Comparte: Memorias / de nuestras seguidioras

731 días jamás serán suficientes para entenderlo del todo en nuestro mundo, como es que pueden coexistir el amor y el dolor en un estado tan armonioso. Es posible. Veras, existe una pequeña línea, casi invisible entre el amor y el dolor, un línea tan frágil que si te descuidas se puede romper.

¿Has escuchado alguna vez que el amor duele? Yo no creía, ¿cómo va a doler? si el amor es bueno, es el sentimiento más maravilloso del mundo y no lo digo yo, lo dice el mundo entero. Pues sí, el amor duele, duele tan intenso que no te deja ni respirar, un dolor que descubrí el día en que ese pequeño corazón de oro dejo de latir.

El camino no es sencillo, al principio te cuesta tanto, cuesta asimilar la ausencia, cuesta tanto regresar a la rutina, cuesta tanto dejar de llorar, cuesta tanto reír sin sentirte tremendamente culpable, cuesta tanto hacer cosas tan simples, como levantarte, comer, dormir. La cosa más simple cuesta, en cambio, cada detalle de la corta vida de tu hija, por insignificante que parezca a la vista de los demás, se vuelve de un valor incalculable para ti. En un principio compartirás tu sentir con los demás o quizá no lo expresaras, pero lo harás visible, y quizá también escuches palabras, frases y en algunos casos acciones de la persona que te escucha, que hará que ocultes, que ocultes y que calles. Descubrirás que nadie te entenderá por completo nunca, que las personas no son malas, pero sencillamente no saben lidiar con el dolor ajeno. Si tomas este camino, el de callar, el de ocultar, te encontraras que lo que para muchos puede significar un avance en ti, que te encuentras ya bien, la realidad es que NO.

Jamás lo estarás.
Jamás volverás a ser la misma.
Jamás te veras de la misma manera.
Tu hija murió, su vida se apago sin ni siquiera nacer, sin siquiera ver el mundo.
Y tú, moriste con ella.
Tendrás que entender, que eres mama de un ángel.
Un ángel al cual amas profundamente.
Y que a su paso el único rastro que dejo en ti es el dolor.
Un dolor igual de puro.
Un dolor tan fuerte que romperá en mil pedazos tu corazón y tu alma.
El dolor duele, si, pero también sana.
La clave está en dejarlo fluir.
No lo retengas, abrázalo fuerte, sin miedo, que más daño ya no puede hacer.

Ahora, camina con él, paso a paso como con un niño pequeño el cual necesita de ti, déjalo ir a tu lado, que te tome de la mano, recuerda que si te lo han dejado es porque tiene una misión especial para ti.
Tranquila, que llegara un día en que ese vacío enorme que sientes en el pecho, dejara de hacer tanto ruido, dejara de sollozar y habrá un cambio, quizá en un principio muy pequeño, comenzaras a sentir un revoloteo, como de mariposas, algo parecidas a las que sentías en el estomago cuando eras pequeña y veías al niño que te gustaba, pero estas serán en tu pecho, en el lugar donde antes ocupaba tu corazón, con el tiempo, se volverán muchísimo más intensas, mas reales, hasta que llegara el día en el cual será tanta fuerza que unirá todos tus pedazos en otra tu.
Renacerás.
Esa fuerza se llama AMOR, y si, es ella, tu hija, descubrirás que jamás se fue, que has renacido del dolor, pero esta vez es diferente, no estás sola, esta vez, tu hija estará para ti, estará contigo, estará en ti eternamente.

Escrito por Silvia Rohs, mamá de Victoria.
En memoria a tu partida pequeña.

 

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