Cuando dejas que la muerte te defina.

 

Lo recuerdo como si fuera ayer.

Estaba sentada en una diminuta silla para niños pequeños del salón de kínder de mi hijo en una junta de padres de inicio de ciclo escolar con gigantesca panza de 5 meses y medio de embarazo de Joaquín y Víctor. Teníamos que presentarnos con las maestras y decir quien era nuestro hijo, -Fernanda, mamá de Fernando-  dije cuando toco mi turno de hablar, y a un lado mío escuche a una amiga decir: – y la mamá de los cuatitos-.

Tres semanas después de esa junta ellos nacieron y murieron…

Pasaron los meses y yo, yo simplemente ya no sabía donde estaba parada. Me encontraba en un grandisimo limbo, en tierra de nadie. Para el mundo ya no era la mamá de los cuates, o lo había sido pero ya no lo era, su vida se había acabado y con ellos enterraba mi maternidad y el título de su mamá. Esperaban que lo superara, que volviera a ser la de antes pero ese tren ya había partido, que me quitara el velo de muerte que me puse tan bien el día en que se murieron.

Es que es tan simple y tan complicada la vida, nacer y morir están tan fuertemente ligados, van de la mano pero nos empeñamos a  querer separarlo. Ganarle a la muerte, ser inmortales y creer que no nos pasará a nosotros, que no nos tocará enfrentarnos cara a cara con ella,  nadie nos cuenta que nacer y morir pueden pasar al mismo tiempo, o que se puede morir antes de dar el primer respiro.

¿Quién era yo ahora ? sí, fui la mamá de los cuates pero ahora era la  “mujer a la que se le murieron dos hijos”,  fui  la protagonista de la historia que se cuenta pero que nunca nos pasa a nosotros, fui esa conocida de alguien a la que se le murieron dos hijos,  la historia que alguien escuchó hablar en un café, la estadística, la tragedia, la historia triste de muerte, la que no pasa pero si sucede. Y así dejé que esta historia me definiera, que esta parte tan triste de mi vida fuera mi bandera.

Lo acepté porque entre tanto dolor era mi manera de maternarlos, de hacer que se reconociera mi maternidad, la muerte de ellos era mi oportunidad de ser su mamá, ser la mamá de los cuates, de oír su nombre, de hablar de ellos.  Y es que nadie te enseña como va a ser la vida después de la muerte.

No me siento mal de haberlo hecho porque fue parte de mi camino a sanar, en realidad era algo que necesitaba y creo que no es victimizarte sino es una manera de adaptarte a la realidad que te tocó vivir, cuesta mucho hacerte a la idea de recibir muerte cuando esperas la vida y quedarte con los brazos vacíos añorando el calor de un bebé en tus brazos.

Hace unos días en uno de mis escritos aquí en Mirar plasmaba esto:

mirarjulio8No es que este estancada o no supere, solo soy una madre que no encuentra cuadratura a la muerte de sus hijos. Desde su muerte volví a reír a carcajadas, volví a ser feliz, agradezco las cosas buenas que la vida me trae y lucho por cambiar con lo que no me parece, ya no soy lo que me sucedió, ya no.

Ya no soy lo que me sucedió, ya no, un día sí lo fui y no es malo, esta bien sumergirte en el dolor y tomar de la mano a la muerte. Ya que ella me plantó la cara enfrente decidí agarrarle la mano, pero ya llegó la hora de soltársela y emprender el camino por mi misma.

Llegó el día en que me di cuenta, pero que en realidad me di cuenta que ellos no fueron solo muerte, que ellos no fueron una historia triste sino que fueron una grandisima y bella historia de amor, nuestra historia de amor, vida y también muerte.

4 comentarios en “Cuando dejas que la muerte te defina.

  1. Si, es verdad a mi me pasa lo mismo. La partida de mi bebé es muy reciente son 4 meses de sentir su ausencia de tener los brazos vacíos, de no saber como hubiera sido… Amamantarlo, verlo sonreír, bañarlo, tantas cosas que enseñarle, que aprender. Y espero un día sanar y saber el para que mi hijo partió de mi lado. Gracias por tu escrito me identifique mucho tanto que me hiciste llorar y revivir lo lindo que fue tener a mi Santi en mi vientre.

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  2. Yo soy una abuela que perdio a du primer nieta mujer deso de 8 varones murieron mis iluciones de compartir el resto de mi vida con ella mi dolor es inmenso pero mas duele en este momento el dolor de mi hijo y el quiebre de toda la familia, mis otros hijos ya no hay alegria parece que no quisieran mirarse a los ojos con el hermano que perdio a su beba. Es una situacion dificil, especialmente la de mi hija que tuvo a su bebe unos dias despues de la partida de su sobrina.

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  3. Me encanta la reflexión, lo que dices y cómo lo dices. Me siento muy identificada. Esta grandísima y bella historia de amor, como bien dices, me ha enseñado tantas cosas que sólo puedo decirle gracias a mi pequeña que partió con 22 semanas de gestación.
    Un abrazo.

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