Duele una vez y duele otra vez más… #elduelodelosabuelos

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Y ahí estaban ellos, tres años después, sosteniendo globos con corazones colgando, vestidos de blanco y rodeados por los demás nietos sin saber que más hacer…

Estos últimos quince días han sido toda un revelación para mí. El solo hecho de recordar sus caras hace que se me erize la piel, de entrada porque nunca me imaginé verlos ahí compartiendo ese momento con nosotros, porque para ser honesta nunca han entendido todo esto, todo esto de escribir y hacer pública esta parte de mi vida, de seguir hablando de ellos, de romper el silencio. La familia entera no comprende este “afán” mío por no olvidarles, por tenerlos presentes, por hacer actividades que no entienden, piensan que me la llevo metiendo el dedo en la llaga y que soy un tanto masoquista.

Yo se que en el fondo todavía les duele, pero es inevitable para ellos no seguir con la vida que empuja hacia adelante. Y en mis días malos les he tachado de insensibles y seguido siento que los han olvidado. Es raro cuando en su casa se habla de ellos, es raro que ellos los mencionen o los traigan al tema si nosotros no lo hacemos, en conversaciones no los mencionan como nietos. Mis cuates viven en la clandestinidad.

Pero ese día lo pude ver en sus ojos, después de tres años a ellos les duelen sus nietos que murieron y también les duele la hija que se fue con ellos, la parte mía que murió ese día de septiembre al enterrar a dos de mis hijos.

Así es el duelo de los abuelos, un duelo en segundo plano, un duelo que no se vive como debe, muchas veces por tener que estar ahí para su hijo o hija. Un doble dolor que se puede malentender como frialdad o falta de interés. Nuestros padres nos alientan a seguir adelante y dejar atrás porque es su manera de preocuparse por nosotros, pero la verdad es que a ellos tampoco nadie les dijo que hacer cuando pasa algo así. Apoyar a tu hijo por la muerte de su bebé no es algo que venga en un manual al convertirte en padre.

Antes de juzgarlos deberíamos parar a pensar lo que en realidad están sintiendo. Si ese gesto que vemos frío es solo una mezcla de amor y dolor sin cause. Después de todo imagino que ellos también necesitan ser comprendidos, a ellos también les duele, ellos también perdieron parte de su familia ese día, su sangre, su descendencia, a uno o unos de sus nietos.

Y ahí estaban ellos, tres años después, sosteniendo globos con corazones colgando, vestidos de blanco y rodeados por los demás nietos sin saber que más hacer.  Apoyando sin entender al cien por ciento, viviendo  como pueden su duelo…

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