Mi corazón es tuyo

Por un instante amor mío
Haz tu fortaleza a un lado
Sincérate
Se débil amor,
saca tu dolor
Yo sé que lo necesitas
Sé que te duele
tanto o igual que a mi,
la muerte de nuestro hijito
No temas amor
Cuando tu flaquees
Yo te fortaleceré
Como lo has hecho tú conmigo
Mi corazón es tuyo
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4 comentarios en “Mi corazón es tuyo

  1. Hoy tengo ganas de escribir, de hacer un pequeño homenaje a mi Manolito, mi marido.

    Hace tan sólo dos semanas, he perdido a mis dos angelitos, 19 semanas tenía mi pequeña María cuando se fue y 20 semanas mi Pedrito. Mis dos ángeles. Y aún duele.

    Pero de quien quiero hablar es de él, mi pareja, el amor de mi vida.

    Sé que aún estoy en la etapa de duelo y me duele la pérdida de mis niños y aún soy incapaz de sacar lo positivo de esta experiencia tan devastadora. Aún vivo la etapa de la culpa y el de preguntarme constantemente, ¿por qué?

    Sin embargo, él ha estado allí. Cuando me inundan los recuerdos de tanto dolor, también lo veo a él. Veo su entereza, su entrega, su generosidad, y sobre todo su gran amor por mí. No creí que alguien pudiera volver a enamorarse de su pareja otra vez, pero sí, eso sucede. A mí me pasó. Él no es muy afectuoso, y quizás en nuestra relación algunas veces yo echaba de menos eso, pero ahora sé que estaba equivocada. Salvo mis padres, no puede amarme nadie más como él.

    Mi corazón se llena de ternura al recordarnos en casa cuando empecé mi embarazo y lo llevé tan mal porque sufrí hiperémesis gravídica, que convirtió algo tan bonito como un embarazo, en la peor pesadilla de mi vida. Él me acompañó en cada minuto y cada segundo de esta difícil etapa, estuvo allí para ayudarme, para consolarme, para darme fuerzas. Recuerdo la firmeza de su mano, cuando vomitaba tantas veces al día y sentía morirme. Recuerdo cuando me arropaba en la cama porque tenía tales migrañas que me dejaban sin fuerzas y queriendo morirme. Recuerdo nuestras decenas de visitas a urgencias porque yo sangraba y corríamos a asegurarnos que todo iba bien. Recuerdo los ánimos que me daba para que comiera, sus mil preguntas para ver qué se me antojaba comer y que mi estómago lo pudiera sostener sin vomitarlo. Recuerdo que él llevara toda la intendencia de la casa, cuando estuve estos cinco meses de embarazo prácticamente en la cama. Recuerdo todas las visitas a los médicos acompañada de su mano. Recuerdo tanto sus ganas de hacerme reír cuando nos obligábamos a salir a pasear para que a mi no me entrara una depresión y yo apenas sonreía de lo mal que me encontraba físicamente y de las tantas veces que vomitaba en la calle o al lado de un árbol. Siempre siempre recuerdo esas manos, esos abrazos, ese sostén que supo ser para mí. Lo dio todo y más sin un mal gesto, o una mala palabra, con una paciencia infinita que hoy se me caen las lágrimas mientras lo voy contando.

    Y la segunda parte de esa entrega y amor, vino en esas casi dos semanas en el hospital, él sosteniéndome siempre, bañándome porque tenía indicación de reposo absoluto, limpiándome, ayudándome a comer, corriendo a comprar una mini tele para que yo tuviera entretenimiento. Él despertándose una y más veces de madrugada para alcanzarme la cuña y yo pudiera orinar. Él allí abrazándome y pasando su mano por mi pelo cuando rompí a llorar tantas veces desconsolada, primero cuando murió nuestra pequeña María y luego cuando tuve que soportar los dolores del parto para parir a nuestro pequeño Pedro y otras tantas veces. Su mano, esa mano, que me acompañó siempre fue como un bálsamo en medio de tanto dolor injustificado.

    Y siempre me digo en estos días, Dios no me habrá dado la dicha de ser madre, ni sé si algún día lo seré, pero tengo el mejor esposo que cualquiera pueda desear.

    Estos días al verlo dormir en el sofá mientras miramos la tele, no puedo evitar dejar de mirarle y que me inunde un infinito amor que me llena de ternura el alma. Cuando nos vamos a dormir le abrazo con tal fuerza que quiero transmitirle el inmenso amor que siento por él.

    Gracias amor de mi vida, por estar conmigo, por ser mi sostén, por haberme apoyado en estos meses tan duros, por haber limpiado mis lágrimas, por tu fortaleza y sobre todo por tu amor. Sé, cariño mío, que a ti te dolió igual mi sufrimiento y luego la pérdida de nuestros niños, sé que lloraste por dentro y no te permites derrumbarte o estar triste por mí.

    Mi cielo, te amo y mucho ¿sabes? y sé que nuestros niños estarían orgullosos de tener un padre como tú. Y sé que ahora nos miran desde el cielo sonriendo felices porque nos tenemos el uno al otro.

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    • Mary
      Que hermoso su amor
      Elegimos a buenos hombres el complemento perfecto para no morir en esos días de tanto dolor… Y claro que uno se vuelve a enamorar cuando meditas todo lo vivido, todo lo transitado, un abrazo fuerte para ti y tu amor y a tus bebés besitos al cielo

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