Yo sobreviví… y ésto aprendí en el camino #sobrevivi

SobrevivienteYo sobreviví al evento más traumático que puede pasarle a alguien. Aún me sorprende a veces como ha sido ésto posible.

Vi cara a cara a la muerte y a pesar de todo, pude seguir con mi vida; no sin antes replantearme muchas cosas en el camino, por supuesto y maravillarme ante el hecho de que, después de tantas caídas, pude volver a mirar hacia el futuro sin culpa y sin temor.

Todo empezó en 2010. No, antes, a finales de 2009, cuando supe que estaba esperando a María. Y continúa el día de hoy, pero de un modo distinto.

Este ha sido un viaje muy duro de recorrer. Pero en verdad, como ustedes saben, no estoy revelando nada nuevo o difícil de imaginar.

El principio es bien conocido por todos aquellos que han pasado por una experiencia similar, y me atrevería incluso a decir que hasta universal: la angustia, el miedo al futuro, el vacío, el sin sentido de la vida, el enojo, la infinita tristeza.

Pero hoy no es eso precisamente de lo que quiero hablar, ni tampoco de las preguntas que se nos quedan sin respuesta, sino de las certezas que ahora, como una sobreviviente, y después de más de 4 años de andar este camino, tengo por fin.

La primera de estas certezas no fue fácil de dilucidar, pero hoy a la distancia puedo verla ( y con ella vienen aparejadas muchas enseñanzas ):

En verdad no creo que mi hija haya venido al mundo a cumplir una misión. Me niego a pensar que ella tuviera que morir para que yo aprendiera algo. Más bien creo que aprendí muchas cosas a raíz de su partida, a pesar de ésta.

Aprendí disfrutar las etapas de la vida, duren lo que duren. A no dar nada por sentado. A ser más empática con el sufrimiento humano.

A no decir nada a la ligera, nunca sabes a quien puedes herir con un comentario irreflexivo. Aprendí que la vida puede sorprenderte de mala manera y aun así puedes volver a levantarte e incluso volver a tener ganas de vivir. Exactamente como cualquier sobreviviente.

Aprendí lo fuerte que puedo ser y antes no sabía que era. Y que las pequeñas cosas de la cotidianidad ( un café en la mañana, escuchar con atención la lluvia caer fuera de mi ventana, el canto de los pájaros en el jardín ) ayudan mucho a sanar un alma hecha pedazos.

Aprendí a reconocer a los verdaderos amigos y a la gente con la que de veras cuento de la que no vale ni un minuto más de mi pensamiento.

Otra de las certezas que encontré por el camino de mi duelo, es que la muerte de María, mi hija menor fue un terrible infortunio, no una lección ni un castigo. ¿Para que buscarle 5 pies al gato? Ya fue suficiente haberla perdido como para además culparme por ello.

Ella venía al mundo a lo que vienen todos los seres humanos: ¿a qué? No lo sé realmente, así como no se a que vine ni yo ni la humanidad entera.

No sé a que habría venido mi niña ni cual hubiera sido su destino de haberse quedado conmigo, pero sí sé que a bien seguro habría llenado mi vida de risas, ternura, amor y también muchos desvelos y preocupaciones. Como su hermano mayor.

Como dije antes, no voy a hablarles de todo lo que he pasado a través de este camino que es como una montaña rusa, lleno de espinas, pedregoso, que desciende hasta  precipicios profundísimos y obstáculos casi imposibles de sortear, porque se muy bien que mi camino ha sido también el suyo y saben cuanto duele transitar por ahí. O lo están lamentablemente descubriendo.

Hoy solo quiero decirles que ese rumor que se escucha por ahí es cierto: hay una luz al final del oscuro túnel, cálida y llena de esperanzas y yo por fin pude llegar a ella. Y si yo pude, después de estos 4 años, ( aunque al principio parecía imposible ) ustedes también. No decaigan, tomen de la mano el recuerdo de su ángel y sigan andando. Tarde o temprano, saldrá el sol nuevamente sobre su alma dolorida. Y la vida los estará esperando ahí, para pintarles nuevamente una sonrisa carente de culpa.

4 comentarios en “Yo sobreviví… y ésto aprendí en el camino #sobrevivi

  1. Coincido en sentimiento, acaba de cumplirse un año de la partida de Sebastián y el leerte me sirve para confirmar que no estoy sola, que lo que siento y pienso no es erróneo. Abrazos.

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  2. Muchas gracias por tus palabras y la esperanza que dan. La semana que viene es el primer cumpleaños de nuestra hija menor, Yanua, y dos semanas después el aniversario de su partida… Y siento igual que tú cuando dices “sé que a bien seguro habría llenado mi vida de risas, ternura, amor y también muchos desvelos y preocupaciones. Como su hermano mayor.” Estas semanas parecen aún más difíciles… Ojalá con el tiempo aparece la luz al final de túnel.
    Un abrazo,
    Corinna

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