Él tiene su corazón en la tierra, ella en el cielo…

Hombres y mujeres somos diferentes, sentimos diferente, tenemos duelos diferentes. Hoy día, desde la distancia que crea el tiempo, puedo verlo diferente a como lo viví entonces, puedo entenderlo y respetarlo mejor, lo que entonces a veces me costaba asimilar hoy lo puedo digerir mejor.

Me hubiese encantado que él escribiese parte de este texto, pero no he osado pedírselo, sé que lo haría por mi, pero seguramente no por él.

Vayamos al principio de los tiempos, cuando todo era felicidad e ilusión. Durante el embarazo él se fue adaptando poco a poco a la situación, yo estaba adaptada desde que decidimos ir a buscar nuestro primer hijo. Para él era poco real, tenía que esperar que yo dijese “mira, toca aquí!”, para que él notara a su hijo, yo no necesitaba nada, lo notaba constantemente. También se llenó de ilusión, aunque al principio le podían más los miedos. Le hablaba a través de mi ombligo, le cantaba…, él tampoco sospechaba lo que podía pasar…

Aquél lunes fuimos juntos de urgencias, me ingresaron y seguíamos llenos de ingenuidad, a pesar de la gravedad que suponía, recuerdo mis palabras “te das cuenta que como mucho el viernes seremos padres?”, como me gustaría borrar esa frase de mi memoria, en sólo unas poquísimas horas seríamos padres, pero no con la alegría con la que había pronunciado esas palabras. Cuando hubo que salir corriendo él quedó atrás, todo fue tan precipitado que no pudo ni seguir mi camilla, en el ascensor ya no estaba conmigo, imagino en el estado que se quedó, con todas las dudas posibles y más miedos aún, yo lloraba por la vida mi hijo, suplicaba que lo salvaran a él; él temía por mi.

Cuando todo había acabado (o cuando todo acababa de empezar), tuvo el gesto más bonito que creo que nunca podrá tener hacia mi, mientras yo estaba con los efectos de la anestesia invitaron a nuestras familias a conocer mi pequeñín, los que tuvieron fortaleza ese momento lo hicieron, mi marido no quiso, prefirió conocerlo conmigo, vivir ese primer (y último) encuentro a mi lado, y si yo no quería verlo ya lo vería él solo; cuando nos reunimos los tres en aquel cuartito respetó mi momento, y me regaló el suyo, se mantuvo a mi lado pero sin explotar la burbuja que se había creado entorno a mi hijo y a mi…

Como sigue la historia? pues él dedicó su vida a mi, siempre dispuesto a escucharme, siempre abrazándome en mis lágrimas, sin frenarlas. Al principio él lloraba igual que yo, pero enseguida dejó de hacerlo, sólo alguna vez caía y me decía “no me hagas llorar”, Ahí empezamos a diferenciarnos, yo necesitaba llorar a mares, él necesitaba la sequía, yo sólo pensaba y hablaba de lo ocurrido, él sólo escuchaba, nunca hablaba. Miles de conversaciones teníamos porque yo necesitaba que él llorara conmigo y él me decía que si no pensaba no dolía, y es que para mi el dolor era amor, y él huía del dolor, teníamos diferentes maneras de intentar superarlo y a mi me costaba muchas veces entenderlo.

El tiempo siguió pasando, y creamos nuestra vida nueva, diferente a la que hubiese sido, conseguimos llenarla de felicidad, yo había llenado todo de la presencia de mi hijo, él lo tenía encerradito muy dentro. Cuando yo tenía esos días en los que todo te puede y vuelven todas las lágrimas era él el que no me entendía a mi “pero porque piensas? no ves lo mal que lo pasas?”, yo intentaba explicarle que no lo pasaba mal, que el llanto más desgarrador se convierte en la más agradable de las calmas, que para mi llorar por mi hijo no era malo, era sacar un poco de ese amor encerrado, ya que no podía darle mil besos le daba mil lágrimas, y que me sentía bien! el recuerdo de mi hijo para mi era el más bonito de mis recuerdos!, para él era reabrir una herida…

Los años han seguido pasando y los dos hemos ido cambiando, yo hablo a mis hijas vivas con toda naturalidad de su hermano mayor, ellas hablan igual de él, él sigue sin hablar, aunque alguna vez le he oído nombrárselo a nuestras hijas, me ha sorprendido, pero no he dicho nada, solo he sonreído, yo lloro mucho menos, no porque no tenga ganas, hay veces que no se puede frenar, pero otras siento que pongo patas arriba su espacio, si a él no le apetece “sentirse mal” me apena y me lo guardo para mi.

El otro día, en el cuarto cumpleaños de mi hija pequeña, a mi se me removieron muchas cosas, el día había empezado mal, me despertó una sensación, la misma que había sentido en el corazón en el momento que me sacaban mi bebé apresuradamente para reanimarlo, de ahí a preparar un cumpleaños, con ese pensamiento de todo lo que no había hecho con él, y claro, mi marido me lo notó, yo no le expliqué porque estaba así pero sí por quien, y me dijo algo  que me molestó muchísimo (ahora ni siquiera recuerdo las palabras), sonaba a que para él no era lo mismo nuestro hijo que para mi, no puedo negar que me puse fatal, pero entonces él me explicó algo, algo que  me demostró que él también piensa a veces, aunque se lo calle, y que para él todo fue diferente, también perdió un hijo pero sufrió más porque me perdía a mi, me explicó que había estado pensando que pasaría si se muriese una de nuestras hijas, me dijo que se moriría, y que al pensar eso había comprendido como me sentía yo, que para mí mi niño era tan real como ellas, lo había tenido dentro, lo había notado, había volcado mi vida en él, él no, él no lo había conocido, para él había sido como un sueño un poco. Por primera vez, me hacía sentir que podía ponerse en mi pellejo y me explicaba como sentía él tanto tiempo después…

Y aquí seguimos, con nuestra vida y nuestras diferencias, los dos perdimos un hijo, los dos lo hemos llorado, a los dos nos duele, tan sólo lo llevamos de maneras diferentes y en caminos a veces diferentes, aunque siempre paralelos.

Y para mi esa frase nueva que sé que tampoco olvidaré jamás “si se muere una de las niñas yo me muero, ahora sé como te sientes tú…”

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4 comentarios en “Él tiene su corazón en la tierra, ella en el cielo…

  1. Mi comentario anterior se fue sin terminar de escribir. Pero wooo que momentos tan duros, es cierto ellos son distintos pero aman a sus hijos y no saben como demostrarlo.

    Gracias Emma..

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  2. Emma que hermoso has detallado todo, me hiciste revivir los mismos pensamientos que rondaban mi cabeza al momento de la corredera en el hospital, al momento de ver juntos a nuestro bebe, pero mi tiempo es tan corto, que espero que un día mi historia se parezca a la tuya, con tus hijitas terrenales. Un abrazo

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  3. Tienes razón… algo que no había pensado. No le puedo dar besos, pero le doy lagrimas. y es la manera de sacar tanto amor que guardo dentro de mi. Te leo y te entiendo. Saludos

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