Después de María #doloryamor

 

dolor amor

 

Aquel día de finales de marzo, en plena primavera, después del golpe terrible de saber que mi hija había muerto dentro de mi, y después del parto en el que ella salió de mi cuerpo sin vida, el dolor estaba entremezclado, confundido con el amor. Eran una sola entidad.

No podía imaginarme aún que era solo el principio y no puedo decir que era solo dolor, crudo y descarnado lo que sentía ( que así era ) porque también había un amor tan profundo, que era el motivo, en realidad, de que me doliera tanto. Un amor que se había quedado sin receptor.

Un dolor proporcional al amor.

Por supuesto saben de que hablo. El sentir que el aire no te alcanza, y que las lágrimas son infinitas, y aun después de haber llorado tantas noches y días seguidos, no cesan nunca. Sentir tu cuerpo preparado para alimentar a un pequeñito que ya no está y al parecer éste no se ha dado por enterado. El alma en llamas. Las miradas de lástima de la gente o su absoluta indiferencia.

Hay tantas cosas que duelen, que no acabaría de enumerarlas. Y es que uno se convierte en una especie de receptor de dolor: así de hipersensible estás. Todo duele, todo molesta, todo te recuerda algo, parece que la vida misma, el mundo entero se volvieron en contra tuyo.

Te cansas de explicarle al mundo que también los anhelos arrebatados duelen. Y que no se trata de que pase el tiempo para que todo acabe mágicamente y ” demos vuelta a la página”. Que por más hijos que ya tengamos, o vayamos a tener después, el dolor no se acaba de ir nunca. Que ya no somos los mismos. Que nuestra vida quedó marcada con un antes y un después.

Pero el dolor  tiene un propósito y hay que transitarlo, vivirlo, empaparnos de él para poder pasarlo. De nada sirve negarlo o retrasarlo; él siempre haya el modo de encontrarnos de nuevo y a veces, de atraparnos con mucha más fuerza.

Solo puedo hablar desde mi experiencia y en mi caso, más adelante, muchísimo más adelante, el dolor fue cediendo un poquito, permitiendo que el amor que sentía por María, mi hija no nacida, siguiera creciendo. Pero el camino no es lineal. Quiero decirles que hay días en que todo parece de nuevo estar casi bien. Y al otro día, de nuevo caes al fondo del precipicio, con solo oír la canción que solías cantarle cuando aun estaba contigo, o al pasar al lado del cuarto que habías preparado ( ya sin sus cosas ) o con cualquier pretexto; con todos los pretextos. Eso en realidad no importa.

Después de María, yo sentí la necesidad de darle cause a mi dolor, porque si era posible que alguien pudiera morirse de tristeza, seguro eso me pasaría a mí. O me volvería loca. No podía permitirme quedar anclada ahí, porque tenía otro hijo que estaba vivo y una pareja, y una vida futura que no quería vivir así. Porque sinceramente, esa no es vida.

Y entonces conseguí, en algún momento que el amor que sentía pesara más el dolor. Escribí al respecto, hablé mucho de ello con las personas correctas; le dediqué canciones  y le hice muchos homenajes a mi hija.

Aunque no voy a mentir. Hace más de 4 años que ella se fue, y aún hay veces que me parece increíble que haya sucedido. Injusto me parecerá toda la vida. Sus fechas especiales me duelen aún como el primer día.

Y, cómo no, todo el tiempo la recuerdo.

Pero hoy es más llevadero. Me liberé ( casi ) de las culpas que sentía: por no haber sospechado que algo iba mal, por quejarme tanto en mi embarazo; por creer en algún momento que no hice todo lo que estaba a mi alcance para haberla salvado, y por último, por no haber tenido el valor de ver su cuerpecito sin vida. Me he perdonado por todo lo que hice y dejé de hacer.

Cada quien hará lo que le dicte el corazón para ir pasando de a poco el dolor. Como dije antes, no hay recetas mágicas, cada quien sabrá lo que le ayuda y puede ser bien distinto de lo que a alguien más le sirvió. Tampoco hay tiempos específicos.

Lo que es un hecho es, que por más imposible que parezca, el amor sobrepasará al dolor por mucho en algún momento. Y ese amor los impulsará a salir adelante, para que puedan volver a vivir, con total plenitud, la vida que merecen, que merecemos todas las personas que hemos pasado por la indescriptible experiencia de haber sobrevivido a la muerte de un hijo.

7 comentarios en “Después de María #doloryamor

  1. Mi querida Lisbeths, es asombroso, la forma en que cada artículo describe el camino por el cual nosotras transitamos. Yo aún estoy en la etapa de perdonarme a mi misma, y una de las culpas que cargo todos los días es la que tú mencionas, no tener el valor de ver y abrazar su cuerpecito sin vida, me arrepiento todos los días y toda mi vida me arrepentiré. Pero no me lo puedo perdonar, el dolor gana al amor, y se amarga la existencia, quiere una no seguir viviendo, porque mi Amelia Sofía debería estar conmigo, a un año, a veces parece que ya el dolor ha mermado, pero otro día todo parece como el día de la amarga noticia “no hay latidos” se me desgarra el corazón, se hace pequeño, se encoje, se retuerce, y parece imposible seguir en este camino. El mundo lo ha olvidado, “ya pasó” me dicen, “vendrán otros hijos”; pero no es así, una de madre y mujer sabe que te llevarás ese dolor a la tumba.

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  2. Lis yo tampoco he podido perdonarme el no tener el valor de abrazar a mi hija, ese cuerpo sin vida que era tan inquieto en mi interior, Mi Helena Altair.

    Todo lo que dices me queda como anillo al dedo y sabes en algo tienes razón, solo después de mucho tiempo tal vez podremos perdonarnos pues igual que Evelyn yo llevo apenas un año, pero no ha sido un año tan malo, he realizado como dices muchos ritos para mi hija, y a pesar de que no tengo otros hijos ni un marido que me acompañe el que sus abuelas estén a mi lado y me ayuden a transitar ese dolor es lo que me ha mantenido y aparte de todo mi sobrina arcoíris casi hermana de mi hija pues tan solo se llevaban 3 semanas de diferencia, ella me ha enseñado a dar amor a pesar de sentir ese inmenso dolor.

    Un abrazo Mami guerrera

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  3. Hola Chicas!
    Por supuesto, es muy difícil esperar que a la vuelta de un año quede todo superado y peor aún, olvidado.
    Nosotras no podremos olvidar NUNCA, porque son nuestros hijos de quienes estamos hablando, pero lamentablemente la sociedad en la que vivimos es muy reacia a entender. Que afortunados son al no tener que entenderlo, verdad? porque para eso tendrían que vivirlo y eso no se le desea a nadie.
    Ustedes están transitando todavía el camino del duelo, un año es muy poco. Solo les digo que aunque el dolor seguirá para siempre con el tiempo se hace más llevadero, así que no desesperen.
    Me alegro mucho de poder acompañarlas aunque sea a la distancia, con mis escritos.
    Un abrazo enorme a ustedes y besos al cielo a nuestro angeles.

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  4. Hola a todos,
    Muchas gracias por tus palabras, Lisbeth, me dan mucha esperanza. Recién también fue un año desde la despedida de nuestra Yanua, ella se fue después de 15 días de vida (igual que tu hijo, Mannolia). Pasamos su primer cumpleaños, su día de muerte y el aniversario de su despedida. Me consoló mucho que había muchas personas que se acordaron de las fechas, me abrazaron – sin muchas palabras – o mandaron sus abrazos desde lejos. En su cumple hice un pastel y encendimos una vela con su hermano mayor y amigos muy cercanos, y para el aniversario de su despedida hicimos una caminata en la montaña donde vamos sus cenizas.
    Me quedé sorprendida que estos días no dolieron más que otros, no depende de fechas, hay días más fáciles, y días donde el dolor me coge de repente, muy fuerte…
    Hay muchas cosas que todavía tengo que perdonarme, del tiempo del embarazo, y los días en el hospital, lo que hice y lo que no hice. Yo tenía la suerte de pasar unas horas con mi hija muerta, tratando de entender lo que pasó, abrazandole y dandole besos. Lo que no me perdono es no haber permitido a mi hijo que vea a su hermana muerta (por suerte la conoció los primeros dos días viva), haciendo caso a una psicóloga del hospital y a mi esposo. Ahora pienso diferente de esto, pero en estos momentos todos hemos hecho lo mejor que pudimos, eso es cierto, y es importante perdonarnos el resto.
    Y si me siento muy agradecida poderle abrazar cada día a mi hijo vivo, que mucho más difícil debe estar si el único hijo se fue…
    Les mando un abrazo grande desde Ecuador!

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  5. Dios te bendiga, tus palabras han confortado mi alma. Hace apenas dos meses que mi hermosa hija abrio sus alas. Y a mi la culpa a veces me atormenta, sobre todo por que al igual que algunas mamis no tube valor para cargar si lindo cuerpecito. Solo espero que Dios me de fortaleza para que al igual que usted pueda continuar con mi camino y con esperanza. Gracias por compartir sus bellas historias y ayudarnos con el dolor mas grande e incomparable, haber dado Angeles al cielo

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