Comparte: Pechos llenos brazos vacíos.

Una vez leí que la sanidad del duelo es un viaje, no un destino. El viaje hacia la sanidad es tejer y entrelazar nuestras pérdidas en conjunto con nuestra propia vida y las actividades de la misma… enfrentar en diferentes etapas de nuestra pérdida durante el viaje irá renovando nuestro ser para adaptarlo a la ausencia de nuestro hijo(a) en nuestras vidas y crear una nueva persona, quizá con muchos aspectos que la anterior pero con una cicatriz: una profunda tristeza en los ojos alegres, o grandes sonrisas tristes.

La primera actividad que tuve que enfrentar durante éste viaje, fue con la producción de la leche materna. Regresando a casa después de sepultar a mi hija, me encerré en el baño… lloré silenciosamente mientras me extraía la leche, era una sensación horrible el tener leche y no tener a mi muñeca para que la consumiera. Como nunca, logré juntar una muy buena cantidad, pero esa ocasión en lugar de almacenarla para llevarla al hospital: ¡la tiré en el lavabo!

Los primeros 2 o 3 días con demasiado dolor sacaba la leche y la tiraba, no aceptaba que mi niña no estuviera con vida; me atrevo a decir que detestaba tener los pechos llenos de leche, porque tenía mis brazos vacíos. En esos momentos ambicionaba que me dejara de salir, porque además de dolerme y gotear, me dolía el alma, y tenía que sacármela de nuevo.

Recuerdo que mi hermana, seguramente preocupada por mí, habló con mi ginecólogo para que me recetara algún medicamento para cortar la producción de leche y cuando le dije a mi esposo que opinaba sobre esto, me pidió no tomar nada. Podrán preguntarse “¿por qué opinaría él si no era su cuerpo?”, ciertamente la decisión la tomaríamos los dos, pero quería saber su percepción: él me dijo que quizá aún era la conexión que teníamos Rebeca y yo, una conexión física, que la producción de leche se daría hasta que fuera necesario para mi cuerpo saber que ella no estaría más conmigo.

Ese escenario no lo había visto así, pero sentí que pudiera ser cierto: tener esa conexión física, porque emocional jamás se romperá. Con mis anteriores hijas creía que cuando los pechos te dolían era porque tenían hambre, con Rebeca percibí que la realidad era otra, pero aún me gusta imaginar que ella desde el cielo, pedía comer y podía alimentarla mientras me extraía la leche, algunas veces entre lágrimas se asomaba una sonrisa creyendo que ella pudiera estar disfrutando de tan bello alimento, estuviera aprovechando los nutrientes, conviviendo conmigo, tenerla entre mis brazos y acariciando su rostro mientras la estuviera alimentando.

Fueron casi 4 semanas más que pude extraerme leche, hasta que llegó el momento en que no salió más y empecé con desesperación y rabia intentar producir más leche, pero ya no podía hacer más, mi cuerpo ya había detectado la ausencia de Rebeca.

En ese tiempo ignoraba que se podía donar, si hubiera sabido, creo que hubiera puesto de mi parte para cuidar de mi alimentación, almacenarla y entregarla a algún bebé necesitado de los nutrientes de la leche materna. Si estás interesada en donar tu leche, puedes consultar en los hospitales de tu localidad para donar –seguramente, que los hospitales de gobierno o públicos son los más necesitados-.

Leche Materna RebecaA casi 6 meses de su partida, aún conservo la leche materna que recolecté para llevarla al  hospital, los días en que mi Rebeca aún vivía. No estoy preparada para desecharla. Siguen esos botecitos en el congelador, unos detrás de otros, y otros hasta el fondo… son parte de mi tesoro, son parte de Rebeca. Y seguirán ahí hasta que decida lo contrario. A veces sólo abro el congelador para verlos, para contemplarlos, para inundarme de fortaleza y seguir. Ellos son muestra de que Rebeca existió (inconscientemente uno quiere saciar su necesidad en demostrar que sí existieron), aunque nunca logró conocer su casa, nunca logró estar aquí, nunca salió del hospital…viva. No importa si los pasos que estamos dando sean cortos o lentos, o inclusive hacia atrás, lo que importa es que estamos continuando con la vida diaria, sobreviviendo en éste viaje.

Escrito por Yoana, mamá de Rebeca.

Un comentario en “Comparte: Pechos llenos brazos vacíos.

  1. El dolor en tus pechos es algo que jamás hubiera imaginado, el cuerpo sigue su curso pero a mi no me broto leche al día siguiente ni a los dos días, fue 15 días después, después de medicamentos, hormonales, pechos vendados, después de todo eso, me broto leche y yo sin saber porque había pasado, si todo parecía que ya estaba “bien”, bueno creo que fue algo que no se comprende jamás. Son cosas inexplicables aunque quiero creer lo que me dijo mi madre, en ese momento era 30 de octubre, cercano al día de muertos y me dijo mi nieta vino a comer, y yo con lágrimas hablaba con ella, solo me salió dos días leche y se esfumó como por arte de magia, no fue en abundancia, pues mi madre me volvió a vendar los pechos y a ponerme fomentos de agua fría para parar la producción. Es algo que jamás imagine pues nunca pensé que los bebés murieran dentro de uno, y menos que tu cuerpo siguiera un proceso natural. Ahora no se si mi ser este preparado para tener un nuevo embarazo, quizá el cuerpo sí pero la mente no lo sé.

    Un abrazo

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