¿Un tercer duelo? #secretosdemiduelo

MI ESPOSO TIENE UN HIJO, PERO EL NUESTRO MURIÓ. ¿UN TERCER DUELO?

Tengo un hijastro. Jamás había querido tocar este tema, ya que es algo muy íntimo pero siempre que un duelo es superado es bueno compartir la experiencia ya que alguna puede estar pasando por una situación similar.

Estar con mi hijastro nunca había sido tan incómodo como cuando mi primera hija murió y ni hablar cuando sufrí de infertilidad. Por mi cabeza pasó muchas veces “¡¿Será que no podré darle un hijo a mi esposo?!”, “¿Será que nunca seré mamá?”, ¡Qué impotencia tan grande!

Al principio de mi duelo era muy duro para mi estar en el mismo lugar los tres, puesto que veía el cariño tan grande que ambos se tenían y yo simplemente observando la bonita relación Padre – Hijo y fantaseando desde mi cabeza como sería si Julieta existiese en ese preciso momento. Mi dolor se afianzaba porque sentía que mi esposo tenía en quien refugiarse y yo no. Nunca dije nada al respecto pero el dolor lo vivía en carne propia; solo evadía estar con el niño, ¿Por qué ? Tal vez sentía celos de que mi hija también pudiese interactuar con su papá pero a la misma vez era un sentimiento extraño, no te sabría decir con exactitud que era lo que sentía pero mi cuerpo decía ‘No quiero estar con él’.

Escuchar la palabra ‘PAPÁ’ me retumbaba en el oído porque era su hijo el que la emitía, mas no nuestra hija. Sentía cierta envidia hacia mi esposo, sí,  ¡Suena feísimo, pero no podía decirle a mi mente y a mi corazón “no lo sientas!”, simplemente sucedía. Sentía cierta envidia de que él tenía un hijo y yo no. Me dolía profundamente saber que mi esposo podía celebrar “El día del Niño” con su hijo y que ese mismo día si Julieta viviera podíamos ir a un parque o tal vez un centro comercial y disfrutar juntos los cuatro, ¡pero no se podía! Mi hija no estaba, pero el de él, sí!…

Pienso que definitivamente fue un tercer duelo que me jugaba una mala pasada porque se me revolvía una cosa con la otra; la muerte de Julieta, mi infertilidad momentánea y que él (mi esposo) tuviera un hijo VIVO y yo no.

Pero todo cambió cuando me enteré que estaba en la dulce espera; ya el río tomaba su cauce y actualmente me gusta que ambos interactuen, sobre todo ver a Martina como le sonríe y que él le diga: “¡Hola, hermanita ! ¡Dios te bendiga!” definitivamente es un momento sublime entre hermanitos. Ya lo imagino siendo su protector. Martina no se ríe con nadie pero con su hermanito definitivamente es otro tema.

En definitiva el duelo, te ciega, no te deja ser quien realmente eres. Distorsiona tu propio yo, sacándote el lado más oscuro que puedas tener, ¡no te culpes! Yo logré entender que ante un duelo tan devastador como lo es la pérdida de un hijo, simplemente somos más vulnerables ante una situación que nos puede incomodar. Fácilmente logra sacarnos de nuestras casillas y puede poner en riesgo una relación de pareja si no se tiene una buena comunicación además de si no se toman cartas en el asunto rápidamente.

Mi mayor consejo es asistir a un especialista y abordar el problema de inmediato, ya que aunque mucho dolor te puede cegar uno sabe cuando hacemos o no el bien.

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