Lo hiciste muy bien

 

 

Querida mamá,

te quiero mandar un abrazo muy fuerte, porque esta tendría que ser una cartita pegada en el cuaderno de comunicaciones del cole. Sin embargo, es una carta abierta desde mi corazón de mamá en duelo, a través de nuestro blog, hacia tu corazón de mamá en duelo. Siento tener que encontrarnos acá. Pero gracias, mamá hermana, por leerme. Gracias por tenderme la mano y abrirte.

Hay algo muy importante que quiero que hablemos. Nuestra carga es doble: somos mamás, y estamos en duelo. La maternidad es eterna, y el duelo por nuestros hijos, creo yo, también lo es. Nunca los dejaremos de amar, con lo cual, nunca dejaremos de estar en duelo. El duelo es simplemente el profundo amor a nuestros hijos, amor que no tiene puerto físico, que no se traduce en abrazos y comidas especiales y regalitos sorpresa. Ese amor loco, sin besos, ese amor que no camina de la mano, ese es el duelo. Elijo estar de duelo por mi hija para siempre, porque por siempre soy su mamá, y por siempre me va a faltar de la mano. Entonces me lo permito, y sé que mi duelo es puro amor. Con este amor que es dolor, caminemos juntas.

dueloWMCon ser madres, muchas veces, viene un extraño sentimiento de culpa. Si se resfrían, si tocen, si se caen o pegan o no les gusta la fruta… siempre sentimos que es nuestra culpa, algo habremos hecho: poco pecho, o demasiado, si no fuimos exigentes es que fuimos permisivas o pesimistas o gritonas o les dimos demasiadas chocolatinas de soborno para poder hablar por teléfono con una amiga. Hay algo ahí, en el inconsciente colectivo maternal, ya sea social o fisiológico, porque la maternidad y la culpa suelen venir de la mano. Como mamás en duelo, la culpa es más difícil. Porque como dice algún refrán de la maternidad, mañana nuevamente, estará lleno de oportunidades para ser mejor mamá. Pero en la maternidad de duelo, no hay más oportunidades.

La oportunidad para tener a nuestro bebé en brazos, para besarlo y mirarle la carita con cuidado, recordando la curvatura de su naricita, acariciar esas mejillas regordotas y suaves… la oportunidad de tocar su boquita pequeña con la llema de mis dedos… un momento para olerla, para esconder la cara en su nuca y perderme en sentirla…el momento para hacernos fotos, para hacerle una huella de la mano… el momento para vivir una vida entera en un truncado minuto… ese momento ya pasó. Y la mayoría de las veces, nos quedamos con ganas de más. Tanto más. Mil millones de cosas que querríamos haber hecho, momentos robados, olvidados, desperdiciados. Oportunidades que nunca más vamos a tener. Reliquias que todos los días lamentamos no tener colgandas en la pared de casa, guardadas en la memoria, impresas en el alma, dobladitas en una caja. Momentos sagrados que nos perdimos, que desperdiciamos por cobardes, púdicas, respetuosas. Momentos que perdimos por tener miedo, por estar en shock.

Nadie quiere tener en brazos a su hijo muerto recién nacido. Lo que queremos es abrazar a nuestro bebé vivo, con olor a vida y cuerpo calentito. Un bebé muerto, primero de todo, da miedo. Muchas veces no tenemos un ratito para pensarlo, para sentir que lo queremos ver igual. Muchas de nosotras nunca vimos sus caritas. Muchas ni siquiera pudieron soplarle un beso.

Pero, queridas, les quiero decir: no importa. Nada de lo que no tenemos importa. No importa porque de tenerlo, igual no cambiaría nada. Podríamos tener un álbum lleno de fotos pero seguiríamos sin tener lo más importante: un hijo vivo, que crece a nuestro lado, que colecciona nuestros besos de madre todos los días.

Todo lo que hicimos, estuvo perfecto. Lo que no hicimos, también estuvo perfecto. Nuestros bebés están bien… llevan en su alma nuestro eterno amor. Regalémosnos un respero, aliviemos nuestra carga. Lo que hicimos y lo que no hicimos estuvo perfecto. Fue nuestra verdad. En un momento de dolor despiadado la vida frenó, y se llevó con ella la primesa más hermosa. Lo que hicimos en ese momento, lo que sentimos y elegimos, estuvo perfecto. Nada fue como querríamos que hubiera sido.

Lo que nunca nos vamos a cuestionar es el amor. Y, la verdad… el resto ¿qué importancia tiene?

Lo único que importa es el amor. Y los días, semanas, meses que nuestros pequeños vivieron dentro nuestro, donde lo único que sentían era calor, contención y amor.

Abracémosnos a eso la próxima vez que nos invada el arrepentimiento por los detalles perdidos.

6 comentarios en “Lo hiciste muy bien

  1. me hiso llorar como quisiera tenr ese bebe en mis manos a mi pqueño paquito, esos besos que se quedaon solo en pensamientos, yo tampoco lo conoci, cuando desperte ya s elo habian llevado, s papi si lo conocio y me dijo que era igaulito a mi asi identico como me duele todo esto, creo que nunca regresara la misma sonrisa que tenia ni la felicidad ni nada, es lo peor que le pueda pasara a alguien lo unico que tenemos es darles su lugar como nuestro primer bebe que tenemos un hijo en el cielo y que siempre estara en nuestro corazon.

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  2. Gran tristeza invade mi alma, mi corazón llora todo el día aunque muchas veces yo no pueda derramar una sola gota de lágrima ya sea x q no quiera q mi hijo me vea llorar y el se ponga muy triste pues a el igual le duele no tener a su hermanita cerca, o por q no quiera q nadie me vea y me comience a decir q ya lo superé… Es un profundo dolor q no lo cura nada. Hoy recordé el momento en el q mi esposo entro a la habitación del hospital y me dijo: la perdimos! Y se recostó sobre mi para llorar y abrazarme fuertemente. Creía q todo había salido bien al momento de nacer, pues lloro y todo indicaba estar fuera de peligro. Yo si la vi y la besé, ya después todo dio un giro y la gran felicidad se había convertido en una horrible pesadilla. Nunca sera lo mismo aunque se me dibuje una sonrisa en la cara de vez en cuando, pues la felicidad para mi ya no existe…
    Saludos y abrazos.

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  3. Muchas gracias, Cheli, por tus bonitas palabras… Si, el amor va a estar para siempre, y el dolor también… Cuantas veces me he dicho que Yanua estar mucho mejor en dónde está ahora…pero parece que cada día le extraño más aquí… si, quiero tenerla en mis brazos, besarla, verla crecer con su hermano mayor…Y, si, cuanto me arrepiento no haber vivido el embarazo más consciente, siempre pensando en el tiempo después del parto, pensando que todo estaba bien, trabajando demasiado…y del tiempo cuando ella estuvo en cuidados intensivos, y cuando estuvo muerta… pero como dices, hemos hecho lo mejor que pudimos en este tiempo, lleno de dolor y desesperación… y no hay como ir atrás, solo mandarles a neutros queridos hijos e hijas nuestro inmenso amor….
    Un abrazo a todas,
    Corinna

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  4. Uf…. ya cuando leí que esta cartita debería ser la que viene pegada en el cuaderno del cole me largué a llorar ♥ siempre las palabras más amorosas y justas cheli.. gracias por la vaciada de pucherito jaja 😉

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  5. Cheli, justas palabras que ya me habias dicho… recorde a mi hija… esa niña que me dio las 30 semanas mas hermosas… no fue latosa.. era bien portada… se movía mucho… era entusiasta… siempre seremos madres en duelo, no hay mejor manera de decirlo. Eso no significa que estaremis tristes. Mas bien es nueva manera de vivir.. no es olvidar es recordar con el dolor menor posible… es vivir y mostrarle a mi hija que no soy una Madre perfecta pero su estancia en este mundo hizo perfecto esos instantes. .. gracias por estas hermosas palabras… un beso enorme Cheli

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