Los amigos invisibles #apoyo

 

sisterhood

 

 

Después de unos meses, recibí un email de Ana. No decía mucho, pero sentí una inmensa gratitud de que alguien se preocupara por mí dadas las circunstancias.

En serio, a veces me sentía muy sola, porque aunque tenía a mi esposo conmigo apoyándome en todo, había cosas que no podía decirle.

Hola amiga,

¿ Cómo te sientes ? ¿ Cómo va todo ? Espero que estés mejor.

Te quiero. “

Unas pocas líneas, pero en ellas decía todo lo importante.

Era una amiga muy querida y habíamos trabajado juntas por algunos años. Fue de las pocas personas que supo de mi embarazo y casi de las primeras en saber el triste desenlace, a un par de días de que había ocurrido. Avisé por email a mis amigos más cercanos sobre la muerte de mi hija, incluida Ana, porque no me sentía capaz de hablar de eso con nadie frente a frente o por teléfono en ese momento.

Pero había pasado tiempo y yo sentía ahora la fuerte necesidad de hablar, hablar y hablar sobre mi hija, de cómo me sentía, de cómo había pasado todo. Por alguna razón, no quería ser yo la que empezara a buscar a mis amigos; quería sentir su apoyo y saber que estaban conmigo, pero que saliera de ellos.

Entonces le respondí. Un texto muy largo donde le contaba de mis sentimientos más profundos al respecto. De que había días en que no sabía como era que seguía viva. De la tristeza y el dolor que incluso a veces hasta me dejaba sin aire. De llorar y llorar y no tener paz. De extrañar a mi hija como no he extrañado a nadie en el mundo. De los días que transcurrían desesperanzados y grises. De mi miedo al presente y al futuro.

No me contestó.

Nunca supe la razón. Obviamente no esperaba que me entendiera, pero, ¿ qué me ignorara ?

Pensé: – si no quería saber, ¿ para qué me preguntó ? – No quise escribirle más, menos hablar con ella.

Y de ese modo, comencé a toparme de frente con la incomprensión y el silencio incómodo de mucha gente cercana.

Pero el silencio de ella me dolió mucho, justo porque siempre la consideré una buena amiga y porque de haber sido al revés, yo nunca habría ignorado su dolor.

Que cierta es aquella sentencia que escuché después: en éste camino, los amigos se convierten en desconocidos, y los desconocidos en amigos.

Y yo decidí que no quería “ amigos ” que estuvieran conmigo solo en las buenas y para las cosas triviales.

Desesperada por un poco de empatía, hice esa búsqueda en internet que todos acabamos haciendo en algún momento. Necesitaba hablar con alguien que hubiera pasado por lo mismo y me arrojara un poco de luz sobre como seguir adelante y no volverme loca en el intento.

Alguien que de verdad me entendiera.

Encontré foros donde padres que habían perdido a sus hijos contaban sus historias y se apoyaban unos a otros.

Entré muchas noches, casi con miedo, como quien espía por la rendija de una puerta entreabierta por donde se cuela un poco de luz en medio de la oscuridad total; leí sobre sus experiencias y sentimientos al respecto. Me sentí identificada de inmediato.

No me atrevía todavía a compartirles lo que nos había pasado, pero me reconfortaba mucho verme reflejada en esa gente, que aunque desconocida, me parecía más cercana a mí que todo mi entorno. Me gustaba sobre todo saber, que había personas que salían adelante contra viento y marea, y yo quería pensar que eso me sucedería a mí. Que podría un día, como ellos, volver a sonreír.

Se convirtieron en mis hermanos invisibles.

Finalmente me decidí a escribir. La respuesta fue inmediata y era un bálsamo para mi dolor. Tantas palabras de aliento, tanto apoyo, ¡ de personas que ni siquiera conocía ! Me salvaron la vida. Eran como un oasis en medio de un mar de indiferencia. Del otro lado de la pantalla de mi computadora, a veces del otro lado del mundo, había una persona que me entendía y se ponía en mi lugar con total conocimiento de causa, honestamente.

Les conté todo. Lo que había pasado, cómo había pasado. Cómo me sentía. Cada pequeño avance o retroceso que tenía. Se alegraban de mis victorias y me alentaban a seguir adelante en cada recaída. Nadie me juzgaba y me dejaban expresarme con libertad.

No podía creer tanto afecto. Eran compañeros, hermanos de ruta, de un camino por el que nadie quiere pasar y en el que muy pocos están dispuestos a acompañarte; donde hasta tus amigos de años te dejan sola por no poder  ( o querer ) hacerse cargo de sentimientos tan complejos.

Y yo también leía y los apoyaba, porque quería regresarles un poco de lo que me habían dado. Yo sabía por experiencia que unas cuantas palabras de apoyo pueden obrar milagros en el día a día de una persona con el corazón hecho pedazos.

Aún les estoy tan agradecida. Me ayudaron tanto, que nunca podré pagárselos. Quiero agradecerles que me alentaran a hablar, a recordar, a homenajear a mi hija. Que no la hicieron menos por ser tan pequeña cuando murió. Quiero agradecerles que sepan que su vida fue importante para mí y que así será siempre.

Agradecerles que  no me pedían que dejara de llorar, o que olvidara, porque saben que lo que uno menos quiere es olvidar, cuando lo único que te queda de tu hijo son recuerdos.

Quiero agradecerles por ayudarme a sobrevivir.

Andando éste camino, bajo las mismas circunstancias, llegué a Mirar al cielo. Me gustaba leer historias de mujeres fuertes que perdieron a sus hijos y después transcendieron su dolor escribiendo, inspirando, ayudando.

Compartí aquí algunos escritos que había hecho hace mucho, y al poco tiempo recibí la hermosa noticia de una invitación para escribir junto a ellas. Por supuesto que acepté; me gusta pensar que lo que escribo puede ayudarle a alguien. Y puedo asegurar que las madres que aquí escriben, lo hacen con el más profundo deseo de ayudar también. Son personas hermosas y honestas. También a ellas, mil gracias por aceptarme como su hermana de ruta.

Por cada amigo que dejó de serlo, recibí la enorme bendición de encontrarlas.

Sé que nuestros hijos conspiraron para que pudiéramos ayudarnos mutuamente aquí en la tierra, quienes escribimos y quienes comparten con nosotras a través de esta hermosa comunidad. Gracias infinitas también a ustedes, por hacernos cómplices de sus sentimientos más profundos, de esos que casi nadie está dispuesto a escuchar.

Pero nosotros sí, aquí estaremos cuando quieran hablar de lo más precioso que les quitó la vida. Porque lo mismo nos pasó. Y por eso, todos somos hermanos, a la distancia, del dolor, pero sobre todo, del amor por nuestros hijos.

8 comentarios en “Los amigos invisibles #apoyo

  1. Gracias Lisbeth… “AMIGA”, estoy viviendo esa situación, similar a la que cuentas; una amiga con la que creí contar y de repente dijo que ya no escribiría más… supuestamente porque se iba a dedicar a orar por mi… talvez yo necesitaba las dos cosas, pero ella decidió dejar de escribir… su bebe si nació y mi bebito sería un mes más pequeño que el de ella, con la diferencia que ella si lo tiene en sus brazos porque las dos tuvimos varoncitos y a la distancia estabamos embarazadas juntas… pero sobre el dolor de no tener a mi bebesito se unió el de no tener amigos… ni mi hermana que tambien tiene bebes no me entiende y supuestamente le dolió lo de mi bebe… ninguna de mis hermanas pregunta ya más por el mio, solo mi pequeña familia y yo… mi esposito e hijo mayor… GRACIAS A TI Y A MIRAR AL CIELO… LAS ADMIRO CON RESPETO!!!

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    • Gracias por leer y compartir con nosotros Mannolia, que bien que encuentres un poco de consuelo en este espacio tan lleno de dolor como de amor, porque en este camino que es duro y solitario, es muy bueno tener a quien te entienda totalmente y un lugar para expresarte. A veces la gente siente ( no creo que lo hagan de forma consciente ) que lo que nos pasó con nuestros hijos es contagioso y se alejan, o no saben muy bien como tratarnos y mejor nos evitan, pero así nos dejan el camino libre para encontrar a los verdaderos amigos o quedarnos sólo con los que valen la pena.
      Un abrazo enorme para ti y tu familia. Besos al cielo para tu ángel.

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  2. Excelente relato, totalmente descriptible para quienes hemos pasado por la misma situación.
    Mis amigas del alma, con quienes me juntaba mas, con quienes me fui muchos años de antro y de fiesta en fiesta, con quienes he vivido muchas etapas de mi vida… Ignoran mi dolor, creen que el duelo es fácil de pasar y ni un hola he recibido … Si me acompañaron en la despedida de mi hija, a los quince días me buscaron que querían venir a verme y .. Nunca llegaron no volvieron a hablar. Pero amistades de la infancia son quienes me buscan, me mandan mensajes de ánimo, me llaman solo para platicar , quizá para sacarme de mi tristeza con temas triviales.
    Pero tb tuve la necesidad de hablar mis sentimientos sin ser criticada , hablar abiertamente y fue como si con la página de Mirar al Cielo, me ha gustado escribir pues siento que es como si mi dolor fuera escuchado y no ignorado..
    Dios las bendiga y gracias por escucharme a través de las palabras

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    • Yoana, muchas gracias a ti por pasar por aquí y leernos, nos encanta saber que ayudamos aunque sea un poquito. Los amigos que perdemos duelen, pero afortunadamente siempre habrá quien nos tienda una mano en estos momentos tan delicados ( a veces es sorpresiva la respuesta de quien menos esperabas, en un sentido y el otro); habrá quien decida alejarse y ellos tendrán sus razones.
      Mientras tanto estaremos aquí apoyándonos unos a otros.
      Bendiciones también para ti!

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  3. gracias por escribir estas palabras al ir leyendo tus letras vino a mimemoria el recuerdo de aquellos dias en los que yo pasaba por esa situacion, cada q preguntaban mejor les decia te digo la verdad o solo que estoy bien gracias, asi pase por muchos amigos y familiares, escondiendo tras un “mejor gracias” todo lo que sentia, un dia buscando en internet di con un grupo de amigas que me comprenden y que me hicieron sentirme bien comprendida y ver que existen situaciones no tan buenas que hacen amistades muy buenas.

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  4. Eas mismas cosas que escribiste le comentaba yo a mi esposo, mi “amiga” desaparecio en el silencio luego que le escribi en un texto lo duro del proceso. Hasta hoy no sé si realmente pone en poco mi dolor por que mi bebe solo tenía 4 semanas de gestación o simplemente no supo que decir. Pero más que ese silencio esperaba un:”lo siento amiga” que nunca llegó. Pero en el proceso se ganan amigas y se piede amigas así es.

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    • Pues sí Natalia, porque no les importa o porque no saben que decir, pero cómo saberlo si no se manifiestan y solo desaparecen? ojalá así de fácil desapareciera también nuestro dolor, con el hecho de pasarlo por alto.
      Un beso!!

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