Hablando honestamente

No sé rezar.

No sé si laguna vez lo supe o solo le hacía al loco, o si con el paso de los años después de ellos mi corazón se enfrió y solo salen palabras que siento huecas, vacías, hipócritas. No se si por lo largo del camino se quedó atorada en una rama la fe que me quedaba.

Un día un viejo amigo dijo que los que confían en Dios no pierden ninguna batalla… esa frase me hizo hervir la sangre y me llevó lejos.

Me regresó en el tiempo cuatro años atrás a mi recámara cuando aún los tenía dentro, cuando sobando mi panza de 6 meses de embarazo rezaba en silencio y aterrada de miedo, la vez que he rezado con más fuerza que yo recuerde, la noche más larga de mi vida. Después de que murieron cuando todavía no me convertía en la atea más grande que dio el planeta pensaba que si solo hubiera tenido más días con ellos en mi vientre, si hubiera tenido la oportunidad de  guardar  reposo eternamente, si hubiera podido tener más tiempo, si Dios me hubiera dado la oportunidad.  Un año después no se si  la vida o Dios o el destino me daba lo que tanto había pedido: el regalo del tiempo, del tiempo que pedía de reposo para ellos solo que en el embarazo de Lucia. Un hermosa embarazo de alto riesgo que me tuvo en cama el último trimestre con amenaza de parto prematuro, contracciones, inyecciones y toneladas de miedo. La historia se repetía, otro bebé se me iba de las manos y ya no supe como rezar, hacía como que pedía pero no me salía, no del corazón, no con fe o devoción.  Honestamente si la oración hace ganar batallas creo que ésta se peleó desde fuera porque a mi el miedo me imposibilitó, el miedo de que nos pasara todo de nuevo, de enterrar a otro hijo mío. Lucia esta aquí, pero no por mis oraciones o mi confianza.

Me llevó en el tiempo a un par de meses atrás cuando hablaba con mi amiga” P,” hablábamos  de la muerte de nuestros bebés. Ella escucho en su parto como el latido del corazón de su bebé se detenía y la durmieron para hacerle cesárea de emergencia… Ella no pudo rezar por él, no pudo pedir por el milagro y siempre le quedó esa inquietud de tener tiempo de rezar, si solo hubiera tenido la oportunidad de pedir fuertemente por él a Dios. Dos años después la vida o el destino o quien mueva los hilos le dio lo que tanto pidió, le dio la oportunidad de rezar, de pedir fuerte por otro hijo y aun así se le fue de los brazos sin tenerlo, tuvo que dejarlo partir…

Y aquí la pregunta que creo todos los padres a los que se nos muere un hijo nos llegamos a hacer mínimo una vez en la vida ¿dónde estaba Dios cuando mi hijo murió?

¿Dónde estaba cuando recé lo más fuerte que he rezado en mi vida? ¿no confiaba lo suficientemente en él? ¿los tiempos de Dios en verdad son perfectos? ¿qué plan tan macabro contempla el dolor de la muerte como un “plan perfecto de Dios”?

En lo personal no tiene madre ni padre  ni pies ni cabeza un  plan así. Hablando honestamente no creo que se tenga que hacer un punto de inflexión en la vida de alguien de esta manera, no así, definitivamente no.

Esto que me pasa no es rebeldía con Dios, o berrinche, ser malagradecida o ser mala perdedora. No es que este estancada o no supere, solo soy una madre que no encuentra cuadratura a la muerte de sus hijo. Desde su muerte volví a reír a carcajadas, volví a ser feliz, agradezco las cosas buenas que la vida me trae y lucho por cambiar con lo que no me parece, ya no soy lo que me sucedió, ya no.imagen texto julio

A lo mejor mañana me trago mis palabras y alabo al creador o a quien mueva los hilos desde arriba y comprenda el punto de todo esto ( si es que lo hay), a lo mejor esta batalla que me tocó perder era aprendizaje puro y algún día vuelvo a la fe pero honestamente hoy no.

 

 

 

 

 

 

8 comentarios en “Hablando honestamente

  1. Afortunadamente yo ya era atea cuando mi bebé murió. Fue algo a lo que llegue en un camino largo pero sin grandes golpes. Creo que me ha ayudado no tener que pelearme con la idea de un ser todopoderoso al que no se le da la gana de ayudar. Para mí es mejor saber que no hubo milagro simplemente porque no hay quien los de.

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  2. Yo pedí con todas mis fuerzas también mientras escuchaba el latido su corazoncito que no se fuera, que le diera la oportunidad de vivir a mi lado pero no fue así. Rebeldía,resignación? Nada de eso senti sólo dolor y aún después de 2 años no puedo superarlo, vivo automaticamente porque no sé si los tiempos de Dios son pecfectos o no y para ser sincera el miedo sigue y yo junto con el.

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  3. Yo también perdi mi fe..no puedo ni siquiera hacer la señal de la cruz..hace un año atras.todos los controles pasaba por una iglesia hermosa y me tocaba mi pansita pidiendo por ella.pero se ve que no basto.alas 38.6 semn de gestacion se detuvo su corazon sin saber por que..yo creo q si es cosa del destino.la vida o los hilos como decis…fuerte abrazo a todas las mamis q pasaron tan terrible dolor

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  4. Gracias x este escrito. Describe todo mi.sentir, ese.q.me asusta y me hace estar en pausa…. sin ilusiones… sin sueños.. sin dios.. sin mi bebé…..

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  5. Yo apenas me estoy re-encontrando de nuevo con Dios, con la vida , con lo que sea que mueve está vida , porque quiero creer que nuestro Dios de amor no puede actuar de esa forma, porque ningún aprendizaje puedo sacar de la muerte de mi amado hijo , porque ninguna lección vale más que la vida de mi hijo, quiero creerque “El” estuvo ahy al lado de nosotras abrazándonos, escuchandonos.
    Porque simplemente la vida es así de dura, de cruda . Nadie está ausente de esto y lamentablemente nos tocó a nosotras pero creanme que no fuimos “guerreras” escogidas para enfrentar esta batalla y nuestros bebés no son Ángeles que necesitaba Dios . Son seres de luz porque son simplemente pureza , fueron y serán amor en su máxima expresión. Somos fuertes porque es lo único que nos quedaba ser , teníamos que seguir.. .

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  6. Pingback: Cuando dejas que la muerte te defina. | Mirar al cielo. revista on line.

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