Paz-ciencia #buscandopaz

Comienzas el día agotada, ya que la noche anterior los recuerdos se venían a tu mente uno tras otro, sin dar tregua, manteniéndote en un estado de vigilia que tu cara evidencia cuando llega la mañana. Tienes otras obligaciones; trabajas, puede que tengas otros hijos o quizás no, tienes un esposo que también sufre y que también necesita atención. Tienes una familia expectante, que espera por todos los medios verte “de vuelta a como eras antes”, y por lo mismo muchas veces se atolondran, no saben que hacer ni decir, y terminan haciendo los comentarios mas desafortunados que existan, aunque muchas veces es su torpeza y no la mala intención la que habla.

Seguramente estás en estado “zombie”, caminas, te mueves, pero sin estar realmente viva. Quisieras de manera desesperada que todo fuera como antes, quisieras poder dormir 8 horas de corrido sin que las pesadillas te despierten, quisieras poder sonreír junto a los tuyos sin sentir que lo estás fingiendo. A ratos sientes que te vuelves loca, no puede ser posible tanto dolor, ¿quién lo aguanta?, “ya no puedo, no, no, ya no mas por favor”.

Y luego en medio de tanta oscuridad, entre esas nubes negras que te envían tormentas y mas tormenta, tímidamente aparecen rayos de luz. De primera se ven lejanos, casi como una aparición, pero luego son mas tangibles, mas comunes, bálsamos para el corazón. Una sonrisa desde el alma que nace espontáneamente cuando alguno de tus otros hijos o algún sobrino querido hace alguna payasada. Un abrazo de esos sin palabras que alguien te da de la nada, en el momento que mas lo necesitabas. Un amigo que recuerda algún detalle de tu hijo y te lo hace saber.

Una cucharada de tu postre favorito. Pequeñas cosas que te hacen sentir viva. No, tu hijo o hija no se molesta al verte sonreír, ¡todo lo contrario! En silencio sigue tus pasos, enjuga tus lágrimas, te susurra al oído “mamá tu puedes”, cuando sientes que quieres abandonar todo. Esas fuerzas que de a poco vas sintiendo y que te ayudan a pararte día a día no vienen de la nada, ¿quién crees que te las está inyectando? ¡Claramente es tu hijo o hija! Y así, un día, ya no sientes culpa, aprendes a vivir con y sin tu hijo. Porque solo debemos acostumbrarnos a vivir sin la parte física de ellos, porque lo demás está siempre con nosotros.

Espero que algún día la paz vaya llegando a tu corazón, poco a poco, sin apresurarla, viviendo un día a la vez. Si ya la estás sintiendo, disfrútala sin culpas, sin remordimientos. Y por sobre todo, nunca olvides que el duelo es un proceso que requiere tiempo, y sobre todo, mucha paz-ciencia ❤

 

2014-07-22 17.44.34

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