Comparte: MUERTE GESTACIONAL Y PERINATAL

Muchas mujeres, más o menos una de cada cuatro, pasan por la dolorosa experiencia de un aborto involuntario en algún momento de su vida reproductiva. Se puede afirmar que forma parte de la sexualidad femenina, aunque sea extremadamente triste y, lamentablemente, una experiencia muy ignorada por parte de la sociedad.
Probablemente estas mujeres compartan contigo asiento en el metro, en la Universidad o sean tus compañeras de trabajo o tus familiares, aunque nunca hayan tenido el valor de contártelo.
Hasta un 15% de los embarazos confirmados se detendrán antes de que finalice el primer trimestre. A éstos habría que sumar un tanto por ciento muy elevado de casos que no se cuantifican porque se confunden con retrasos puntuales en la menstruación y reglas muy abundantes. Las causas son muy variadas, principalmente se deben a anomalías cromosómicas, pero en un 70% de los casos, no se sabrá nunca a ciencia cierta qué es lo que ha sucedido. Pero esto, que sea extremadamente frecuente, no sirve para nada de consuelo.
Muchas parejas optan por no contar nada de su embarazo hasta pasado el primer trimestre, cuando se supone que ha pasado el mayor peligro y el embarazo ya se empieza a notar físicamente. Es una decisión personal, para nada juzgable, pero si ese bebé decide marcharse, el duelo también se vivirá en solitario y puede que lleguen reproches por no haberse vinculado afectivamente con ese nuevo ser. Nos dará mucha pena no haber comprado ese babero, ese osito de peluche o cualquier otra cosa que vimos, pero no nos atrevimos a comprar por si ese pequeño no llegaba a nacer. Nos dará igualmente pena no haber elegido su nombre. Nunca es tarde para hacerle un regalo a nuestro bebé soñado, para buscar su nombre y, sobre todo, nunca es demasiado tarde para dar consuelo a nuestro corazón.
Todas las parejas, o las mujeres que asumen su maternidad en solitario, esperan con ilusión al que ya sienten desde el primer momento como su hijo. Poca gente siente que haya perdido un embarazo, la mayoría sentimos que hemos perdido nuestro hijo, como ya he mencionado, nuestro bebé soñado. Y cuando esto sucede, cuando nos comunican que no hay latido, comenzamos a sangrar o notamos un dolor en el vientre más intenso, nuestra peor pesadilla se hace realidad. En muchos casos, el embarazo se había hecho esperar. No son pocas las parejas que recurren a tratamientos de fertilidad en la actualidad.
Y de repente, sin previo aviso y sin ningún tipo de preparación previa, la alegría se convierte en un profundo dolor. Nadie te avisa que esto te puede suceder a ti. Ni tú misma te lo planteas, aunque lo hayas vivido de cerca con alguna amiga o familiar.
Supongo que pasa lo mismo que con los accidentes de tráfico, siempre pensamos que les suceden a otros, nunca a nosotros. La muerte en nuestra sociedad se ignora, no existe, no es prudente ni está bien visto hablar de ella. Pero la muerte gestacional es aún más tabú en nuestra sociedad enferma e hipócrita. Nadie espera abrazar la muerte cuando precisamente deberías estar abrazando la vida. Y nuestro entorno, y mucho menos los afectados, sabemos cómo reaccionar ante esta tragedia. Yo recuerdo sentirme como una bendición con patas cuando confirmé mi embarazo. Había creado la vida y en aquel momento pensaba que era lo más grande que podía hacer. En un solo día pasé a sentirme como un despojo humano.
Nos enfrentamos a un dolor muy difícil de compartir. Muchas mujeres optan por hacer como si no hubiera pasado nada, hacen de tripas corazón y regresan a sus vidas aparentemente enteras. No me parece la mejor opción porque el dolor que se calla, se multiplica. Por dentro sentimos que nadie conoce nuestro sufrimiento, su profundidad y el caos que nos puede generar. Los sentimientos de culpa en estos primeros momentos son algo muy común. Y si alguien llega y te dice algo tan común como lo siguiente: “no te preocupes, para el próximo embarazo te cuidas”, el trauma ya está servido. Es importante también resaltar que nuestro dolor nada tiene que ver con el tamaño del bebé. El binomio bebé pequeñito, pena pequeñita, nos estrangula, nos asfixia. La rabia, la culpa, el miedo, la inseguridad, la nostalgia, la tristeza o, incluso, el enfado con el bebé que se fue, son emociones que se despiertan de una forma natural. Es muy importante que sepas que cualquier sentimiento que experimentes es completamente normal. Si te apetece chillar, romper objetos o llorar a moco tendido, hazlo sin más, nadie tiene derecho a juzgarte. Todo este revoltijo de emociones son nuestra particular defensa ante un cambio que nos resulta demasiado grande. Y a la vorágine hormonal a la que nos vemos sometidas, hay que sumarle las prisas del entorno para que lo intentemos de nuevo cuanto antes, para que olvidemos a ese bebé que partió demasiado pronto y para que volvamos a ser las mismas, cuando esto último es imposible. ¿Olvidar a un hijo? ¿Por qué? ¿Para qué? Todos los hijos, los nacidos y los que no llegaron a nacer, se merecen su espacio. Y nosotras no volveremos a ser las mismas mujeres. Es así, no es bueno ni malo, simplemente es y hay que aceptarlo. Con el paso del tiempo nos daremos cuenta que nuestro bebé nos ha enseñado mucho, que de todas las experiencias negativas se puede extraer algo positivo, pero, en un primer momento, nuestro cuerpo nos pide tiempo. Tiempo para recuperarte físicamente, para llorar todo lo necesario, para reconstruir tu relación de pareja… Tiempo como tras cualquier parto. Pero ¿cómo se va a hablar del puerperio sin bebé, si apenas se habla del puerperio con él?
¿Y ante un nuevo positivo en un test? ¡Ilusión, mucha ilusión!, pero también mucho miedo. La espera nunca volverá a ser igual tras una pérdida. Se nota mucho en las clases de preparación al parto los papás que ya han pasado por una pérdida y los que mantienen su inocencia intacta. A veces nos costará involucrarnos con nuestro nuevo bebé, puede que hasta nos sintamos culpables por no hacerlo, pero hay que intentarlo. El miedo siempre estará ahí, pero lo que nos ha pasado una vez, no nos tiene que volver a suceder y por nuestra propia salud emocional y por la salud de nuestro bebé, debemos aprender a convivir con este miedo. Yo he experimentado un auténtico pánico con las ecografias, no quería ni mirar el monitor, ni la expresión del médico que me estaba atendiendo. Es un miedo irracional, no tengo conocimientos suficientes como para saber interpretar correctamente una ecografia y el médico puede que tenga un mal día y su expresión dependa de eso. Por todo esto, cuando esta dura experiencia tiene lugar, es preciso abordarla desde la correcta información, el buen acompañamiento y apoyo del entorno, los rituales de despedida y la intervención psicológica si fuera necesario. Porque recurrir a un psicólogo, un terapeuta o una doula no debe verse como un fracaso, más bien como una medida más que nos ayudará en el proceso que estamos viviendo. Y hay que ser muy valiente para reconocer que necesitas un empujoncito. La doula que acompaña pérdidas gestacionales, perinatales y su duelo correspondiente escucha el dolor de la madre y de la pareja que ha sufrido una pérdida desde la compañía, el respeto y la comprensión, facilitando los recursos que precisen. Muchas veces no es necesario nada más que acompañarles y dejar que manifiesten su dolor, sin ofrecer consejos no pedidos. Enseña a los padres a honrar a esos bebés que solo vivieron en el mar amniótico, que nos hicieron sentir mariposas en la tripa y en el alma y que nos convirtieron en padres de por vida. Porque los hijos son para siempre y los abortos también. Le da la importancia que tienen, exactamente igual que las muertes fuera del vientre materno porque éste es nuestro gran reto como sociedad y como personas.
“Quién mejor que aquel que ha sentido en carne propia una herida, puede curar tan suavemente la misma en otro” T.Jefferson
Escrito por Sherlyn Tello Escobar.

2 comentarios en “Comparte: MUERTE GESTACIONAL Y PERINATAL

  1. Un escrito muy completo y acertado. Para tod@s l@s que tenemos hij@s mariposa es importante que se vaya visibilizando lo que vivimos.Y para l@s que tenemos pequeñ@s arcoiris también, que hay una gran diferencia entre vivir con la ilusión por encima del miedo y sintiéndose acompañad@s o no. Gracias por compartirlo.

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  2. Hola leer estas palabras cura un poquito el alma….saber q alguien escribio todo lo q siento,me sucede despues d haber perdido mi embarazo…mi bebe tan deceado x su hermano de 8años,su papa y yo su mama….xq el es mi hijo,mi estrella guadalupe o benicio…gracias x acompañarme cada dia c frases o redacciones q m ayudan…

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