Duelo y pareja

Dicen que los hombres hacen su duelo de manera diferente a la nuestra.

Nadie sabe por qué. Ni siquiera ellos mismo lo saben.

Después de perder un hijo, la vida cambia. Todo es diferente: las prioridades, el ritmo de la vida misma es otro. Vos, la mamá, sos otra, desde lo más adentro, pasando por cada capa de tu ser. No pasa un solo momento que, de alguna forma, ese hijo que perdiste no esté en tu mente, que no habite tu alma, que no esté el eco de su escencia en tus palabras.

De cierta forma, no hemos perdido solamente un hijo, un amado e irremplasable hijo, sino que también nos perdimos de una vida entera. Como un libro de “elije tu propia aventura”, nos perdimos toda una historia, nos perdimos la posibilidad de un perfecto final feliz por un pequeño acontecimiento que no debería ni existir: la muerte de nuestro hijo.

De alguna forma, cada día encontramos la fuerza y la valentía para vivir una vida. Aún en esos días que no queremos, inventamos la forma de respirar, inhalando y exhalando todo el día, nos forzamos a salir de la cama, a cocinar y trabajar y existir en un mundo que no necesariamente sabe de nuestro hijo porque, para ser francos, nadie lo puede ver. Es una maternidad triste y valiente, esta de las mamás de un hijo que ha muerto. Es como si el latido de tu corazón fuera a un ritmo un poquititio distinto que los otros corazones, porque todo ese amor que no tiene dónde ir ha cambiado todo lo que teóricamente era normal en vos. Seguro que técnica y científicamente, los corazones en duelo laten igual que el resto. Pero sí que se siente como que algo importante, algo vital de tu ser está descentrado. Como si todo ese amor que no encuentra al hijo que necesita besar hiciera que todo lo que debería ser típico y normal de vos quedara por siempre alterado. Es un trabajo difícil, este de ser mamá en duelo, de ir por el mundo con el corazón alterado.

Y luego están nuestras parejas. Nuestros matrimonios. El padre. El que no sintió a este maravilloso ser crecer dentro suyo, que no tuvo el honor, el inmenso palcer de sentir su propio cuerpo cambiar por siempre proque nuestro pequeño creció dentro. El padre que no tuvo el lujo de parir a nuestro precioso hijito.

Aunque también, gracias a una mamá que me compartió su sentir, estoy llegando a la conclusión de que el cuerpo cambia y late con nuestro hijo lo hayamos gestado o no, lo hayamos parido o no. Hay algo escencial, una escencia maternal que tenemos las mamás, que va más allá de lo físcio. Algo que se anida en nuestra alma y de ahí irradia a cada fibra de nuestro cuerpo por el solo hecho de ser mamás. Hayamos llevado a nuestro hijo en el vientre o lo hayamos recibido directamente al alma y a los brazos.

¿Y los hombres? Quizás sea por ser hombres.

Porque nosotras, las mamás, tenemos nuestros pequeños rituales. Esas cosas que hacemos, cada día, que necesitamos hacer para maternar a nuestros hijos. Yo lo hago en voz alta, a viva voz desde los tejados del mundo. Necesito escribir, hablar, necesito mi círculo de duelo, necesito colgar fotos por toda la casa. Necesito mis collares y mis pulseras con lunitas, necesito soplarle besos a mi hija en la naturaleza. Necesito “capturar mi duelo”.

Los hombres… no tanto. La mayoría, no lo necesitan.

El duelo polariza. A veces quizás sentimos que ellos no se involucran, que les importa menos. Y porque él no hace un banderín, y aún cuando su única tarea es colgarlo, aún así se lo tengo que decir cinco veces y solo lo hace porque se lo dije cinco veces – ahí siento que no le importante tanto. Como si su vida siguiera casi igual que antes. Parece como si se pudiera levantar por la mañana y seguir su día y quizás ver una mariposa que pareciera que se reposa un instante tan solo para vos, y a él no se le escapa una lágrima porque quizás esa mariposa no significó más que cualquier otro insecto para él y estoy segura de que todas las mamás leyendo esto saben que la mariposa fue un besito, un regalo, una conección hermosa entre mi hijita y yo.

Pero los hombres. Los hombres no pintan demasiados corazones. No coleccionan caracolas o secan flores o prenden velas o escriben los nombres de nuestros hijos, tal como hubieran quedado escritos rápidamente, sin cuidado, al lado de “sacar turno dentista” o algo sin importancia pero tan eternamente imposible.

Para mí y mi compañero, ahí es cuando empiezan las peleas. Las acusaciones de ¿porqué no decís su nombre si no lo digo yo primero? ¿Por qué no te importa? ¿Por qué no le escribís cartitas o una canción? ¿Por qué no te sentás a hacer manualidades conmigo?

Después de los gritos, casi siempre, viene el llanto.

Y los hombres, al menos el mío, él también llora.

Porque la verdad es que él también piensa en Luna. Todo, todito, todo el tiempo. Pero para él, es algo privado. Él no necesita contármelo (por qué?! Por qué no me lo contás?!?!!). A veces, simplemente, no necesita contármelo. Pero tantas cosas en su día, aparentemente, le recuerdan y conectan con su hija. Solo que son momentos privados.

Y lo tengo que aceptar.

Tengo que aceptar que su corazón de padre y mi corazón de madre funcionan distinto.

Y aunque los aniversarios no lo destuyen y no lo pisotean hasta que no puede ni respirar, hasta que las lágrimas arden y queman sus ojos – él vive su duelo.

Y es un duelo perfecto, porque es suyo y está lleno de amor. Porque su hija ha muerto.

Aunque no prenda ni una sola velita.

"El último abrazo" de Olga Marciano

“El último abrazo” de Olga Marciano

 

*Este post fue publicado originalmente en inglés en la revista StillStandingmag.com

11 comentarios en “Duelo y pareja

  1. ¡Qué bonito texto!

    Es verdad que ellos lo viven de manera distinta. Sienten diferente, pero eso no significa que sientan menos o que amen menos. Mi marido me demuestra todos los días que es un padrazo, aunque fui yo quien llevé a Maia en mi vientre. Pero sé que él, a su manera, conecta con ella todos los días. Es el compañero ideal y sé que algún día será el padre ideal de un bebé “táctil”, como dice una buena amiga.

    Me gusta

  2. Gracias Cheli por compartir, sabes es cierto, aun cuando yo no estoy con el padre de mi hija el no va seguido como yo a visitar el lugar donde anida su cuerpo, pues solo cuando tiene esa inmensa necesidad, cuando no puede mas, cuando tiene ganas de llorar sin que sea visto como debilidad va, y lo sana, el no habla demasiado de ella, pero se que muchas cosas le recuerdan a nuestra hija y que su duelo por mas que quisiera que lo elaboráramos juntos no puede ser, cada uno lleva un duelo distinto aun siendo para la misma hermosura de persona porque cada uno es distinto. Amo cada detalle que le hace a nuestra hija y eso los haces especiales. Que hermoso lo de que se aparezca algo extraño y sepas que te lo ha mandado tu hija, Mi hija colecciona caracoles, sabes porque? dicen que es por la época de lluvia pero no en todas las tumbas se ven, en la de mi hija tanto en las flores como en su nicho hay muchísimos de todos los tamaños y colores, y siempre ha habido aun cuando hay mucho calor, en esta semana encontré uno en mi casa y jamás en la vida se había visto en casa, fuera en el patio en la calle si, pero dentro jamás y al verlo solo dije hola mi amor, mira donde andas dejando tus juguetes, es algo que muchos no entienden, pero no necesito que lo hagan se que son para mi…

    Un abrazo Mami

    Me gusta

    • crys… no sabés qué fuerte. yo vivo en madrid, y acá nunca veo caracoles. jamás. (no como en bs as… q le lluvia los trae a miles!). leí tu comentario en el móvil, entrando a tomar un café con una mamá. al salir caminamos por un puentecito, y a su lado… había un caracol!!!!!!!!!!! me entró una felicidad enorme… mira tu hija, dejando sus juguetes por mi rincón del mundo, haciéndome saber del amor tan grande q se tienen uds dos… te juro, me quedé maravillada. que personita tan potente!!!

      Le gusta a 1 persona

      • wooo mira que Luna y Helena andan jugueteando por eso te llego ese caracol, te voy a enseñar como es que se plaga de caracoles, subiré unas fotos y te etiquetare para que veas que aunque solo se ven pocos le saco mas de 50.
        Un abrazote Mami

        Le gusta a 1 persona

  3. Cheli, qué bonito escribes y cómo de identificada me siento con tus sentimientos de mamá, y que bien lo expresas. Tus poesias para Lunita se las leo siempre Martina y me ayudan tanto. Muchas gracias! Ana

    Me gusta

  4. Cheli, qué bonito escribes y cómo de identificada me siento con tus sentimientos de mamá, y que bien lo expresas. Tus poesias para Lunita se las leo siempre a Martina y me ayudan tanto. Muchas gracias! Ana

    Me gusta

  5. es algo complicado entender a los hombres, asi como lo mismo debe de pensar mi esposomde mi, que es complicado entender que despues de un año y nueve meses hay dias que llore como el primer dia, o que tenga que tener fotos, prender velas o hacer pasteles de cumpleaños aun que no esten… A veces, muy a la larga deja sacar destellitos de su duelo y su dolor y me siento especial de que quiera compartirlos, ya pasamos por los pleitos y huyyyy fueron muchos, ya aceptamos nuestras formas de llevarlo uno del otro, pero esos instantes en que podemos compartirlo juntos son lo mas hermoso, como si Joaquin y Victor nos hicieran hacerlo…. hermoso escrito Cheli como siempre! abrazo a la distancia!!!

    Me gusta

  6. Cheli, qué grande eres. Cuánto me enseñas con tus palabras. El corazón se me hincha y encoje… Es que las mujeres somos de Venus y los hombres de Marte, no hay remedio, somos tan distintos. A veces nuestros sentimientos se encuentran, pero solo a veces…

    Me gusta

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

w

Conectando a %s