Seis años sin María

 

María

 

Hubo un capítulo que no leí en el libro “Qué esperar cuando se está esperando”. Era uno llamado: “ Para enfrentarse a la pérdida de un bebé”.
No lo leí a propósito; en parte porque pensé que no era necesario ya que eso nunca iba a pasarme a mí y en parte por una especie de loca superstición que me decía que si lo leía, era como invocarlo a que sucediera.
Lo malo fue que por mucho que me haya saltado ese capítulo, el capítulo me encontró a mí, en la vida real.
Me encontró ese 26 de marzo.

Hoy se cumplen 6 años del día en que mi dulce y pequeña María nació dormida. Ese día en el hospital no hubo globos rosas y blancos ni ramos de flores. Tampoco un letrero de “ es niña “ pegado en la puerta. No hubo sonrisas ni felicitaciones de parte de la familia; solo ojos tristes y preocupación en sus caras, pláticas triviales para intentar distraerme e incómodos intentos de hacerme sentir mejor.
Pero también hubo mucho amor y solidaridad y eso se los agradeceré siempre. Yo odié estar en esa situación y además ser un motivo de tristeza para la gente que me quiere.

Y ahí, viviendo mi cuento de hadas invertido, con el final más triste posible, me di cuenta de que la gente que estaba conmigo en ese momento, era la única a la que realmente le importábamos mi hija y yo.

Un año más ha pasado y el recuerdo de lo que ocurrió ese día sigue tan vivo como si hubiera sido ayer. Recuerdo el olor de la habitación donde estuve tantas horas; el tacto de las sábanas blancas, el frío que tenía y no podía controlar. El miedo, la angustia, el futuro incierto que se me antojaba aterrador. Recuerdo haber hecho un trato con Dios: si me permitía salir con vida de esa situación para poder quedarme al lado de mi hijo terrenal, nunca le iba a volver a pedir nada para mí. Y por mucho tiempo cumplí mi parte del trato, así como Él cumplió con la suya. Yo ya no quería nada para mí. De todos modos fue ese mismo Dios el que se llevó a la otra persona que yo más amaba en la vida: a mi hija menor.

No tengo nada de ella, solamente un ultrasonido donde era muy chiquitita y su corazón aún latía vigorosamente, la prueba de sangre con la palabra Positivo, la que desató tantos sentimientos encontrados en mí y en su papá; un “comando” amarillo que le compró mi hermana (el único regalito que recibió y fue de ese color porque no sabíamos que era una nena), su certificado de muerte fetal. En ese papel dice que era niña y que pesaba 800 gramos. Este documento es brutal pero a la vez demuestra que mi hija fue real, que ella existió en un plano físico y por eso lo conservo como un tesoro. Ah… y el recibo del crematorio. Podrá sonar lúgubre, pero no lo es. Cualquier padre que haya tenido a su hijo tan poco tiempo, sabe que cualquier vestigio de su paso por este mundo se aprecia como oro en paño.
También tengo recuerdos, no tantos, porque estuvimos juntas muy poco tiempo; ilusiones rotas de una vida que habíamos planeado para y con ella, todas.

Desde aquel lejano 26 de marzo, he mirado al cielo muchísimas veces en busca de ella, he observado estrellas con lágrimas en los ojos; he gritado al firmamento como un animal herido tantas veces que ya perdí la cuenta. Aunque la mayor parte del tiempo estoy bien, con cada aniversario me pongo de nuevo sensible y me llegan los detalles de las cosas que pasaron ese día. Supongo que eso está bien. No quisiera también perder mis recuerdos porque son lo único que aún tengo de ella. Aunque me hagan llorar.

María, mi hermosa princesa con alas, la primera niña de la familia y la más especial: espero que sepas que hay mucha gente que te quiere y te recuerda. Que aunque nos dejaste desolados el día que te fuiste, sabemos que alguna vez vamos a reencontrarnos para poderte abrazar y darte todos los besos que aquí nos fueron negados. Entonces escribiremos un capítulo mejor, que tenga un bonito final, en donde sí podamos estar juntos.

Ojalá estés feliz en este tu aniversario número 6, jugando entre las nubes y con las estrellas. Ojalá puedas mandarme una señal para saber que estás bien. Y así este día, yo también pueda sonreír, aunque sea con lágrimas en los ojos.

2 comentarios en “Seis años sin María

  1. Te mando un gran abrazo!!! Nosotros recién hemos pasado dos cumpleaños, y van avenir muchos más… hasta algún día estaremos juntos con nuestras hijas otra vez!

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