#realidades: Los niños mueren… y son demasiados

Es temprano. La mañana está fresca y agradable todavía, algo extraño en este caluroso verano. Con una amiga y compañera de camino, nos enfrascamos en la misión de contactar a madres y padres en duelo de nuestra ciudad, para invitarlos a formar parte de nuestras reuniones mensuales y así brindarnos mutuo apoyo.

Observamos en medio del silencio. Buscamos dónde se encuentran niños y jóvenes, y en su refugio terrenal dejamos una pequeña tarjeta con información. Yo no tengo hábito de visitar parques y cementerios, mi hija está en un lugar distinto, y tampoco suelo visitar a otros familiares en dichos sitios, así que lo primero que me llama la atención es la facilidad con la que empezamos nuestra labor.

Tantos niños. Tantos, tantos niños. Tantos que duele. Demasiados bebés, niños de pocos años, adolescentes y jóvenes en la flor de su vida, de pronto vieron su nombre impreso en una placa fría y dura como el dolor.

Camino y leo, veo tantas historias ante mis ojos y tantas palabras de profunda aflicción. Detrás de un nombre y dos fechas (a veces, la misma fecha dos veces) hay toda una historia que nunca llegaré a conocer, pero que puedo imaginar levemente debido a mi experiencia. Mi corazón se congela y se arruga de tristeza.

Sabemos que la muerte en sí es dolorosa, y con esto no quiero menospreciar la tristeza que causa la muerte de un adulto que nos es querido, pero no puedo negar que la muerte de niños y jóvenes me conmueve hasta lo profundo del alma. Probablemente, por lo que ha significado la pérdida física de mi bebé recién nacida… porque imaginar por un solo instante el sufrimiento de esos padres, hace que mi respiración se detenga.

Bebés recién nacidos, pequeños de pocos años. Hermanos, primos en el mismo sitio. Jóvenes de hermosas sonrisas. Tantos, tantos, tantos. Unos llenos de flores maravillosas, globos y figuras amorosas, otros sin adorno alguno. Varios, incluso, con claras señales de abandono. Y empiezo a pensar en eso también…

¿Qué historias habrá detrás de esas lápidas cubiertas de polvo? ¿De esas flores marchitas y secas de tanto esperar? He oído muchas veces a distintas personas –padres y madres en duelo, incluso- juzgando a otros padres y otras madres por no visitar en el cementerio a sus hijos. Hablan de olvido, de indiferencia, de descuido, negando una verdad irrefutable: todos somos distintos, todos vivimos el dolor de distinta manera, y no sabemos lo que está ocurriendo en el corazón de cada ser.

Quizás hay una profunda depresión que impide poner un pie fuera de la cama. Tal vez la rabia, la impotencia y la angustia  son más fuertes. Incluso puede haber algunos que simplemente no necesitan ir a ese lugar específico para comunicarse con sus hijos, porque representa para ellos solo un simbolismo.

En particular, siempre me he sentido tranquila con mi decisión de haber liberado las cenizas de mi hija en medio de la naturaleza, y esta visita no hizo más que corroborarlo. Siento que no tendría el valor de ir con frecuencia a dejar flores a un lugar tan triste. Respeto y admiro profundamente a quienes sí lo hacen, a los padres, madres, abuelos y familiares en general que dedican gran parte de su tiempo y energía en embellecer los lugares donde descansan sus amados niños. Creo que para mí sería un motivo más de sufrimiento.

Mientras observo tumbitas humildes de madera ya roída por el tiempo, nombres borrosos, nichos semi abiertos, no puedo dejar de pensar en cada vida que había habitado cada cuerpo. En cada corazón roto. En cada lágrima.

Los niños mueren, y son demasiados, más de los que quisiéramos.Cementerio-General-Bay-Essence-5-de-7

 

Un comentario en “#realidades: Los niños mueren… y son demasiados

  1. Hola Natalia, como dices cada uno tiene su forma de afrontar el duelo, yo en particular voy cada 8 días si es posible a embellecer el lugar donde descansa mi hija, ya son 2 años y medio y como dices es triste ver que algunas tumbas están abandonadas, en mi caso particular la tumba de al lado de mi hija estaba toda cubierta de yerba y junto con su abuela paterna comenzamos a limpiarla y ahora esta llena de un bonito verde pues nos gusta tenerlas bonitas a las dos.
    Estar ahí es el mejor lugar cuando me siento triste, es como un lugar de paz, además de que es un lugar muy bonito, no es como todos los panteones en muy lindo el lugar donde ella se encuentra físicamente, porque para hablar con ella no es necesario ir hasta allá.
    Ten un bonito día y muchas gracias porque es cierto que mueren niños y son demasiados 😦

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