El día que me reconcilié con el sol #realidades

mamaUn día desperté y quería con todas mis fuerzas apagar el sol y vivir en la oscuridad, y que también la luna se fuera de vacaciones indefinidas. No quería ver nada más allá de un metro de distancia, estaba como tres metros bajo el agua, con el alma inundada, con mis pulmones colapsados, haciendo apneas voluntarias para morir de una buena vez. Ese día me levanté y me di cuenta que no era pesadilla; quedé catatónica en mi cama mirando al techo, me pellizqué, me halé el pelo, fui al baño me miré al espejo, vi esa cicatriz de la cesárea en mi vientre bajo, vi mis ojeras y mi cara demacrada, los ojos hinchados, vi la leche salir de mis pechos, me bañé como pude, salí y regresé a mi cama, lloré hasta que se me acabaron las lágrimas, grité y golpeé la pared, mordí mi almohada y reclamé mil veces ¿POR QUÉ? Maldije hasta ese 8 de noviembre en que mi madre, que también sufría en ese instante, me parió.

Pasaron los días, las semanas y nada cambió, sólo permanecían esas ganas de morir (esas ganas se van y regresan, quizás algún  día dejarán de venir pero cuando llegan las dejo vivir).

Pasaron meses y llegó la fecha probable de parto, que como adición era para mi cumpleaños, el que sería el mejor cumpleaños de mi vida fue el más vacío de mi existencia, quería acostarme el día anterior a esa fecha y despertar 3 días o mil años después, pero como era obvio eso no sucedió y lo viví sin vivirlo, cada minuto. Ni recuerdo que hice ese día.

Llegó navidad, nuestra primera navidad con y sin nuestro hijo, ya sabrán que me fue como perro en misa, que digo perro, digamos como cucaracha. El peso del dolor me arrastró hasta donde quiso; es que empacar regalos para la familia, hacer tarjetas y cosas “especiales” pero estar vacía y muerta por dentro, casi que en estado de descomposición, eso realmente no lo desearía ni a mi peor enemigo.

Llegó el nuevo año y tomé un respiro, recorrí todo el país por carretera ida y vuelta con los restos de mi hijo en su urna blanca sobre mis piernas, vimos paisajes majestuosos, vimos nubes de algodón, vimos todos los tonos de verdes y amarillos, lagos y ríos, aves, y ese olor a vida que aún recuerdo. Entonces tomé aire, llené mis pulmones hasta del humo de las fumarolas y decidí creer que allí estaba él, diciéndome: te amo mamá, susurrándome que me ama en todo lo perfecto y hermoso que nos rodea.

Ese día me reconcilié con el sol y lo miré hasta que mis ojos soportaron, desde entonces he decidido creer en que de alguna u otra forma, una parte de mi hijo se quedó aquí conmigo. Creo en esa idea porque tengo que creer en algo sino quiero morir en esta oscuridad que me llevó a los lugares más escalofriantes.

Hoy voy aquí a paso lento, dejándome llevar como una cometa sin cuerda, como una hoja en el viento, aunque a veces el viento parezca huracán, me dejo llevar porque esto hay que vivirlo, hay que masticarlo, tragarlo y digerirlo y empezar nuevamente todos los días, así sea de cero. Todo se vale, lo que no se vale es aguantarse, reprimirse y esconderse.

Aún hay días en que quiero apagar el sol, pero la luna me recuerda que hay alguien en algún lugar a quien amo y que ese amor es correspondido. Y entonces, al siguiente día respiro, tomo el sol y camino, así mi alma esté en muletas, en silla de ruedas o en camilla. Me arrastro y me cubro las heridas porque hay alguien que lo merece, hay alguien que tiene un nombre que yo le dí y sencillamente ese nombre no puede morir.

Deseaba poder tener un retrato con mi hijo bajo ese sol, donde nuestras siluetas al ocaso, perfectas y llenas de ternura en ese vínculo irrompible inmortalizara en esa imagen nuestro amor. El vinculo y el amor existen, tienen una autenticidad excepcional, pero no hay y nunca habrá fotos que mostrar. Sólo deseo que el sol con el que he intentado reconciliarme y la luna que siempre fue intermediaria con su lente inmaculada retraten mi alma y allí de seguro siempre saldremos los dos.

 

3 comentarios en “El día que me reconcilié con el sol #realidades

  1. Gracias. Me identifico con cada palabra. Esa sensación de que eres tu peor enemigo y que te vence cada día. Recuerdo mis días en que me arrastraba para ver un poco de luz tras mi ventana sepultada con dos y tres cortinas. Recuerdo esas lunas que me anunciaban una larga noche de lágrimas. Quisiera que nunca nadie pasara por esto, pero, como seguro seguirá pasando, le ruego a Dios que les de fuerza para vivir un día a la vez a esas zombies que arrastran su cuerpo hacia donde nisiquiera saben. Un abrazo para tí!

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  2. Totalmente identificada, pero creo q yo me reconcilie con todo, pero aun cosas me hacen frenar mis sentimientos.
    Dios que duele vivir esta experiencia, no se porque fuimos nosotras, no se porque un angel, partio al cielo tan pronto, pero lo que si se que mi Matheo vive en cada respiro que doy, porque solo el hecho de tenerlo como hijo y sentirlo en mi vientre me hace la mujer mas feliz y a la vez triste… lo se sentimientos encontrados…
    animo, las quiero sin conocerlas, porque me hacen sentir mas fuerte con sus reflexiones.

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