Ellas

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Cuando llegan a casa, el final del día, tienen a todos sus hijos alrededor de la mesa. No falta ninguno. No hay sillas vacías, su casa no está llamativamente decorada con mariposas y estrellas. No hay altares paganos con velitas y ecografías o impresiones en tinta de las manitos y pies más pequeños que alguien se podría imaginar. Y nadie es un arcoíris.

Son las mamás de puros hijos vivos. Para las que la seguidilla siempre fue: sexo, embarazo, parto, maternidad. Las que no disocian embarazo con hijo en brazos.

Son mis comadres, también.

Se unieron a la ola de luz. Prendieron una vela. Se acordaron de mi hija, de los hijos de tantas mujeres y tantos hombres. Hijos que faltan. No son sus hijos, pero saben que faltan. Y se les estruja el corazón. Prendieron una velita recordándolos.

Estas comadres también nos leen. Dicen los nombres de mi hja en voz alta. Saben que para mí es el cariño más grande oir su nombre. Lo dicen con amor, como un hermoso regalo. Dicen, “su hija se llama Luna”. En presente. En voz alta. Por nosotras.

Ellas la quieren.

A veces, se les llenan los ojos de lágrimas.

Hablan con sus hijos de mi hija. Conversaciones sobre la muerte, sobre el amor y las almas y los cuerpos. Cosas que dan miedo e inseguridad. Y se animan a hablar de eso con sus hijitos, porque más que nada, son historias de amor. Ellas, las de los vivos, también saben que nuestros hijos son las historias de amor más potentes.

Ellas nos ven fuertes, grandes, poderosas. Nos ven guerreras, supervivientes. Creen que hacemos lo que ellas no podrían hacer. Se equivocan. Nadie podría hacer lo que hacemos. Nadie puede vivir cuando un hijo muere. Pero lo hacemos. Se hace. Es lo que es. No somos más especiales o más fuertes o más sabias. Simplemente, a alguien le tenía que tocar, y nos tocó a nosotras. Vivimos sin nuestros hijos porque es lo que hay. Nosotras tampoco lo podemos hacer.

Sé que también hay otras.

Como si escuchar nuestro dolor fuera a hacerlo realidad: los bebés también se mueren. Como si diciendo que igual no llegamos a encariñarnos, o vendría mal, o algún dios lo quiso, o ya vendrá otro… como si así se pudiera borrar el dolor. Pintarlo para que esté bien, para camuflarlo y que desaparezca la posibilidad de que los hijos mueren.

Yo sé que a veces hay gente que quiere cambiar lo que oye, porque lo que oye es que nadie está protegido, que los hijos pueden morir, que también les podría pasar.

Ninguna quiere preparse un café con leche consciente de que quizás hoy puede quedarse sin un hijo. Sin lo que más ama en la vida. Sin lo único que verdaderamente importa. Porque nada valdría la pena. De saber que mi hija puede morir, no la llevo al cole, no preparo la comida ni voy a una reunión. Me quedo abrazándola, mirándola como un águila, para que la muerte no se la lleve. Quizás si la miro todo el tiempo la salvo. La voy a cuidar más y mejor para que la muerte no me la arrebate. Porque es impensable que queriendo con toda el alma, haciendo lo mejor para un hijo, deseándolo con el corazón entero, esperándolo y preparándole una vida maravillosa… es impensable que, igual, se pueda morir. Entonces, algunas, no pueden oirnos, porque el miedo es demasiado grande. Porque les recordamos que nadie le gana a la muerte. Ni el amor le gana a la muerte.

A veces no nos entendemos. Mirarnos les duele.

Escuchar lo que nos dicen para camuflar el dolor y protegerse es como si nos escupieran en la cara. Como si nos quisieran robar lo que tenemos.

Al final del día, somos todas comadres.

Mi corazón se contenta al lado de las que me quieren. De las que se me sientan al lado, nos tomamos un té, hablamos de la vida, nuestros hijos, los vivos y los muertos, los que vendrán, las suegras, el olvidado suelo pélvico, el tipazo de la Pataky. Una tarde con mis brujas sana el alma.

Espero que todas encontremos nuestro pequeño akelarre.

#habloporqueimporta

3 comentarios en “Ellas

  1. Precisamente tengo un grupo de amigas que cuando nos juntamos, le llamamos akelarre…jeje.

    Tienes razón, ¡qué importante es rodearse de gente que te quiere!

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  2. Que buena forma de entender la mirada del otro. Me has hecho pensar y esto me ayuda a poder relacionarme con algunas personas con las que me sentia bloqueada. Por su mirada de miedo, de decir menos mal que le paso a ella y no a mi, su mirada de porque le paso, se lo merecia, porque puede soportarlo(porque dios solo da lo que uno puede tolerar), o directamente de no querer enfrentar que cosas malas pasan a gente buena, hijos se mueren a madres que los adoran y los desean y otras que no los quieren y los dañan tienen toda la vida haciendo sufrir a sus hijos. Porque mucha gente estas cosas no las quiere pensar y las evita. Y nosotros, nuestros angelitos, nuestra vida es el reflejo de cosas con las que no quieren o no pueden lidear. Muchas gracias cheli

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  3. “Que los hijos pueden morir… que también les podría pasar”… y a mi me pasó se murió mi bebe en mi vientre…. tengo 2 hijitos pero solo el grande se quedó físicamente…. no somos valientes pero nos tocó….

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