Comparte: Ojitos de Cielo

Corría el año 2009, yo tenía 30 años y estaba enamorada de David, de 23, llevábamos juntos más de un año.

La noticia del embarazo nos sacudió un poco, sobre todo a él que era más jovencito, pero íbamos juntos a los controles y estábamos felices.
El embarazo no era del todo normal, me habían dicho en una ecografía que presentaba un fibroma en el útero y que podía ser un riesgo. Tuve algunas perdidas y me enviaron a tomar progesterona, había signos de desprendimiento de placenta. Sin embargo, nuestro bebé mostraba un crecimiento normal y se movía mucho. En la semana 19 nos dijeron que era un niño, ¡¡qué felices fuimos en ese momento!! ¡¡Los dos deseábamos un niño!!  JULIÁN JESÚS fue su nombre. Estuvimos de acuerdo desde el primer momento con su nombre.

Y así todo marchaba bien aunque con complicaciones, pero nadie me había dicho que todo podía empeorar…

Fue un jueves, amanecí con pérdida y muy asustada. Fui a la guardia de un hospital materno infantil (Chutro de S. A. de Padua) y me fue negada la atención por estar de guardia, solo me dieron una orden para hacerme un análisis de orina la mañana siguiente. No conforme, fui al centro médico donde me hacía los controles en forma privada y me atiende una ginecóloga, que luego de certificar que yo estaba con contracciones, me pide una ecografía de urgencia y me dice “tenés un embarazo muy avanzado, así que de acuerdo a lo que diga la ecografía, quizá tengas que internarte, estaba de 25/26 semanas.

El señor que me practica la ecografía, que era el que me había hecho todas hasta el momento, me dice “pareciera que tenes contracciones, así que vas a tomar algo y vas a hacer reposo; me envía a tomar Duvadilan para frenar las contracciones y a mi casa. Salí de ahí a las 20hs. A las 12:30 ya del día 25 de septiembre, tengo una pérdida de sangre abundante y me voy a la guardia del Hospital de Moron, donde me atiende el Dr., Lautaro Desimone quien luego de hacerme un tacto y con el monitoreo colocado en mi vientre, donde se oían claramente los latidos del corazón de Julián me dice: “el panorama no es bueno, tenes la bolsa en la vagina, no se puede hacer nada, el feto es muy chico y no va a vivir” esas fueron sus palabra. Jamás se me hizo una ecografía ni otro estudio.

Yo estaba sola, en ese momento llamé a una amiga de mi madre ( mi madre vivía en España )  ella se acercó al hospital. En ese momento llegó David, el papá de mi Julián, y la amiga de mi madre pregunta “¿qué es lo que se puede hacer?” a lo que el medico responde nada. Ella insiste: “pero y si fuera tu hija, ¿qué harías vos?”- a lo que este individuo responde: -“no debería ponerme en esta situación, pero yo si tengo que tomar una decisión, en este momento rompo la bolsa y ni lo osculto”…

Quería quitarme a mi hijo, al que le latía el corazón, el que se estaba moviendo dentro mío en ese momento… Quería quitármelo como quien ayuda a una perra a parir, dando por hecho que ese “feto” como el decía no iba a vivir. Pedí que me llevarán a otro lado, que estaba claro que ahí, nadie iba a luchar por la vida de Julián pero no se nos permitió.

Decidieron por mi, decidieron medicarme y ponerme en la sala de alto riesgo, con una almohada bajo la cadera y suero con no se que cosas. Ya en la cama rl medico dijo:- “si dios quiere, y hay un milagro, tu hijo va a vivir, pero vos ya sabes” y se fue. Me sentía fatal, tenía contracciones fuertes, sentía que me asfixiaba, pedí a la chica que estaba también internada en esa sala que llamara al medico. Vino la enfermera y le dije que sentía ganas como de orinar, puso una chata debajo mío y se fue. Yo temblaba, me acuerdo que me temblaba todo el cuerpo y sentía como se movía mi hijo. Pensaba: ¡¡¡Por Dios!!! si mi hijo nace se va a morir porque nadie lo va a asistir, era una pesadilla.

En ese momento, rompí bolsa. Vino el medico, se sentó junto a mi en la cama, sacó dos guantes de su bolsillo y dijo: – “ya sabías lo que iba a pasar, así que colabora porque en este momento va a empezar a correr peligro tu vida”- Yo respondí:-  “¡No! No me hagas pasar por esto, Llévame a un quirofano, háganme una cesárea y pongan a mi hijo en una incubadora,  ¡Por favor! ”  “No se puede hacer nada, empezá a pujar”. Y así nació Julián, al que envolvieron en unas gasas y me dijeron: – ¿Querés verlo?” Y ahí lo vi… pequeño y moviéndose. ¡Y se lo llevaron!. Serían las 3 de la madrugada y una hora más tarde vuelve a venir ese individuo y me dice: “Bueno, sabías que el feto no iba a vivir, así que ahora lo llevamos a anatomía patológica para la autopsia, si querés el cuerpo lo tenés que venir a retirar en 10 días.”

No dejaron que nadie lo viera  ni dejaron que nadie entrara a verme.

Me dejaron en la cama esa, ensangrentada con la placenta dentro y el cordón colgando entre mis piernas. Desde el momento del parto hasta cerca de las 10 de la mañana, que vino una mujer a ayudarme a expulsar la placenta y a llevarme a un legrado evacuatorio. Tuve las visitas sobre las 14 hrs. y luego, ya nadie me venía a ver;  al doctor no lo volví a ver jamás y sólo sentía que lo que nos había sucedido era injusto, que mi hijo había sido dejado morir, que nadie nos había ayudado. Y para colmo en la sala de al lado todas las mamás con sus bebés que lloraban, que mamaban, que tenían vida.  No lo pude soportar y sobre las 4 de la madrugada del sábado pedí que me dieran el alta, porque era inhumano que nosotras, que habíamos perdido nuestros bebés, tuviéramos que estar pasando por esta situación.

Me dieron un alta “bajo mi responsabilidad” diciendo que no tenía el alta médica y que me iba por mi propia voluntad. Diez días después, con todo lo que implicaba volver a ese lugar, fui a por mí historia clínica y a por el cuerpo de mi hijo, pero las cosas no podían haber sido peores. Me recibe el jefe de la guardia de maternidad y pregunta: – “¿Qué venís a buscar?, ¿Qué cuerpo?” y con lágrimas en los ojos digo: – “El cuerpo de mi hijo. Me dijeron que en 10 días me lo entregaban “-  a lo que el hombre me dice: – “¿Pero quien te dijo eso?”,  y cuando digo el nombre del médico, me responde: – “Ahhh, no, pero ese chico no entiende nada, vos expulsaste un feto que como no tuvo un peso determinado, no se lo considera una persona, así que no hay cuerpo que entregar”. Quedé en shock  sin nada que decir, me bajó la presión y me desvanecí.

Antes de irme, vi a una asistente social que me dijo: – “No vale la pena mamá, para que te lo den, vas a gastar mucho en abogados y después, ya ni vas a saber si lo que te den es tu hijo”. No dije nada y me fui…

Nunca tuve ningún certificado, nunca en la autopsia leí la causa de la muerte, y nunca más he vuelto a ese lugar. He visto abogados durante años, con la intención de demandar al hospital y a todos los que participaron esa noche de la muerte de mi hijo. Muchas veces pensé que esa noche me lo podrían haber robado, porque una escucha muchas cosas. Solo pienso que mi Julián, mi OJITOS DE CIELO como le decíamos con el papá que tenía ojos bien celestes, sabe que lo amamos, que no lo olvidamos y que hoy tiene una hermanita de casi 3 años, que es una dulce y que seguramente lo hubiera amado también.

Si estás leyendo esto y pasaste por algo similar ¡sábelo!: No estás sola.  Somos mamás del dolor y siempre vamos a estar unidas por nuestros angelitos.

Escrito por a mamá de Julián.

2 comentarios en “Comparte: Ojitos de Cielo

  1. Mamita… me puse a llorar con tu relato.. como si no fuera terrible perder un hijo, los doctores a veces son tan poco humanos.. deseo con toda mi alma que no se traten mas a las mamas que perdemos una parte de nosotras…

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  2. Lamento mucho tu dolor ,te entiendo ya q yo pase x lo mismo estuve en un pabellón con mi nena dentro de mi vientre sin latidos q escuchar esperando q me hicieran cesaría mientras, q las demás personas tenían ese aparato en sus vientres q hacían ruidos de los latidos cardíacos de sus bebés ,siento q la vida es injusta ,era mi primera bebé lo amo tanto .

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