Nuestro grupo de apoyo

Una vez al mes voy a un grupo de apoyo presencial para hablar de Lunita y para escuchar a las mamás y papás de sus compañeritos.

Me acuerdo de mi primer día en el grupo. Me senté al lado de una mamá que, casualmente, había perdido a su hija una semana antes que yo. Ahí estábamos las dos, todavía sin siquiera cumplir el primer mes de duelo. Frescas, nuevitas, sangrando.

Me acuerdo pensar que yo estaba tan fuerte. Tenía todo tan claro, estaba tan centrada.

Lo primero que comenté con mi compi de al lado fue lo inesperado que me parecía encontrar tanta gente en el grupo. “Sí!”, me dijo ella, reflejando la misma grata sorpresa que yo. Hasta que nos dimos cuenta que a todos nos traían hijos que habían muerto. Pusimos esa cara de tristeza y comprensión y miramos la moqueta celeste.

Cuando fue mi turno me presenté. No íbamos en ronda, pero yo soy muy cancherita, así que me voluntarié “yo soy Cheli, vengo por mi hija Luna”. Fue todo lo que dije. Lloré como no me había imaginado que haría en público. No fue tristeza, no fue dolor. Fue estar en un círculo, recién parida, puérpera perdida, y tan sola sin mi hija. Lloré callada y discreta. Pero tuve un brazo amigo alrededor de mis hombros por el resto de la hora. Gracias eternas a ese brazo amigo que no se cansó de sostenerme.

Ahora, 9 meses más tarde, sigo yendo al grupo de apoyo. Voy para hablar de Luna. Voy para escuchar de los otros chiquitos de su camada. Una vez al mes me reuno con desconocidos porque me lleva mi hija. Solo que ya no son desconocidos, son compañeros de camino. En este lugar sagrado nos permitimos compartir secretos del duelo, pequeños rituales de amor que hacemos para nuestros hijos, momentos diarios de recuerdo y cariño, escenas del maternaje en la muerte. Estas cosas que nos contamos, nos las decimos con alegría, aliviadas de encontrar otra mamá con quien caminar, con quien compartir el aprendizaje que es maternar en la muerte.

Este es mi nuevo grupo de crianza. Aprendemos unas de otras. Nos acompañamos, nos damos fuerza. Y vamos, de a poquito, tejiendo esta red de apoyo. Que si para criar a un hijo hace falta una tribu, para criar en el duelo, también. Nos tenemos las unas a las otras para saber que no estamos solas. Una vez al mes creamos un espacio alrededor del amor y el dolor. Es un momento sagrado donde podemos ser “la mamá de ese-nombre-precioso-que-digo-tanto-menos-de-lo-que-habría-querido”. También es un momento sagrado donde volvemos a ser nosotras mismas, y no “la pobre del cuarto que perdió al hijo”.

En este grupo estamos en toda nuestra complejidad. Locura, amor y sanación al despliegue.

No juzgamos quienes somos. No juzgamos quienes fuimos.

Traemos Kleenex.

Sabemos los nombres de los otros hijitos.

Y vamos, de a poquito, sanando juntos.

6 comentarios en “Nuestro grupo de apoyo

  1. ¡Qué emotivo, Cheli! Estos días estaba pensando en el “ojalá no nos hubiéramos conocido”, pero he pensado que gracias a mi hija Maia he conocido gente maravillosa, mamás y papás valientes que siguen caminando tras el hachazo que la vida nos ha dado. Y la ternura que flota en el ambiente de las reuniones es tan especial….

    ¡¡Un abrazo enorme!!

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  2. Que bueno es disponer de ese brazo amig, de ese hombro, de esa mirada, de esa escucha…. y permitirse cada cual ser quien es, con toda la complejidad y simplicidad. Un abrazo de luz para ti que seguro también le llega a Luna y a sus compañer@s de viaje.

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  3. Cheli. Que precioso lo que has escrito. Comparto contigo lo que dices y no hubiera podido decirlo mejor. Yo tambien he conocido como cualquier otra madre a los compañeros de mis hijos, y a sus padres, y he encontado el sitio donde traerlos un domingo mes. Gracias a tod@s el camino ha sido mejor en compañia, el grupo lo ha hecho posible.

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  4. cheli preciosa pude imaginar ese primer día tuyo en en tu grupo de apoyo… yo no tengo un geupo presencial pero las tengo a ustdes las escritoras, mis amigas de Mirar al cielo… abrazo y aun que la muerte de nuestros hijos nos conecto, es un honor conocerte….

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  5. Cheli, soy Lourdes y mi pequeño gran guerrero Gabriel, con hoy 20 días que me dejo sin él me siento perdida, me hizo tan feliz como nunca imagine y le echo mucho, mucho de menos.

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    • Lourdes, lo siento tanto tanto que tu hermoso Gabriel no se haya podido quedar. Claro que te sientes perdida. Creo que toda la vida, cada instante, los echaremos de menos. te mando un fuerte abrazo, comadre.

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