Historias de maternidad, historias de mujeres

Ella tenía 33 años, y la gente le preguntaba con cierta frecuencia, que cuando vendrían los bebés a su familia. La gente no sabía que ella había intentado ser madre desde su noche de bodas, y eso había sido hace ya cuatro años. Ella lloraba cada noche y limpiaba su cara cada día para lucir una sonrisa, sólo ella y su esposo sabían que en este tiempo llevaban cuatro pérdidas.

Por el contrario, Fernanda, fue madre a los 16, hoy tiene una hermosa niña de 7 años, la gente la apunta con el dedo, la señalan a diario, le dicen que truncó su vida teniendo una hija a temprana a edad. Ella lucha cada día por su niña, por salir adelante, y no se arrepiente de haberla tenido, más de aquella ilusión rota, y de aquel hombre que no supo responder. Ella llora pensando cada noche si lo está haciendo correctamente, y si en algún momento encontrará el amor.

Victoria tiene 40, se embarazó a los 27 años, edad en que la mayoría de las mujeres se convierten en madres, tuvo un embarazo hermoso, y todo cursó normal, sin embargo, su niño nació con autismo. Diariamente la gente habla de ella, de su desgracia, comparan a su niño con los demás, la lástima la agobia, la deprime, la atormenta. Ella lucha cada día por su más grande amor, por su hijo, por que tenga el mismo trato que los demás niños. Ella llora cada noche, pensando si algún día su hijo podrá ser independiente.

Esthela tiene que soportar diariamente las habladurías de los demás, ella tiene 5 hijos, y es víctima de burlas y clases de planificación, mientras cada noche ella medita y piensa que tener una familia grande es lo mejor que le pudo pasar, recuerda su infancia tan gris con un solo hermano, y se alegra enormemente viendo a sus hijos crecer. Pero ella llora, llora porque la pena ante la sociedad le impide que pueda rebozar su felicidad y contarles que un sexto niño viene en camino.

María siempre fue enfermiza y soñó desde niña con ser madre. Pese a todo pronóstico y después de un aborto lo logró, decidieron solo tenerlo a él, la gente diariamente le pregunta que para cuando el otro, siendo que ella ya está operada y sufre grandes problemas económicos. Ella piensa cada noche si tomó la decisión adecuada, si podrá obtener un buen trabajo para poder mantener a su hijo, y si le alcanzará la vida para verlo crecer.

Diana, decidió buscar bebe un par de años después de su boda, fue un camino difícil, lleno de tratamientos, hace 3 años finalmente el bebé llegó, y por varias complicaciones murió en el parto. La gente no recuerda a su hijo, constantemente le aconsejan que ya deje el pasado atrás, que debe avanzar, que es hora de ser madre, ella llora desconsoladamente y se pregunta si acaso ella no es madre, por tener a su hijo muerto.

Tatiana tiene 30, y tiene una nena de 4 años. Tatiana era amiga de Diana, quien hace 3 años tuvo que despedirse de su único hijo al momento del parto. Tatiana decidió alejarse de su amiga porque sentía que la tristeza por su hijo muerto la contagiaba de mala vibra. Y además porque si a ella le hubiera pasado eso, ella moriría. Ella pensaba que fue mejor para su amiga ni siquiera poder llevar a su hijo a casa y no haberlo registrado porque eso sería más doloroso. Tatiana le gusta hablar de las historias fuertes de las demás mujeres, y subestima su dolor, peca de imprudente, y habla sin pensar, además no le gusta tender una mano y, tampoco ponerse un momento en los zapatos de las demás… al fin de cuentas su vida es perfecta.

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