Confesiones de una madre alienigena

Hoy voy directo al confesionario, uno donde no aceptaré pagar ninguna penitencia por abrir la caja de pandora que hoy es el músculo que se contrae en contra de mi voluntad; ese corazón que me arrancaron hace unos meses, pero quedó uno de repuesto, uno de segunda mano que a veces toca darle golpecitos para que funcione sin un marca pasos.

Hoy levanto la voz y me confieso no solo por mí, sino por muchas madres alienígenas. Alienígenas porque para este mundo somos seres extraños, somos madres fenómenos porque se nos ha amputado media alma, aunque por fuera a diario caminamos en modo automático, y todo parece estar bien. Somos esas mujeres a las que el título de madres, el que nos ganamos con amor, dolor y sangre, se nos ha sido arrebatado simplemente porque nuestros retoños han ido a florecer a otro jardín y no aquí a nuestro lado.

Confieso que es un engaño cuando nos hemos refugiado tratando de levantarnos la moral al decir que “al menos nuestros hijos no sufren”, “por lo menos en donde están no hay maldad”, que nos tranquiliza saber que están bien y que ese nuestro consuelo, pero hoy quiero decirles que eso es basura, detrás de esas palabras se esconde una gran y única verdad; y es que aunque este mundo esté corrompido, lleno de maldad, de escases, de enfermedades  y de guerras sin fin, a nosotras nos importa poco y aun así queríamos y queremos tener a nuestros hijos aquí, aquí en carne y hueso, aquí en tiempo real, aquí sintiendo su olor, lavando sus manos, y hasta limpiándole los mocos. ¿Es que acaso quién no los querría si ha sido lo más perfecto, hermoso, amado  y preciado que nuestras entrañas han cobijado?.

Soy una madre alienígena, al parecer ya hasta he mutado sin darme cuenta; hay gente que me evade de su camino, otros solo me miran la barriga como si vieran un sepulcro abierto, otros se aterran al verme sonreír, unos cuantos huyen al verme llorar, algunos me miran a escondidas al verme pasar susurrando  “Allá va a la que se le murió el bebé”. Yo solo quiero que digan “Allá va la mamá de Esteban”, pero estamos a años luz para que se acepte mi maternidad tan fácilmente.

Confieso  que me he vuelto insensible ante el dolor de otros, ya no me conmueven fácilmente  las penas que  los demás sufren, pero ¿cómo hago si mi corazón artificial puede ser tan frío como el ártico?, ¿qué hago si lo que antes disfrutaba ahora me da igual?. Puedo ser insensible a la muerte de otros, pero puedo llorar como niña viendo un amanecer, puedo conmoverme viendo una flor enamorada de un colibrí o al sentir una brisita suave que rosa mi cara porque quiero creer que allí en esas cosas tan sencillas pero majestuosas está mi hijo. Así que espero no ser juzgada si ya no soy la misma, espero no ser señalada porque ahora mis sonrisas y mis días buenos valen oro y no los regalo a cualquiera.

Confieso que la indiferencia de quienes me rodean me inquieta y es que ese cuento que el mundo aún no sabe lidiar con la muerte de los hijos más pequeños me tiene cansada. El mundo ya está bastante grandecito, ya tiene miles de años como para que haya madurado y no escudarse en excusas baratas para manejar tan equivocadamente el duelo en el cual estamos sumergidos. Así que no acepto más excusas, porque sino aprendemos la muerte siempre se encargará de enseñarnos.

Creo que con esta pequeña lista de confesiones ha sido suficiente por hoy y no quiero terminar sin confesar que si veo un niño en la calle tomado de la mano de su madre. es inevitable que se me rasgue el alma sabiendo que jamás yo tomaré al mío de su mano; para cruzar la calle, para levantarlo del suelo, para jugar, para llevarlo a la escuela, para bailar con él, para chocar esos cinco, para llevarlo al altar y realmente cuando eso pasa confieso que maldigo ese día en que se fue para siempre y con él mi manera de ver la vida que ha quedado frente a mis ojos.

libre

8 comentarios en “Confesiones de una madre alienigena

  1. Amiga es hermosa y cierta cada palabra no puedo evitar que de mis ojos se caigan solas muchas lágrimas que aunque limplian mi alma me recuerdan que esto no ha acabado ni va acabar sufriremos su AUCENCIA cada día de el resto de nuestras vidas …

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  2. wow… tambien soy madre alienigena… he dejado de creer en un montón de cosas y de disfrutar la vida… y lo del corazón artificial me encantó así me siento… desde que murió mi peque… Noesito.

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  3. Totalmente madres alienigenas…. no se porque cuando las leo, siento como que relatan mi historia, y pienso, no soy la única que sufre en silencio, no soy la única que llora a escondidas…. bendiciones madres de angeles

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  4. Wow, que elocuencia al expresar lo que sentimos tantas madres que estamos en este mismo camino de espinas y dolor…es verdad que ya no soy la misma, la Marcela que yo era murió el día en que mi hijio Román voló al cielo…con él se fueron tantos anhelos, ilusiones, planes, alegrías… un futuro que ya no será, si bien lo escuché decirme “mamá” no pude caminar junto con el de la manita pues tenía apenas un año de vida, no podré ayudarle a hacer la tarea, ni escucharlo contarme como le fue en la primaria…es terrible todo esto, es una pesadilla. Es verdad que nos sentimos de otro mundo, simplemente porque la misma gente se ha encargado de eso, al decirnos “dejalo descansar” “ya no le llores, el sufre”….Dios mio, yo lloro cuando quiero, hablo de el cuando quiero y si es seguido no me importa, mi actitud si ha cambiado a 5 años de su muerte, intento ser positiva y dar apoyo, el dar apoyo a madres y gente que creo que lo necesita me ayuda a mi, al menos a mi me ha funcionado. No temo a la muerte, a la mia me refiero, pues se que me encontraré con el, me conduelo de ver a niños necesitados, lloro cuando puedo acercarme a ellos y darles un detallito pues veo sus caritas tan felices que siento que mi hijo me pone donde me necesitan, y pienso en que mi hijo asi sonreiría de felicidad cuando yo le diera amor, regalos o mi tiempo, qué no haríamos por ellos verdad? mi niñito me dejo tanto amor para dar que pienso hacer algo por los niños necesitados, aunque sea un granito de arena, aunque aún no me controlo cuando estoy frente a ellos, cuando me volteo lloro de la emoción, es un proceso, como todo esto. También rasga mi alma el ver a las madres con sus pequeñitos de la mano, jugando con ellos, disfrutando de ellos…que afortunadas son de que Dios se los haya dejado. Tampoco disfruto la vida como antes, por eso me identifiqué tanto con tu reflexión, pues aunque me gusta salir e ir de comprar, solo es pasajero, hay días en que me aburro estando entre tanta gente, toda la ropa de niños la quiero para mi hijo, no se, es algo que nunca pasará, me siento apática y tampoco me gusta, pero que quiero si la mitad de mi alma ya no está…vivo por mi madre y mi marido, y también para honrar la memoria de mi hijo, que sepan que soy fuerte como él lo era (aunque por dentro me quiebro muy facilmente y lleve una careta), es verdad, a la gente le incomoda vernos llorar por ellos, o escucharnos hablar de ellos, x ejemplo, sus anécdotas, pero no me importa, yo las escucho hablar de sus hijos, pues que ellos me escuchen hablar del mío, que existe y siempre existira en mi corazón, en su padre, en mi familia y en tanta gente que lo conoció y su amor tocó. Un beso a tu angelito Esteban al cielo que junto con mi hijo nos guían en esta senda. Un abrazo.

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    • Querida Marce, gracias por compartir parte de tu experiencia y de tus sentimientos hacia Román, definitivamente somos un cumulo de sentimientos escondidos en este camino que durará toda la vida. Ya no tememos a lo que pueda ocurrir, ya somos algo indolentes ante las penas de otros, pero lastimosamente esto es lo que ha quedado de nosotros sin embargo por nuestros hijos nos levantamos cada mañana a seguir luchando para que su existencia no sea olvidada. Un abrazo.

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