Carta a mi hija #awareness

Siempre estuve convencida de que las cosas buenas que la vida ofrecía estaban relacionadas con ser un “buen ser humano”, ser buena persona, amar, ayudar y sobretodo no hacer daño a nadie. Y por eso en Enero de 2015 cuando nos enteramos que estábamos embarazados al fin, después de más de un año buscando este milagro, al fin sucedía. La felicidad nos embargó…pero al mismo tiempo un susto enorme. Este miedo infinito que me apareció al lado de mi inmensa alegría se debía a que desde los 13 años de edad sufro de Diabetes Mellitus tipo 1 ( sí, esa que requiere aplicación de insulina varias veces al día ).

Fue entonces cuando decidí que el miedo no me iba a ganar esta batalla y comenzamos a tener el control más riguroso de toda mi vida.

El embarazo transcurrió perfecto, disfrute cada una de las etapas, siempre haciendo los cuidados de mi salud extremos. Dieta rigurosa, glucometrias cada 2 horas, control prenatal 2 y hasta 3 veces por mes. Todo estaba maravilloso, nada de los miedos del inicio del embarazo.

IMG-20160726-WA0009Desde el inicio de mis controles, el perinatologo nos había explicado que la bebé tendría que nacer a más tardar a la semana 36 por el altísimo riesgo de que la placenta se volviera insuficiente para mantener el buen estado de mi hija. El embarazo transcurrió lo más normal posible, cada uno de los controles que hacíamos solo arrojaban buenas noticias. Ya con 34 semanas iniciamos los controles ecográficos 2 veces por semana. Todo perfecto. Así que a la semana 35 iniciamos con los trámites para la cesárea. Exámenes de sangre, visita al anestesiólogo, todo para que cada uno de los factores estuviera cubierto. La cesárea se programó para el 14 de Agosto de 2015 cuando la bebé cumpliera las 36 semanas exactas. Esa última semana fue maravillosa…visitas, planes, compras, siempre acompañada por toda mi familia. Salíamos al parque a caminar ya que por esa época estaba haciendo sol en una ciudad donde siempre hace mucho frío. Todos los días íbamos al parque a hablar de todo lo que haríamos cuando Majito llegara a iluminar nuestras vidas.

Jamás imagine que esos serían los últimos días que yo recordaría como felices. El jueves 13 de Agosto, un día antes de la cesárea, tenía que hacerme los últimos exámenes de sangre. Ese día me levanté muy temprano, nos arreglamos y salimos a la clínica. Ese día yo no podía dejar de llorar. Sentía una “presión” en el pecho que aún hoy no puedo explicar. Y lloraba y lloraba. Mi familia y mi esposo me decían que eran los nervios por la llegada de la bebé. En mi corazón yo sabía que no era así. Cuando llegue a la clínica mi angustia aumentó cuando no sentí moverse a la bebé. Pensé que debía ser porque no había desayunado, así que salimos y me comí un desayuno muy grande. Pero nada. No la siento, no la siento…repetía yo en medio de lágrimas por lo que nos fuimos corriendo a la clínica. Ahí comenzó mi drama. Intentaron escuchar su corazón y nada, hicieron ecografía y nada, hicieron otra ecografía que confirmó la peor pesadilla de cualquier madre: ”Lo sentimos, el corazón de la bebé ya no late”. Ese es el último recuerdo que tengo de ese día. Sentí como mi vida se acababa en un segundo, que todas mis ilusiones morían con mi hija. A las 2:05 de la tarde nació mi muñeca preciosa, un angelito durmiendo. La vi, la toqué, la abracé. Es la imagen que ahora tengo de lo que es el cielo. Y así acabo todo.

Comenzaba otra historia. La historia de saber el por qué mi hija había muerto. Hicimos cuantos análisis nos dijeron: Estudio genético, autopsia, patología de la placenta. Y otra vez, nada. Todo estaba normal. Y fue cuando mi perinatologo me dijo las palabras que llevo amarradas a cada lágrima que sale de mi: “Sandrita, no tengo una explicación medica o científica que explique que sucedió”. Y comenzó a tallarme en cada célula de mi cuerpo  esa pregunta…por qué.

Hoy, después de 1 año de la muerte de mi hija he decidido no hacer  más preguntas de por qué. Simplemente así lo quiso Dios, la vida, el destino o quien quiera que dirija los hilos de nuestra existencia. Solo me quedo con la imagen de mi ángel durmiendo y la felicidad que durante ese tiempo nos trajo.

Y simplemente sigo adelante, unos días buenos, otros no tanto, pero siempre nombrando y celebrando la vida y no la muerte de mi hija.

“NO TODO SE EXPLICA.

NO TODO TIENE RESPUESTA.

NO TODO TIENE SENTIDO.

NO TODO ES JUSTO.

NO TODO ES LÓGICO.

HAY QUE APRENDER A VIVIR CON ESO.”

 

 

Sandra Velásquez

Mamá de Majito Hernández

7 comentarios en “Carta a mi hija #awareness

  1. Me identifico mucho con tu escrito. Pasé algo muy similar con mi Renée, nunca tuvimos una respuesta, simplemente también en Agosto, se durmió. Me dicen que lo más parecido es como una muerte de cuna. De cualquier modo, ninguna explicación será suficiente para “entender” esta pesadilla. Un abrazo

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  2. Desgraciadamente así pasa, así nos sucedió y es difícil continuar sin preguntarnos ¿por qué?… por qué si hay gente que no se hace ningún control prenatal y no tiene ningún cuidado y logran tener en sus brazos un bebé vivo y sano. Pero así es la vida.
    Me encantaron tus palabras: “… hay que aprender a vivir con eso.”
    Te mando un fuerte abrazo Sandra.

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    • Para lograr dejar de preguntarme porque he tenido que llorar, gritar, maldecir, dudar de todo cuanto me enseñaron en la vida…pero se puede. No es fácil, y ocasionalmente volverán todas las dudas pero al ritmo de cada una es posible volver a pensar que merecemos algo mas que sufrimiento. Te mando un abrazo enorme y mil besos al cielo👼🏼👼🏼👼🏼

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  3. Esto me ha conmovido tanto, apenas 20 días del día que con 34 semanas de embarazo me dijeron que el corazón de mi bebé ya no latía. Lo primero que pensé es que no era buena persona porque estaba viviendo esto. Me queda camino para aprender a vivir sin explicación concreta de lo que pasó, de que pasa lo que tiene que pasar, me he arrepentido de no haberme atrevido a verla, por ahora no hay consuelo, me imagino que sólo el tiempo me ayudará

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