasta unas semanas después.

Los primeros dos meses te portaste increíble, cada día me hacías más y más feliz, cada día te miraba al espejo imaginando cómo crecerías adentro… llenita de ansias de ti.

Al comienzo de esos dos meses comenzaste a advertirme que las cosas no iban bien, que no te sentías tan a gusto ahí adentro. Yo intentaba cada día darte el hogar más calentito y tranquilo que podía, intentaba que disfrutaras con la comida sabrosa y saludable que preparaba para nosotros, pero tú; día tras día, continuabas diciéndome que algo no te dejaba sentirte bien.

Tu papá trabajaba afuera de la ciudad donde vivimos los tres primeros meses que estuvimos juntitos y yo estaba sola con tu hermano mayor, Bas, que te habría encantado conocer, la mayor parte  del tiempo y estábamos necesitando cuidado y cariñitos especiales. Fue entonces cuando decidí traerte a Santiago y visitar un médico que nos ayudara a entender y continuar con nuestro viaje juntitos y no perdernos ninguna aventura y entregarnos sin culpas a los amores y cariños de tu abuela.

Los días y semanas y los meses seguían pasando. Yo intentaba darte  sólo amor, sólo alegrías y disfrutarte solito para mí cuando comencé a sentir tus movimientos al acostarme. Pero lamentablemente, cada día, te encargabas de indicarme que no estabas cómodo, que no te sentías bien, que algo estaba mal con nosotros.

Cuando ya llegaste a los cuatro meses dentro de mí, me encargué de confirmar si venías con calcetines rosados o celestes. La doctora me dijo que olvidara el rosado… Claro poh! Venía un hombrecito hermoso para cuidarme y protegerme el resto de mi vida. Desde ese momento comencé a mirar vitrinas y comprarte algunas pequeñas cosas para irme haciendo la idea de tu llegada.

Al llegar al quinto mes, cuando ya estabas escuchando mi voz, sintiendo los latidos de mi corazón y tragando del líquido de vida, pasó lo que tanto temía: acostada en la cama y esperando que tu papá se conectara en internet para hablar con él, se cayó todo ese líquido de vida, de luz… junto con mis sueños y esperanzas.

Salimos con tus abuelos directo a Urgencias yo sin saber muy bien qué nos estaba pasando, y tu abuela (mujer con experiencia) con la  película bien clara. Entré no sé cómo a la sala de atención primaria. Mis signos estaban bien, salvo una taquicardia debido al estrés del momento y que era de cuidado. Fue después tu turno de revisión y como el gran héroe que fuiste, ahí estaban tus latidos: fuertes y claros, avisándome que estarías conmigo por el tiempo que fuera necesario.

Me vistieron con una camisa bien chistosa y tu abuela se llevó mi ropa mojada con tu líquido de vida. Me llevaron a una gran sala muy tarde en la noche del martes 21 de enero y ahí comenzaron a inyectarme para darme los tratamientos de 1aantibióticos que nos evitaría una infección a ambos.

Estuve cinco larguísimos días en esa sala viendo cómo pasaba el tiempo, recibiendo mis medicamentos tantas veces al día que ya ni me importaba, mirando cómo otras mujeres se preparaban para la llegada de sus hijos, y yo ahí, sintiéndote mover cada vez que comía, intentando hablarte con mi corazón para que estuvieras tranquilo y nada se interpusiera en nuestro camino.
Y llegó nuestro domingo 26. Algo me decía que lo nuestro se decidiría  ese día, que no pasaríamos de esa luna sin saber qué sería de nuestras vidas.

En la hora de visitas llegó tu papá y tu abuela alborotando nuestra privada tranquilidad y a ti, claramente, la situación no te gustaba… te movías y me lo indicabas. Logramos llegar hasta el doctor quien escuchó tus latidos de héroe y decidió esperar hasta que decidieras conocerme.

A eso de las 22:30 del domingo 26 me llevaron a una sala privada donde te hacías notar cada diez, cada ocho y cada cinco o menos minutos.
Estábamos sólo tú y yo en esa sala de color lila y de grandes ventanas, estaba ese sofá negro vacío y una cuerda arriba de mi cabeza que no sirvió para nada.
Entre las 23:30 y las 00:45 ya no quisiste seguir esperando para conocerme y decidiste salir. Senti tu cuerpecito pequeño que salía de mi como un pececito ansioso de ganas de nadar, pero te quedaste ahí abajo entre la sangre y mis piernas.

Le pedí a la matrona que te subiera hasta mi pecho para conocerte,ella lo dudó por unos segundos, pero ante mi insistencia ella cedió a mi petición.

Ahí sucedió la magia, a través de tu delgada piel que lograste en las  20 semanas, pude ver tu hermoso corazón moverse y ver tu carita bella, tus orejas suaves. Te tomé tus débiles bracitos y conté cada uno de tus deditos minúsculos, moví tus delgadas piernecitas para ver tus patitas  hermosamente definidas hasta que tu corazoncito se cansó y decidiste tomar tu camino.

Aquí comienza mi historia sin ti, que no te daré la lata de contártela ahora.
Hoy, a una semana de tu llegada y pronta partida estoy aun muy triste sin ti, extraño tu peso en mi vientre, extraño tu compañía en la cama, en la cocina, en la ducha. La gente me dice que estás conmigo, que me estás cuidando… pero si la cosa debería ser al revés!!!! YO DEBERÍA ESTAR CUIDANDO DE TI!!

Aún no puedo guardar tus cositas en un lugar seguro. Sé que lo haré en algún momento… seguramente tu energía que da vueltas por aquí me indicará cuándo hacerlo.

Te guardaré y te llevaré en mi corazón, hablaré de ti con orgullo y te describiré como el héroe que fuiste por esos cinco días luchando contra todo para estar conmigo, prometo encenderte una vela cada 27 de enero para recordar la luz, la felicidad y el amor que me regalaste en esos minutos de vida que compartimos, la soplaré por ti para conmemorar esos minutos que te mantuviste pegado a mi pecho, sintiendo mi calorcito y el ahora lejano latir de mi corazón… ese que antes sentías bien fuerte y poderoso cerquita de ti.

¿Qué partecita de ti se quedó conmigo? Tu lucha, tu valentía, tu heroísmo, tus ganas de vivir.

¿Qué te llevaste? Te llevaste todo el amor que te tenía, te llevaste todos los paseos por el parque posibles, te llevaste tardes de juegos con el Bas, te llevaste besos y abrazos ricos, te llevaste miles de historias que no podré contarte.

Te quise desde el momento que supe de tu existencia en mí, te cuidé como a nadie, te protegí de cuanta mala emoción podía yo sentir, te deseé intensamente, viviste conmigo y estuvimos unidos por el corazón y por el cuerpo, eramos uno. Mi respiración era la tuya, mi vida era tu vida… no podría existir  otro vínculo más fuerte e intenso que el nuestro!

escrito por Paola Bravo.

7 comentarios en “Comparte: Darío vino, pero no a quedarse….

  1. Alguna vez leí una frase que dice “mi mas grande héroe no tiene capa, posee unas hermosas alas” mi hija también fue un Héroe (heroína) para mi. Me demostró cuan grande puede ser la obediencia, el amor y el dolor.

    Un abrazo MAMI.

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  2. Paola… Que bonito lo escribiste… Senti en mi corazon cada una de tus palabras… Es un verdadero heroe. Y nuestros angelitos se llevaron muchas cosas con ellos que nos dejo tambaleandonos en este mundo terrenal, pero su hermoso recuerdo, valentia, y lecciones que nos dejaron, nos permitiran ser fuertes padres de un angel en el cielo.

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  3. Que manera tan linda y emotiva de narrar algo tan dificil!!!! Senti tanto en mi corazon ese… “Hasta que tu corazoncito se canso y decidiste seguir tu camino” recorde cuando vivi ese mismo momento… Un abrazo!!! Y besos al cielo a nuestros angeles!!!

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