Mi pequeño sol, que me regaló un arociris en mi vida / de nuestras seguidoras

Hace mucho tiempo que me niego a escribir, por el simple hecho que el dolor se prende de mí y no me deja continuar, pero creo que ya es momento, ya me has dado un motivo y te lo agradezco hijito.

El 27 de julio del 2007 fue el día en que morí en mi vida, ese día tu corazón dejó de latir. Aún recuerdo las palabras del doctor al hacerme el ultrasonido: “vaya con su doctora de cabecera, su bebé ya no tiene latido”. Se me vino el mundo y parecía que flotaba. Salí y se lo comenté a la familia, tu abuela desesperada que corriéramos con la doctora, tu tía diciendo estará equivocado y yo como sonámbula pensando que no me estaba pasando a mí. Llegamos con la doctora y efectivamente, tú ya no tenías vida. Ella me daba su alternativa para hacer un legrado menos doloroso, pero yo decía: ¿cómo va a ser menos doloroso, si me duele el alma al saber que ya no está mi bebé?. Le hablé a tu padre, le expliqué y él solo se limitó a decir que no podríamos pagar el legrado en el privado, que debía de ser en el seguro. Cayó la noche en los preparativo para internarme y con ello los síntomas de que tu cuerpecito ya tenía que salir. Llegué a la clínica y peor que un animal me trataron, tardaron miles de años en atenderme y eso de estar en una fría habitación acompañada por mujeres que acaban de dar a luz no es nada lindo para quien lleva el vacío. Cuando por fin me atendieron, me indujeron el parto porque según ellos debías nacer por parto natural. Me lastimaron, me hirieron con sus palabras al decirme que me debía esforzar. ¡¿Esforzar a qué, si tú no darías tu primer llanto ni nada?!. Me dejaron sola al ver que no les apoyaba,y en ese momento de soledad tu cuerpo salió de mí. Yo sólo te vi, te acaricié y eché a llorar. Le grité a la enfermera, la cual tardó y al llegar, te recogió, te llevó con ella y a mí me dejaron en otra habitación fría, esperando el legrado.
Al salir de aquel infierno solo quería llegar a casa y refugiarme en los brazos de tu hermanita que era muy pequeña para comprender tu partida,  pero que al abrazarla sentiría que tú de igual manera nos abrazarías. Pero no terminó mi sufrimiento, al llegar estaba tu féretro allí inmóvil, en la mesa de la casa. Un féretro que era cien veces más grande que tú. Había gente esperándome y los odié, no quería verlos allí, quería gritar que se largaran, pero no tenía voz, solamente acaricié la caja y te dije adiós mi niño y me alejé… Tu padre te levantó y salió rumbo al panteón, yo sólo lo observé alejarse desde la ventana. Fue la primera vez que vi a tu abuelo paterno llorar, y sentí como mi corazón se partía y se iba contigo. Los demás días fueron sombríos, yo me aferraba a tu hermanita y a mis lágrimas de noche. Un día sola en casa, lloré, grité y odié a todos y a mí misma. Me culpé de tu muerte, recordé los problemas con tu padre, tu aviso de que estabas creciendo, mi negación al querer volver a ser madre, el primer aviso de que querías irte, mi dolor, mi disculpa y tus pataditas un día antes de partir. Eso no lo entenderé, los médicos dicen que ya llevabas medio mes muerto y yo juro que al acariciarte y decirte que lucharíamos contra viento y marea, tú me tocaste, no sé si fue despedida porque al día siguiente ya confirmaban que tu corazón no latía.

Tu hermanita se convirtió en mi timón, solo vivía para ella. Guardé mi dolor y seguí. A tu padre lo odié durante mucho tiempo, sentía que él era el culpable de tu partida y el culpable de que yo no volviera a ser madre nuevamente; enfermo de cáncer, decían los médicos que ya era difícil que me embarazara. Me disfrazaba el dolor pero seguía clavado en mí, habían pasado ocho años de tu partida y aún guardaba mucho odio contra él, contra mí, contra el mundo. Te hablé una noche, te pedí disculpas, le pedí disculpas a tu padre, y liberé algo de peso y tú, mi niño, en tu infinito amor, me regalabas tu perdón a tantos años de no dejarte descansar por tanto odio guardado. Engendrabas en mí una nueva vida. Es cuando comprendí que debía recordarte con amor. Gracias por elegirme como tu madre, aunque fue muy poco tiempo, gracias por no abandonarme y gracias por darme a tu hermanito. Ellos siempre sabrán de ti y tú siempre vivirás en mi corazón, te amo IAN JOSEPH mi pequeño sol en la oscuridad.Untitled

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