Comparte: Me falta un hijo

Al inicio de Marzo del 2011 se acercaba el cumpleaños de mi esposo y el nacimiento de mi hermoso Sebastián que con gran emoción esperábamos. Estaba lista, la cuna llena de holanes y moños (tal cómo yo la quería), así como la ropa lavada y doblada con la que me ilusionaba vestir su cuerpo chiquitito. Los corazones de la familia rebosaban y compartían el amor que le estaba destinado desde que supieron de su existencia.

 

Estaba transcurriendo la semana 41 de la gestación y no había señales de que Sebastián quisiera venir al mundo, ni mi cuerpo hacía nada por activar el parto. Llegó el día 25 y el nacimiento ocurrió por cesárea.

 

Durante 4 días le pude ver, sentir y amar intensamente. Le llené de besos y él me regaló una breve y dulce mirada que guardo celosamente en mi memoria-corazón. No hubo manera que su pequeño cuerpo pudiera resistir más tiempo. Ahora, estoy segura de que ambos, él y yo, supimos, por aquella mirada que nos dimos, que nuestro encuentro sería tal como fue y, allí, entrelazamos el alma para siempre.

 

Fue difícil el proceso de la separación: llanto inconsolable, tristeza profunda, ansiedad y rabia, hambre compulsiva, silencio y gran desolación. Mucha lectura, reuniones de contención, terapias, talleres, “sueltas de globos”, ofrendas, flores, velas y todo cuanto se tiene o se ofrece, hice para paliar el dolor, hasta que, 27 meses después, una paz interior se tejió como un nido en el vacío de su partida. Despareció ese dolor que oprime y punza, y quedó una dulce melancolía que le nombra y le hace vivir en mí a cada latido de mi corazón, en cada amanecer y en cada mariposa azul que encuentro.

 

¡Sebastián ahora vive en mí! y estoy lista para disfrutar la vida con la intensidad y alegría que siempre me caracterizó.

 

II

 

A partir de Enero del 2014 decidí que me encaminaría a estudiar un diplomado en tanatología. Mi hijo adolescente ya no requería de toda mi atención y tampoco estaba convencida (aunque dudaba), de iniciar un tratamiento de fertilidad para un nuevo embarazo. Pero mis planes se modificaron, el 27 de enero recibí una llamada telefónica que cambiaría mis planes y mi vida.

 

Me llamaba una amiga para comentar que una conocida de ella daría en adopción a su recién nacida en alguna casa de cuna. Me entrevisté con la madre de la bebé y acordamos la adopción. Esta pequeña, que ahora se llama Alana, se convirtió en Mi bello milagro arcoíris a los tres días de haber nacido, ¡Era, ciertamente, un verdadero milagro!

 

Alana, mágica y llena de esperanza llegó a nuestras vidas con toda la fuerza que sólo ella tiene. Al cargarla sentí cómo mi naturaleza de mujer aceptaba, plenamente, esta una nueva maternidad.

 

III

Los meses han pasado rápido y ha sido increíble verla crecer. Pero ahora, en Enero de 2015 experimenté ganas tremendas de tener otro bebé. ¿Otro? Si, ¡otro! ¡¿Es que no estoy lo bastante ocupada criando a un adolescente de 13 años, una bebé de 10 meses y coordinando un grupo de autoayuda!? Además, daba la impresión que lo quería ahorita mismo, sin importar la imprudencia, cansancio ni dinero. Jugando y no, le dije a mi esposo ¡andaaaaa, uno más! El sólo se reía pero estoy segura que él también se ilusionaba.

 

Comencé con mis razonamientos: debemos apurarnos ya no estoy “chavita” y necesitamos reorganizar la familia, la casa y la economía. Insistía con argumentos y contrargumentos hasta que, de pronto, todo mi ser confirmó el origen de mi necesidad: ¡Me falta un hijo!

 

Cuando escuché lo que dije y realmente lo escuché, él y yo nos abrazamos y no tuvimos que decirnos más. En ese momento entendí esa frase tan comentada y leída: “cuando un hijo muere, te hará falta toda la vida, porque el duelo es para siempre”. A Mau y Alana los amo profundamente, pero ello no impide sentir que me falta un hijo; saber que una parte de mí no está conmigo y mi ser completo la reclama.

 

Me he atrevido a difundir éste episodio de mi duelo para crear conciencia entre los que no han tenido el “extraño privilegio” de perder un hijo y para quienes lo han perdido. Éste camino es demasiado largo y lleno de situaciones inesperadas, y aunque ya no sufro por su ausencia, lo extraño y me encantaría que estuviera aquí físicamente conmigo.

4 comentarios en “Comparte: Me falta un hijo

  1. Siempre nos va a faltar nuestro hijo
    .. hoy mi chiquito tiene 11meses en el cielo y yo me digo en vez d llorar debía estar con el en mis brazos y pensando q en un mes seria la maravillosa locura d su primer Añito… duele y es largo el camino xq ellos siempre faltaram fisicamente

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  2. Te felicito por acunar en tus brazos a una pequeña que hubiera sido abandonada, también son MADRES aquellas que crían aunque no sean de sangre son de amor, y de cuidados, Siempre nos faltaran nuestros pequeños, y creo que el sentimiento de llorar por ellos cuando los recuerdas no es que no se supere sino mas bien es decirles que se les extraña en lo mas profundo del alma.

    Te mando un gran abrazo y todo mi respeto.

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