14 de mayo, 9 años de recuerdos.

Cada año te escribo las más bellas palabras que salen mi ser, cada año intento abrir mi alma de madre de quien no está, alma melancólica, alma luchadora, alma remendada, alma desnuda. Este año he querido sentir, ver que nunca hará demasiado tiempo, que tú eres, no eras, y he cerrado los ojos…

…Los he abierto hace 3825 días, es lunes, me duele la cabeza, como ayer, sé que algo no va bien y lucho por no esconder la cabeza como un avestruz, como si así no pasara nada y enfrentar la situación. Nos vamos al médico, inmediatamente me toman la tensión, se ha disparado, y me ponen las correas, me dicen que aprete un botón cuando note contracciones, pero yo no noto nada, solo tengo miedo, oigo tu latido constante, pero eso no me calma. Me dicen que me vaya al hospital para ingresar y bajar la tensión, ahí me relajo, todo se va a solucionar. No sé porqué maldita razón pregunto si puedo ir a casa a por mis cosas y me dicen que sí, ha sido un error, encontramos mucho tráfico camino del hospital y estamos un buen rato parados, no soy consciente de que mi vida está finalizando, pocas horas me separan del final y aún le quedan menos a la vida de mi hijo…

Hemos llegado, me hacen mil preguntas estúpidas que no corren prisa, que me acercan más a ese final, y me ingresan. El resto de mi vida sabré que tan solo segundos lo hubiesen cambiado todo.

Me han puesto una vía con hipotensores, me han pinchado medicación para madurar sus pulmones por si hay que actuar ya. Me dan la comida, yo como con hambre, mi marido está en la ventada, lo veo a trasluz, le sonrío y le recuerdo que en 3 o 4 días será padre.

Ha llegado el camillero y me lleva a hacer una doppler, no sé porqué no le han dicho a mi marido que me acompañe. Me dejan sola en una sala de espera, en una silla de ruedas, empiezo a encontrarme mal, me voy a desmayar, no hay nadie, veo todo como en un túnel negro, me parece ver a alguien de blanco y le pido ayuda, me lleva corriendo a un despacho, me ha bajado demasiado rápido la tensión, empieza nuestro final, pero sigo desconociéndolo.

Un médico me hace la eco doppler, yo escucho el corazón de mi bebé, todo me da vueltas. Oigo la voz del médico que me dice “llamo a tu gine, hay que sacarlo ya!”, y le dice a alguien que me suban a mi habitación y me monitoricen mientras preparan el quirófano.

Estoy en mi habitación, no tengo miedo, solo estoy muy mareada, comento que no sé lo que es estar drogada pero debe ser algo así, a mi me suena normal pero algo han debido notar los demás, se han mirado y uno me monitoriza corriendo mientras el otro me quita la medicación de la vía, es el fin. Estoy asistiendo a nuestro final en primera fila y creo que aún no soy consciente, oigo su corazón, flojito, lento, desaparece y oigo el mío descompasado, lento, sin ganas.

Todos gritan, me arrancan el camisón en el pasillo, delante de todos, mientras corren empujando mi camilla, gritan que abran la puerta del ascensor, y corren, corren, corren, es ahí cuando conecto con la realidad y lloro y suplico por su vida.

El quirófano es como un hormiguero, hay mucha gente, el carro de paros zumba a mi lado esperando ser usado (otro al fondo, para mi hijo), todo es muy rápido, me pinchan la espalda, me sondan, se asustan porque no sale nada, mis riñones ya no funcionan, mi gine ha llegado, le pido, le ruego que lo salve, me abre y lo sacan, mi corazón se rompe y vuelven a gritar “respira, respira, resp…”. Ahí acaba nuestra vida, dicen que de no haber ido entonces mi vida habría acabado en poquísimas horas, yo sé que acabó ahí.

Abro los ojos, estoy en una sala, no sé si hay más pacientes, yo la siento vacía, silenciosa, tan vacía y muda como yo, no necesito que me informen, mi corazón lo sabe. Me toman la tensión cada 5 minutos, que tontería, estoy muerta.

Ha llegado el médico y con él en momento de oir con palabras lo que grita todo mi cuerpo.

Estoy en una habitación con papá y el amor de mi vida en los brazos…

9 años han pasado de ese primer y último encuentro, 9 años de que dos corazones se pararon y solo uno de ellos empezó a latir de nuevo por los dos. 9 años aprendiendo lo que es el amor verdadero, el que no entiende de distancia ni tiempo, el que no necesita ver para sentir.

35 semanas son toda una vida, toda tu vida, vida que me regalaste. Me hiciste madre, me hiciste tal y como soy ahora.

Te pienso cada día, te siento cada segundo.

Ya estoy bien, he podido seguir adelante, hace mucho que sonrío y mis risas son sinceras. Pero hoy, mientras todos van a seguir viéndome bien, yo tengo un nudo en la garganta, mi corazón se pregunta como sería darte un regalo, soplar unas velas, incluso reñirte por no querer hacer los deberes.

Hoy dueles, como ayer, como hace 9 años, como dolerá dentro de 20.

Me sigues faltando, lo daría todo por tenerte conmigo, junto a tus hermanas pequeñas, esas personitas de enormes sentimientos que te quieren sin conocerte y me ayudan a mantenerte vivo.

Hoy hace 9 años que vives, de otra manera, vives en mi.

Feliz cumpleaños mi vida.

Porque Víctor se escribe con V de Vida…

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