Quizá el arcoíris, quizá… #detrásdelarcoiris

Rainbow

 

Cuando salía el tema de que tenía un solo hijo, tanto a amigos y familiares como a gente que apenas conocía, la pregunta obligada que me hacían siempre era: ¿ Y para cuándo el segundo bebé ?

¿ Es que acaso la gente tiene un guión pre- escrito para hacer conversación ” ligera ” ? – me preguntaba yo – ¿ interrogar a alguien acerca de un segundo o tercer hijo era el equivalente a hablar del clima con un extraño en un  elevador ?

En ese entonces, mi hijo mayor aún no se convertía en hijo mayor, sino que era hijo único. Ni mi marido ni yo habíamos contemplado la posibilidad de otro bebé debido al miedo que me provocaba enfrentarme al fantasma de la preeclamsia que me atacó durante el embarazo de mi hasta entonces único hijo. No por falta de ganas. Siempre que yo veía un bebé se me caía la baba, se me antojaba mucho tener otro. Pero no queríamos poner en riesgo mi salud.

¿Para qué? con mucha suerte había corrido la primera vez y ya habíamos sido bendecidos con un hijo perfectamente sano y hermoso, al cual, dicho sea de paso, no quería dejar sin madre. Suficiente drama y peligro hubo el día de su nacimiento.

Pero la gente no lo entendía y querían convencerme con todo tipo de argumentos:

    – ¿ Pero a poco no te da tristeza dejar a tu hijo solito ?

    – No está solito, nos tiene a nosotros y a sus primos. Convive mucho con ellos – contestaba intentando ser  paciente –

    – ¡ Pero no es lo mismo ! Además, se va a volver berrinchudo, egoísta y consentido.

    – Pues yo conozco niños que son todo eso y tienen hermanos. Creo que eso no tiene nada que ver, solo es un prejuicio. Es cuestión de como lo eduquemos, no de si le damos hermanos – decía, cansandome ya de la necedad –

    – Pero es que… – y así seguía la argumentación por un buen rato.

¿ En que momento se volvió socialmente inaceptable tener solo un hijo ? ¿ desde cuando es obligatorio tener dos o más ? La pregunta de siempre acabó por incomodarme y molestarme.

Entonces ya solo contestaba: – ” Así estamos bien, no necesitamos otro, con uno nos basta y sobra “ – en vez de complicarme con explicaciones que de todos modos nunca dejaban satisfecho al que preguntaba.

Y entonces vino María. No estaba planeada, como podrán adivinar. Mi ahora sí, hijo mayor, tenía 7 años entonces.

Yo pensé que la gente terminaría por fin de preguntar por el segundo bebé, porque ya estaba en camino. Pero me equivocaba.

El gusto nos duró sólo 4 meses y medio. Ella no murió debido a la preeclamsia, pero eso es lo de menos.

Y cuando ella murió en mi vientre, pensé que por respeto, nadie jamás volvería a preguntarme sobre el ” segundo ” bebé.

Sí, claro.

Porque si alguien puede ser insensible e inoportuno, lo ilustra muy bien la siguiente anécdota que quiero compartirles:

Un tío de mi esposo, que se llama Freddy y que vive en Estados Unidos, vino de visita ( quiero hacer notar que la última vez que yo había visto a este señor, aún estaba embarazada de María ).

Cuando él estaba por irse, se empezó a despedir de la familia.

Estábamos en el pasillo, mi esposo, mi hijo mayor yo. También estaban el hermano de mi esposo con su mujer, su hijo mayor y su bebé. Mi María solo le llevaría un par de meses a ese bebé de haber nacido viva. Y como una broma cruel del destino, al día siguiente se cumplía el primer año de su muerte.

El tío Freddy se despide de nosotros, y cuando ve al bebé de mi cuñado, le hace cariños, hace mucho escándalo respecto a lo bonito que es, lo carga y nos dice: – ¡ Y a ver cuando ustedes se animan también a tener otro bebé, eh ! – era todo sonrisas.

Sentí como si me aventaran una cubetada de agua helada. Me hizo sentir completamente expuesta.

– Eso no va a suceder – contesté muy molesta. Tenía ganas de cachetearlo. ¿ Se le había olvidado que yo me había embarazado antes que mi concuña ? ¿ No se le ocurrió acaso pensar que un comentario como ese puede incomodar a personas con una pérdida reciente ? ¿ y de cuándo acá tengo que tener otro hijo para tener contenta a la gente ?

– ¿ Pronto ? – siguió preguntando, un poco desconcertado.

– ¡ Nunca ! – me fui de ahí y me largué a llorar. Ya no vi que cara puso cuando le contesté eso. Vaya modo de pasar el primer aniversario de María, con un tarado pidiéndome que la olvide y la sustituya.

Eso fue lo que sentí en ese momento. Ahora, con el tiempo, no creo que lo haya dicho para hacerme sentir mal. Pero la gente hace comentarios así todo el tiempo. Así de irreflexivas pueden ser las personas.

Aún ahora la gente me lo sigue diciendo. Aunque ha variado un poco. Cuando ven a mi hijo tan grande ( tiene 12 años ), en vez de decirme: – ¿ y para cuándo el segundo ? – me dicen: – ¿Y apoco ya te quedaste nada más con uno ? 

Ahora sólo digo: Sí.

Pero la pregunta que de verdad importa es: ¿Quiero yo un bebé arcoíris? No un segundo bebé, porque María es mi segunda hija. Un bebé arcoíris.

Y la respuesta es: ¡ claro que quiero ! aunque decidí que no le voy a abrir mi corazón a cualquiera que me pregunte solo por hacer conversación. Y a esa gente le seguiré diciendo que no, que con mi hijo mayor tengo suficiente.

El problema es que ya estoy grande ( bueno, aún no es demasiado tarde ), pero posiblemente nunca me anime a buscar a mi arcoíris. Los miedos se imponen mucho más que las ganas. No creo que pudiera soportar 9 meses de incertidumbre, de asustarme por todo, de ser incapaz visualizar un final feliz.

En ocasiones me digo que lo intentaría. Que sería muy lindo volver a sentir vida gestándose dentro de mi. Que seguro no me vuelve a pasar lo que me pasó con María. Que la vida no podría ser tan cruel conmigo dos veces. Que debería ser un proceso muy simple y natural. Que me encantaría poder darle todo el amor que tengo a otro hijo mío.

Incluso he soñado que estoy embarazada de mi arcoíris, pero siempre me quedo en el proceso, nunca veo el final. Nunca he soñado que nace vivo, que se queda conmigo. En esos sueños siempre estoy asustada, estresada, nerviosa por no poder protegerlo. Ni ahí mi inconsciente me deja disfrutar de un posible final feliz. Entonces digo que no, que no podría.

Tal vez es muy tonto lo que voy a decir, pero también odiaría que la gente que me viera embarazada de nuevo me hiciera algún comentario chocante al respecto, teniendo en cuenta que la vez anterior mi hija no llegó a nacer viva.

Quiero decirles que, por otro lado, me maravilla la valentía de aquellas madres, que aunque perdieron la inocencia de la dulce espera, lo vuelven a intentar. A veces con un resultado triste de nuevo. Para ellas, un abrazo enorme, yo no sé como podría soportar el mismo dolor dos veces o más.

Y para las madres que logran a su arcoíris, toda mi admiración. Sé que esa espera está llena de miedos, ansiedad, a la par que de ilusión, como en todos los embarazos. Es complicado emocionalmente hablando, a veces también físicamente muy demandante. Y definitivamente, los bebés arcoíris no son un sustituto del bebé que se fue ni quitan mágicamente la tristeza de la perdida anterior. Pero ayudan a superarla. Son un aliciente más, una esperanza. Son la vida que se abre paso a pesar de todo.Y son especiales por lo que representan.

Así que a ustedes, compañeras, compañeros  de ruta, no puedo negarles que me encantaría. Sigo siendo presa de mis miedos, así que no sé si algún día lo intentaré. Después del embarazo de mi hijo mayor estaba negada para intentarlo de nuevo. El embarazo de María, ( a pesar de su triste conclusión ) abrió, dejo abierta la posibilidad.

No es un no ni un sí rotundo. Es un quizá.

2 comentarios en “Quizá el arcoíris, quizá… #detrásdelarcoiris

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