Receta para curar un corazón roto

recetaPues estas son las malas noticias. A pesar de lo que el título sugiere, lo siento, no hay recetas. Ojalá existieran, así los días en que uno parece enloquecer de dolor no tendrían cabida en la recuperación de unos padres que tienen el corazón en llamas.

Cuando la vida nos golpea de tan terrible modo, no tenemos cabeza más que para lamentarnos de nuestra perdida. El mundo que habíamos soñado, el mundo tal como lo conocíamos, junto con la inocencia de la dulce espera, se nos cayó a pedazos.

Todo nos duele, física y mentalmente, pero sobre todo nos duele el alma.

Y ¿Cómo no va a dolernos si quedó fragmentada, rota?

Cuando somos ” afortunadas”  ( si es que cabe la expresión ) las secuelas físicas pasan relativamente pronto, pero las secuelas del corazón siguen durante mucho, mucho tiempo. En mi caso así fue.

Yo, por ejemplo, no quería comer, porque no tenía hambre. Prácticamente me obligaban a hacerlo. Yo vivía en piloto automático.

Me tomaba mis medicinas por inercia. Muy en el fondo quería recuperarme, pero al mismo tiempo, tampoco me hubiera importado demasiado morirme un día de esos. Uno de esos días de dolor desgarrador y de soledad. De cualquier modo ya estaba de algún modo muerta, ¿no? Morí con mi hija el mismísimo día que ella murió.

Quería pasar la vida dormida, porque así no tenía que enfrentar la triste, horrible perdida de mi hija. En los sueños todo puede pasar, incluso podía soñar que la que era una pesadilla era mi cruel realidad y no al revés. Podía soñar que todo estaba bien; que María seguía conmigo.

Honestamente creo que sentía culpa de reinsertarme a la vida, de tener ganas de reír de nuevo y de estar viva. Era como si de algún retorcido modo traicionara el recuerdo de mi bebé.

Pero un día, sin darme cuenta como, comencé a preocuparme de nuevo por mi misma.

Estas fueron las cosas que ayudaron:

Curiosamente, regresar a la rutina me ayudó a no pensar con tanta intensidad en el asunto. Si quería seguir cuerda, tenía que ocuparme de las cosas triviales, tales como levantarme para preparar a mi hijo mayor para ir a la escuela y también de mi trabajo.

Seguí tomando mis medicinas, ( mi tratamiento duró muchos meses ), pero esta vez, plenamente consciente de que quería estar bien.

La música ayudó mucho a elevarme la moral.  Incluso las canciones tristes. Cantar siempre me ha gustado, y quienes me conocen ( familia, amigos, compañeros de trabajo ) podrán constatar que siempre lo hacía, en cualquier lugar y situación. Muchos meses no tuve ánimos ni para eso. Pero cuando comencé a hacerlo de nuevo, sentí que era una pequeña caricia para mi alma.

Volví a preocuparme por estar presentable, aunque seguía sin ganas de estar en público. Quise volver a verme bonita, por mí y por mi esposo e hijo.

Empecé a hacer ejercicio. Eso me despejaba la mente y ayudaba a mi cuerpo.

Volvía a tomarle gusto a la comida. Ya no comía por obligación.

Leí libros de auto- ayuda. Escribí sobre mi hija y la vida que había soñado junto a ella. Dibujé, hice un video en su honor. Todo esto me ayudaba a sacar mi tristeza y desesperación.

Me uní a foros de internet de personas que también habían perdido a sus bebés e investigué mucho sobre el problema de salud que me arrebató a mi pequeñita.

Me hice todos los estudios pertinentes que me ayudaron a despejar mis dudas.

Hice terapia. Mi psicóloga fue otro ángel que me topé en este tortuoso camino y nunca voy a estar suficientemente agradecida por todo lo que me ayudó.

Hice planes para el futuro y me ocupé de las cosas que un día fueron metas pero que ahora seguían siendo pendientes.

Fueron otro empujoncito para reinsertarme a la vida.

Todo ha sido complicado y todo ha sido un largo proceso, pero vale mucho la pena. También, todos tenemos tiempos distintos, no hay reglas y el duelo no tiene fecha de caducidad.

Me di cuenta que cuidar de uno mismo es necesario para poder volver a sentir ganas de vivir. Hay que estar sanos por los que nos quieren ver bien: nuestra familia, nuestra pareja, por nuestros otros hijos, si los tenemos;  pero sobre todo por nosotros mismos. Para que la vida vuelva a ser una vida placentera. Para lograr que de nuevo tenga significado. Para buscar nuestro arcoíris si es nuestro deseo. Para poder volver a sonreír. Para que su ángel esté feliz por ustedes.

Por último: déjense querer mucho y no sientan culpa por seguir vivos. Déjense ayudar y cuidar por la gente que los ama.

Pero sobre todo, cuiden de sí mismos. Nadie lo hará mejor.

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