Yo te perdono, Lisbeth #entrelaculpayelperdón

perdón

La imagen que el espejo le devolvía era la de una mujer feliz. Al mirar su enorme panza de embarazada, sentía que le recorría un escalofrío de la emoción. ¡Ya faltaba tan poquito para conocer al bebé! se tocó la panza inconscientemente mientras sonreía.

El bebé correspondíó con una patadita.

Se acomodó el cabello y volteó directamente a donde estaba yo, en la esquina del aparador, afuera de la tienda, mirándola con cara de pocos amigos.

Pero ella estaba tan feliz, que veía todo color rosa. No le importó que una extraña llevara cerca de 5 minutos mirándola. Y de mala manera, además.

Me hubiera gustado tanto ser yo la que que estuviera en el lugar de esa mujer… Pero lástima, no lo era, aunque así había sido apenas unos pocos meses atrás.

Salió de la tienda y en cuanto lo hizo, se encontró con una conocida. Todo fueron sonrisas y alegría.

Hola Mili, ¿cómo estás? – ¡ya estás enorme! ¿cuánto te falta? ¡¡Déjame ayudarte con tus bolsas!!

Bolsas llenas de ropita y cosas para bebé, que seguramente llena de ilusión, esa mujer había comprado. Y casi con seguridad, no tendría que regalarlas, sin usar, a alguien más.

Me sorprendí a mi misma intentando no perder detalle de la escena. Hasta hace unas semanas, apenas veía una embarazada, volteaba la mirada e intentaba ignorar que estaba ahí.

Supongo que estaba entrando en una especie de etapa masoquista, donde no podía apartar la mirada de las cosas, aunque me doliera como un cuchillo de hoja afilada entrando en mi corazón.

La conocida sensación amarga de celos mezclados con envidia se me anidó en el pecho. De inmediato la culpa me asaltó, porque mi cerebro y mi educación me decían que era muy pero muy malo estar sintiendo eso.

Me di la vuelta y dejé a la inocente mujer en su mundo perfecto de algodones color rosa.

Me fui a seguir viviendo mi realidad, triste y gris. Tragándome mis lágrimas mientras iba caminando rumbo al estacionamiento.

 


 

No estás comiendo nada de nuevo 

Es que no tengo hambre – aunque le contesté, no despegué los ojos del plato lleno frente a mí –

– Pero tienes que comer. Te estás recuperando.

¿Crees que me estuve alimentando bien cuando estaba embarazada? – le solté de pronto a mi marido, apartando los ojos del plato que de cualquier forma no pensaba volver a tocar – a lo mejor eso tuvo algo que ver con lo que pasó…

Claro que no tuvo nada que ver. Tú te cuidaste mucho entonces, pero debes seguir haciéndolo o te vas a enfermar. Además, no tiene caso que te sigas preguntando esas cosas que no te llevan a nada. Mejor, piensa en el futuro. O mejor aún, en el presente. Tienes otro hijo y tienes que estar bien para él.

Pero yo seguía dándole vueltas al asunto a la menor provocación, intentando conseguir respuestas de algo que seguía sin entender.

¿Y si hubiera ido cada semana al doctor en vez de cada mes?,  ¿y si hubiera dejado de trabajar?, ¿y si no hubiera hecho aquel viaje? ¿y si…? las preguntas no paraban y la sensación de que había hecho algo ( o todo mal ) durante mi embarazo tampoco.

Todo el tiempo sentía culpa de lo que hice, de lo que no hice y de lo que según yo hice mal.

De veras no tengo hambre. Prefiero irme un ratito a dormir.

Me levanté de la mesa ante la mirada impotente de mi esposo. Si mi bebé ya no se estaba alimentando de mí, me daba igual comer que no comer.

 


 

26 de Diciembre de 2010:

” Hoy cumple ocho meses mi nena de haberse ido. Ocho meses y parece que solo yo me acuerdo de ella.

Mucha gente piensa que ya estoy bien. Es con la gente que finjo que ya todo pasó, porque no quiero que estén mal por mi culpa, por ejemplo, mi mamá. Me gusta ir a visitarla, pero es muy cansado fingir todo el tiempo que lo superé, y sonreír, y platicar de trivialidades.

Al menos me hace sentir un poquito mejor no preocuparla más a ella.

Y con las personas que no intento fingir, es peor, porque se admiran de que después de “tanto” tiempo, yo siga mal.

Y entonces siento que de veras estoy mal o loca, porque aunque mi corazón me dice que no está listo para seguir adelante, yo debo tener algo alterado en mi cerebro porque la gente opina que ya estuvo bueno de hacer dramas. Me siento culpable por no sentirme bien y olvidarme de todo de una vez. La culpa de amargarle las fiestas a la gente, de recordarles que no siempre todo tiene un final feliz. La inmisericorde culpa que no me deja vivir.

Espero con ansias el año nuevo y estoy a punto de irme de viaje. Ojalá con su venida traiga por fin el olvido y la paz que tanto me faltan. “

Apagué mi computadora después de escribir eso. Escribir siempre me ha ayudado a sentirme mejor, pero no sé, creo que hoy no está resultando.

 


 

– ¿Y cómo te sientes con esa noticia?- me preguntó, mi hermana, la de en medio, muy preocupada –

Quisiera morirme – le dije con una lágrima prendida de mis pestañas – me siento horrible por desear que ésto no estuviera pasando tan pronto, y yo la quiero a ella y le deseo que todo le salga bien. Pero, ¡¡¡¿por qué ahorita?!!!

Me sentía traicionada y miserable por sentir que todo lo que hacía la gente era para que yo me sintiera peor.

La noche anterior, mi hermana menor me había confesado, con la voz entrecortada, que estaba embarazada. Tenía 3 meses y era su segundo bebé.

Estuvo pensando la mejor forma de darme la noticia. Pero bueno, eso no era sencillo, así que simplemente me lo dijo y ya.

Estábamos mis dos hermanas y yo, en un cuarto de hotel, en medio de un viaje familiar.

Me sentí muy mal por no haberla felicitado, ni haberme alegrado por ella.  Solo me le quedé viendo y sonreí tristemente.

Su felicidad no me hacía feliz a mí pero no soportaría tampoco que a ella y a ese bebé les pasara algo malo.

Pasaron los meses, y aunque no quería sentirme así, trataba de no estar presente cuando hablaban del pequeñito. Nunca le pregunté como se sentía, como iba todo. Creo que de casualidad me enteré de que era niño. Que diferente fue a como me porté con ella cuando estaba esperando mi primer sobrino.

Y cómo se portó de bien mi hermana conmigo en mis dos embarazos y con mi perdida. Eso me hacía sentir peor, pero era algo que me superaba y no podía estar cerca de ella por el momento. Me odiaba por ser tan egoísta y solo pensar en mí y en mi dolor.

 


 

 

Finalmente, estoy aquí, escribiéndoles de esto que me pasó, sin llorar. El tiempo ha hecho su labor y ha suavizado las sensaciones. Hice terapia y eso me ayudó mucho para entender, que para poder sanar debería primero perdonarme yo.

El perdón hacia otras personas que me  hirieron durante mi duelo también es importante para poder estar bien, pero ese es otro cantar.

Cuando me di cuenta de que todo lo que sentía era totalmente normal, pude perdonarme. No hay que reprimirse, lo que te duele y te incomoda, hay que aceptarlo y comprender que es parte de un proceso, pera poder dejarlo atrás.

Aunque todavía hay veces que, cuando me entero de la noticia de que alguien cercano se embarazó o que tuvo un bebé, me da un vacío en el estómago. Pero ahora puedo manejarlo mucho mejor.

La vida es mucho más fácil cuando te aceptas, con todos tus errores y sentimientos, por más feos que puedan parecerte.

Yo, en un  principio me culpaba de todo, pero me di cuenta de que aunque hubiera hecho las cosas distinto, mi bebé iba a morir igual. No fue culpa mía, y de haber podido, habría cambiado mi vida por la suya. Y del mismo modo, todos los sentimientos que tuve en mi duelo eran normales y no había nada que pudiera hacer para cambiarlos, sino vivirlos y aceptarlos.

Así que hoy, me he perdonado. La persona a quién más le debía mi perdón era a mi misma. Y así, pude volver a sonreírle a la vida, esta vez, con sinceridad.

 

3 comentarios en “Yo te perdono, Lisbeth #entrelaculpayelperdón

  1. Lis, que gran relato, en la semana que mi sobrina nació, estuve mal llorando muchisimo, y ese día que ella nacio bueno no era yo, el que mi madre me pidiera que fueramos a compra el letrero de bienvenida, bueno era como una puñalada porque no tenia compasion de lo que yo pudiera sentir con eso, pero tampoco lo hizo con la mala intención, mi madre estaba feliz y triste, era una sobrina muy esperada, pues mi hermana habia perdido ya dos. uno por ser embarazo molar y otro ectopico, entonces mi hermana sabia la gran tristeza que yo tenia pero al ver a mi sobrina me lleno de ternura y amor, y ese mismo amor me fue curando, es mi adoración aunque no sea mi hija.

    Espero algun´dia perdonarme por las fallas que tuve y que aun en mi corazon siento que no he perdonado.

    Un abrazo

    Le gusta a 1 persona

    • Te entiendo muy bien Crysha, fue para mi muy duro de vivir el embarazo de mi hermana; incluso cuando iba a ser su baby shower, ella me invitó, pero me dijo que si no me sentía con ganas de ir, que estaba bien, que lo entendía. Y me armé de valor y fui. Cuando nació mi sobrino lo fui a conocer y pude cargarlo sin ningún otro sentimiento distinto al amor. Antes de eso, ni siquiera era capaz de voltear a ver a ningún bebé, menos cargarlo. Como me dijo mi mamá: “La sangre llama”. Entonces me di cuenta de que estaba en el camino de la aceptación y recuperación, por fin!!
      Mi hermana me pidió ser la madrina del bebé y por supuesto que acepté. Ver a mi sobrino los fines de semana me hace muy feliz. Pero llegar a eso fue parte de un proceso, un dolorosísimo proceso. El perdonarte a ti misma es parte de el, espero que puedas conseguirlo pronto.
      Un beso enorme!

      Me gusta

  2. Hola Lisbeth,
    que bien que pudiste perdonarte y volver a sonreír, sobre todo con otros bebés. Te entiendo tan bien en lo que cuentas. Ya es un ano y tres meses que se fue mi hija Yanua, igual tengo otro hijo y ahora mi hermana gemela está embarazada a los 4 meses con su segundo bebé. Hubieron tenido todos dos años de diferencia: mi hijo, mi sobrina, mi hija y mi otro sobrino o sobrina…. Estoy feliz por mi hermana, pero recién le perdí perdón por no hablar tanto del bebé, no preguntar mucho cuando hablamos (vivimos lejos, ella en Alemania, yo en Ecuador)….Todavía me cuesta, igual que con otras dos amigas que ahora están embarazadas con sus terceros bebés. Pero también siento que cada vez estoy mejor con esto. En septiembre una compañera del trabajo dio a luz a mellizos, a las 6 semanas tuve el valor de visitarla, pero no a marcarles a los bebés… unas semanas después ella vino a una fiesta del trabajo, y la pequeña de durmió en mis brazos, yo sintiendo mucho amor por ella.
    Creo que todavía no me he perdonado todo a mi mismo, siguen viniendo estos momentos de preguntas y de “hubiera..:”, pero ya no son tantos, y estamos empezando ver adelante. Y me siento muy agradecido por mi hijo.
    Te mando un abrazo grande!
    Corinna

    Me gusta

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s