La mujer invisible

Me sentía invisible. Me sentía olvidada. Y eso que estaba rodeada de gente.
Tenía poco tiempo que me había pasado lo peor que puede pasarle a alguien; eso que no se le desea ni a tu peor enemigo, y sin embargo, a ninguna de esas personas parecía importarles ni un poco.

¿La gente es siempre así de insensible? ¿O solo me doy cuenta porque estoy pasando por esta situación? ¿Así solía ser yo?

-¿ Y cuándo nace? – Escuché a la tía Sandra preguntar –

Entonces me quise morir. O estar en cualquier otro lado, menos ahí. Quise distraer mi atención en cualquier otra cosa, lo que fuera, para no tener que escuchar la inminente conversación. Pero no pude, puesto que estaban ahí, a un lado de mí.

-Pues ya en noviembre, ¿tú crees? – dijo Dalina, la cuñada de mi esposo, sonriente, y por supuesto encantada de que le preguntaran. Yo en cambio, quería desaparecer de ahí.

Me levanté y fui al baño. Me quedé parada frente al espejo calculando el tiempo que tardaría la tanda de preguntas y respuestas. Pero a pesar de querer apartarme, escuchaba las risas y la animada conversación a través de la puerta cerrada.

Mi cabeza viajó al futuro. Si así era ahorita, ¿qué pasaría cuando su hijo naciera ?.
Lamentablemente ya lo sabía. Solo se trasladaría la atención que ahora tenía ella, hacía su nuevo bebé. Y a mí solo seguirían ignorándome.

No es que sintiera envidia exactamente. O al menos no quería asociar lo que sentía con esa palabra. Por momentos me decía que estaba bien, que podía sentir lo que quisiera, que estaba en todo mi derecho. Lo malo era que sentir eso también me hacía mucho daño.

– Ay, sí, ya tenemos pensados algunos nombres….

Seguía escuchando fragmentos de la conversación. ¡Parecía que el tema no se les agotaba nunca!

– ¡ Ja ja ja !

¿Y por qué diablos se seguían riendo? La situación era todo menos divertida. El mundo seguía girando, la vida continuaba muy ajena a todo lo que había pasado y sin embargo yo no podía avanzar. Parecía que ya no podría volver a reír ni a alegrarme genuinamente por nada nunca más. Estaba en un espacio congelado de tiempo donde la tragedia se repetía y se repetía; y yo quería fugarme de la realidad que me había tocado y vivir durmiendo.
O mejor aún, dormirme y no despertar más.

mujerinvisibleYo era la mujer invisible, que no importa lo que piensa  y siente porque nadie repara en ella.
Nunca he sido particularmente sociable, pero esto ya era el colmo.
Me sentía ajena a esa reunión, a esa familia. No pertenecía a ninguna parte.

¿En verdad un día fui como toda esa gente ahí afuera? Me parecía increíble.
Hablando de banalidades e ignorando el sufrimiento de alguien cercano que vivió una gran tragedia.

Supongo que les parecía poco importante. Si no tenía más que unos pocos meses de gestación, seguro que ni siquiera era un bebé todavía. Deberían estar agradecidos con Dios de que eso no les haya pasado a ellos.

Y yo, debería estar tan agradecida también de seguir viva, de estarme recuperando; de tener otro hijo por quién seguir adelante y un esposo que me apoyaba todo lo que podía. Pero yo no podía verlo, porque eran palabras dichas por toda la gente que se sentía tan incómoda con mi dolor e intentaban así consolarme.

Para cada frase hecha que tenían, yo tenía en mi mente una respuesta, pero no se las decía, porque, supongo, soy muy educada.
Pero ganas no me faltaban.

Y seguí esperando un poco más adentro del baño. La reunión se convertía por momentos en el infierno en la tierra, como si  todo lo que ahí se decía fuera solo para lastimarme.
Era absurdo, claro, pero así se sentía, como echarle limón a una herida recientemente abierta y que se niega a cerrar.

Quise pensar en otra cosa para relajarme. Y seguí esperando.
Seguí esperando la sensibilidad, el apoyo, la solidaridad de esas personas.
Pero nunca llegó.

 

5 comentarios en “La mujer invisible

  1. Asi me siento invisible creo que a nadie le importa mi dolor, van pasando los meses y para ellos parece que no a pasado nada nunca preguntan como me siento o me pregutan por mi pequeño, como si el nunca existió…

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  2. No solo te sientes si no te haces invisible para los demás, no te pasa que es como una película donde ves como la gente camina o se detiene y nadie parece percatarse de tu existencia?. Mi hija cumple 4 meses este sábado que desplego sus alas y la dura realidad te hace ver que a veces solo prestamos atención a cosas superficiales y no a la esencia de ellos.

    Gracias por compartir porque así me sentí yo mas de una ocasión.

    un abrazo

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  3. Pingback: Invisible | ¿Con cuántas lágrimas sana el corazón?

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