Sábados de poesía: Se me helaron las ideas una noche de agosto.

 

Se me helaron las ideas una noche de agosto

se me cayó la luna y se partió en fracciones tan pequeñas que no pude formarla otra vez,

se apagaron las estrellas titilantes en el cielo,

se detuvo el viento y espesó el mar azul profundo

corrieron los árboles y amaneció en gris y pronto vino un aire vagabundo.

 

Se me helaron las ideas y el corazón un sábado de invierno.

La tierra cambió su eje, mi eje giró en reversa

se abrió la duda absurda, inhumana y sufriente

dolorosa y engreída, había permanecido escondida

y esa noche fatal se mofaba hiriente.

 

Se aplastaron los sueños esa noche fría y lluviosa

se callaron las voces y gritaron las lágrimas húmedas.

Apareció el señor miedo y se coló doña tristeza

y las rendijas de las almas se hicieron grandes compuertas abiertas

por ellas se entró la angustia y el desconsuelo y el dolor creció como una maleza.

 

Se elevaron los llantos esa noche fatídica y ridícula

la pesadilla se hizo real.

El guión cambió su escena, su trama, su cauce.

Se quebró la rama, se fundió el cielo con la tierra

y faltó, por siempre, un suspiro genuino.

 

Se acallaron las risas, se volvió de cemento el sol, se pintó de amarillo el mar

se nublaron los ojos de agua, se partieron las manos  vacías de tanto esperar

se agrietaron los labios al decir el nombre ansiado

se cerraron los ojos de no verla mas

se doblaron las piernas, se apagó el mundo, se acabó esa dicha el camino de flores.

 

Se rompieron las fuentes de las emociones,

llegó lo incoherente ingrato y desolador,

se tejió una enmarañada red de desencantos.

Esa noche de invierno se hizo invierno en los corazones

y la lluvia entró en el alma por siempre.

 

Se metieron las ideas en una madriguera

se tumbaron los sueños en un pozo sin final

se dispersaron las voces alaridas, quejumbrosas, resonantes de pena.

Cayó la magia, la sal, se acabó la señal de la vida

se acabó la música terrenal y empezó una celestial.

 

Los pentagramas botaron sus notas, se deshicieron como mantequilla en el fuego.

Se acurrucaron los días en el recuerdo de esa noche gélida e ingrata,

esa noche que no debió ser escrita en los libros

que no debió acontecer ni en los sueños nocturnos hilarantes y afiebrados

esa noche no debio acaecer ni en los remotos confines del mundo cruel.

 

El retrato de esa noche oscura fue trazado con carbón,

no hay color para esa noche egoísta.

Su recuerdo es tormentoso y amargo,

es frío su recuerdo, lluvioso, mojado, húmedo de dolor

funesto en las memorias nuestras.

 

De esa noche no queda más que angustia viviente

que se asolapa en lo diario pero ahí está, agazapada y palpitante

oculta entre el follaje de la vida, pero presente al fin.

De esa noche ha quedado el trago amargo de mi vida

Un trago que nunca termino de beber y que se torna más amargo cada vez..

Escrito por Isabel Ramírez  tía de Josefina.

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