Luces coloridas de arcoiris

Habían pasado solo un par de días desde que el calendario había marcado mi primer año con y sin Thomas. Mi cabeza estaba envuelta en una vorágine de sentimientos, pensamientos, y preguntas ante tantos sueños inconclusos. Traté de vivir esa fecha de la “mejor forma posible”, y creo orgullosa que lo logré. Bien dentro mio, comenzaba a aceptar esta realidad de madre con y sin mi hijo. Al decir que la estaba aceptando, no quiero decir que el dolor se estaba marchando, pero si estaba en un lugar mas cómodo, donde había decidido que si ya no podía cambiar esta cruel y dura realidad, haría lo mejor para vivirla de la manera menos dolorosa posible.

Una tarde recibí un mensaje de un miembro de mi tribu. Una madre en duelo como yo. Inocentemente me preguntó si acaso estaba buscando un nuevo bebé. Cuando le expliqué que no, que mi esposo y yo aún no estábamos listos ni preparados, y que en honor a la verdad, un nuevo hijo ni siquiera estaba en nuestros planes, su respuesta me descolocó. “Pero si ya pasó el año, lo normal es que estuvieran buscando”.

Y es aquí precisamente en donde me quiero detener. En todo el camino que he recorrido a través de mi duelo, lo haya hecho de buena o mala manera (porque en realidad no hay recetas ni paradigmas para vivir esto, se vive y se sobrevive según uno pueda), creo que muchas veces nos encontramos con la incomprensión de otros que no lo han vivido, y a veces hasta nos sentimos juzgados. Pero lamentablemente, esto también se ve entre nosotras, miembros de la misma tribu.

Mi esposo y yo hemos decidido que aún no estamos listos para ser padres de nuevo. Hemos decidido, aunque para muchos suene extraño, que queremos disfrutar la ma /paternidad de Thomas como hijo único, y dedicarnos a él por el tiempo que estimemos conveniente. No les miento, el factor “miedo a que nos pase lo mismo” juega un rol muy importante, pero creo que la dirección en la cual la vida nos ha llevado después de la partida de Thomas, nos hace conscientes de esta decisión, aún cuando nos veamos enfrentados constantemente al escrutinio de la gente. “¡¿Pero cómo?! si ustedes son sanos. ¿Cómo no van a querer intentar de nuevo?”. “¿Y no les da pena pensar en que hay padres que han perdido a su bebé y no pueden tener más, y ustedes que pueden no quieren?”. “Mejor aprovechen que aún son jóvenes, si se deciden cuando estén más viejos capaz que les cueste mucho más”. “Yo tuve mi bebé arcoiris y me ayudó enormidades” “¿De verdad no tienen ganas de sentir lo que es tener un hijo vivo al lado?”.

Soy el tipo de persona que respeta las libertades personales. Y también comprendo que el duelo y sus derivados es tan único como la persona misma. Cuando veo mamás que han sufrido tanto, alegres porque están esperando a su arcoiris, siento gozo y felicidad genuina en el alma. Me emociona verlas sonreír, contar alegres como va su embarazo, y ver las fotos de esos bebés tan esperados una vez que nacen. Y no creo que porque yo no quiera sentir lo mismo en este momento sea una mala persona. Es solo que mi duelo me llevó a otros tipos de arcoiris que estoy disfrutando al 1000%. Y al decir esto no soy una persona egoísta, por el contrario, estoy siendo muy generosa con alguien que ha sufrido bastante y merece hacer lo que en este minuto le traiga felicidad. Sí, estoy hablando de mi.

Actualmente me desempeño como Profesora de Inglés de Enseñanza Superior. Me encanta mi trabajo, adoro a mis alumnos, y ellos me llenan de amor y de luz cada vez que van a mi oficina y ven la foto de Tommy y me dicen “que lindo que es su hijo miss”. O cuando llegan con calas (flor del jarro o alcatraces en algunas partes, que son mis flores favoritas) y con una sonrisa me dicen “éstas son para el Tommy, miss”. Este año una alumna me entregó unos chocolates hechos por ella para el día de la madre, y en mi trabajo le dieron un pequeño presente a todas las madres y yo también recibí uno. Mi esposo trabaja conmigo, también es Profesor de Inglés, y he conocido gente maravillosa; profesores, alumnos, compañeros de trabajo. Todos llenos de amor y de buenas energías.

También coordino en mi ciudad, Chillán, el grupo de apoyo para padres en duelo “Del Dolor al Amor”, en donde he conocido personas que hablan en mi mismo idioma, con quiénes he reído y he llorado en persona. Y por supuesto, vía Facebook, he compartido con amigas de todas partes del mundo, quiénes a veces con un “te abrazo amiga” de forma virtual, me alegran el día.

Y por último pero no menos importante, el mismo mes en que Thomasito cumplía su primer año, llegué aquí, a Mirar al Cielo. Y conocí bellas mujeres, con grietas como las mía, pero que aún a pesar de eso siguen tratando de sonreír y ayudar a otros.

¿Si esto no es estar rodeada de luces coloridas de arcoiris, que mas podría ser? 🌈🌈🌈

Para finalizar solo quiero agregar que en la vida, y sobretodo luego de este suceso que hemos experimentado, lo más importante es estar uno conforme con las decisiones tomadas, dejar siempre un pequeño espacio para el misterio, ya que sabemos por experiencia que hay muchas situaciones que no podemos controlar, y por sobre todas las cosas, ser respetuosos de los procesos de los demás. Quizás la vida me sorprende más adelante con un bebé arcoiris, quien sabe. Pero por mientras disfruto de mis pequeños arcoiris, los que día a día me muestran que la vida no es tan horrible, y que vale la pena seguir viviéndola, a pesar de todo. 😘😘😘

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