Mi pequeño Chuchin. #awareness

Era mi segundo embarazo, yo estaba inmensamente feliz, mi hija de entonces 3 años tendría a su primer hermanito o hermanita, pero la felicidad solo nos duró 12 semanas y comencé a tener pérdidas; acudí con el médico y me hizo una ecografia, el resultado: desprendimiento de la placenta y mi bebé para ese entonces se había reducido en tamaño, era inevitable… El legrado era el siguiente paso.

Fue un golpe duro y cruel, todas mis ilusiones cayeron en el dolor más profundo, entré en depresión y mi esposo me apoyó y mis familiares también lo hicieron, el tiempo fue sanando de a poco.

Después de 8 meses decidimos intentarlo nuevamente y la noticia de volver a tener esa ilusión tan grande estaba de nuevo en nuestras vidas, pero no pude evitar sentir miedo, miedo a volver a pasar por el mismo dolor y le rogué a Dios: ¡Señor! por piedad, si me lo vas a dejar déjamelo sin ninguna complicación y si no, llévatelo en las primeras semanas. Fue lo que pensé entonces. Pasaban los días, las semanas y yo sentía muy dentro de mí que ese bebé que cargaba en mi vientre no sería para mí, no quise comprar nada hasta tenerlo en mis brazos y entre más tiempo pasaba más me aterraba perderlo, asistía con 4 doctores distintos para asegurarme que mi bebé estaba bien, pero me di cuenta que mi bebé tenía retraso en el crecimiento de un par de semanas, fuera de eso todo era “normal” según los médicos, me dieron reposo relativo y así continuo mi larga espera. Cuando llegué a mi semana 32 me empecé a sentir muy mal, no podía pararme, tenía nausea y mi cabeza daba vueltas, mi pancita se puso dura y mi bebé se agitaba fuertemente, fui con el doctor y me dijo que todo estaba bien que esos movimientos bruscos eran porque mi bebé se había acomodado y estaba en posición, yo me tranquilicé un poco, pues creí que el doctor había hecho su trabajo y confié en que estaba bien. Una semana después acudí a mi cita del mes y la enfermera me comenzó a tomar peso, medida, y presión, ahí fue cuando me dijo: traes la presión altísima, y rápidamente intentó escuchar el latido de mi bebé y no se escuchó más.

Mi peor pesadilla comenzaba de nuevo, una ecografía lo confirmaba, mi bebé, mi hermoso bebé ya no estaba más conmigo. Los doctores me dijeron que me tranquilizara, que mi presión amenazaba mi vida y que harían lo posible porque diera a mi bebé un parto normal, la cesárea era muy peligrosa y así fue, di a luz a mi bebé muerto. Mi vida, mi corazón, mi alma, mi cuerpo se hizo mil pedazos y viví el momento más cruel de mi vida, despedirme de él y de mi muerte en vida… Estuve una semana más en el hospital por complicaciones es mi presión arterial. Volví a casa con mis brazos vacíos y el corazón hecho pedazos. No entendía por qué me había pasado esto y no me resignaba, no tenía una razón ni explicación del porque mi bebé había fallecido, los doctores no me dijeron nada y en su acta solo pusieron características físicas. Yo no estaba conforme, sabía que algo estaba pasando y quería saber el motivo por el cual mi bebé falleció, comencé a buscar y me apoyé con una ginecóloga, finalmente encontré una enfermedad que hacía referencias de abortos espontáneos, abortos recurrentes y perdidas fetales y fue lo que llamó mi atención: SAF “Síndrome Antifosfolipidico”. La ginecóloga me hizo los estudios para anticuerpos y cardiolipinas entre otros más, dieron positivo. Ahí comencé un tratamiento anticoagulante, henoxaparina intramuscular solo por unas semanas para bajar un poco los niveles y evitar que se formen coágulos y producir una trombosis, embolia o infarto.

 

El SAF en el embarazo afecta principalmente la reproducción, en la irrigación se forman coágulos en la placenta que impiden el paso de sangre, nutrientes, oxigeno vitales para el desarrollo del bebé, entonces él bebé deja de alimentarse y baja de peso, en ocasiones hay parto prematuro  con un bebé de muy bajo peso, en otras más él bebé no resiste y muere, perdida fetal tardía. Ahí estaba mi respuesta, fue el motivo del por qué mi bebé falleció y por alguna extraña razón comencé a resignarme pues tenía a mi niña de 4 años y a mi esposo; decidí levantarme y seguir, luchar por mi vida y mi bienestar, llevo 4 años ya con mi tratamiento y estudios para checar que el SAF no afecte mis órganos vitales ya que también hay dos tipos de SAF: primario y secundario, este último viene acompañado comúnmente por una enfermedad  lupus. Yo tengo SAF primario. Ahora no me siento ni física ni emocionalmente capaz de volver a embarazarme, puedo hacerlo pero requiere de un tratamiento en el que debo inyectarme diariamente los 9 meses de embarazo y dos semanas después para evitar una hemorragia. Además esto no garantiza su vida ni la mía al 100%, así que decidí no volver a intentar la maternidad y disfrutar de mi hija, mi esposo y mi vida, una decisión muy dura. Todos los días recuerdo a mi Chuchin y a pesar de que él no está en casa me ha enseñado bastante, me ha hecho mejor persona y me di cuenta de que el vino por una razón: para salvar mi vida, yo estaba en peligro y de no ser por él no sabría del peligro latente que afecta mi vida. Porque a pesar de no estar embrazada corro el riesgo de sufrir una trombosis, embolia pulmonar o cerebral o un infarto.

 

Si has tenido varios abortos o pérdidas fetales ¡chécate! La vida es hermosa y vale la pena vivirla con amor, y mi fe es que cuando pase a la vida eterna podre estar con mi bebé y esta vez será para siempre.

 

Escrito por Nohemí Zendejas, mamá de Chuchin.

TROMBOFILIAS

2 comentarios en “Mi pequeño Chuchin. #awareness

  1. Hola Mamita, al igual que tu pase por algo similar, tuve perdidas y un obito a las 37 semanas; me detectaron trombofilia, yo deseaba ser mamá y lo intente ya con todo controlado y despues de casi 35 semanas de enoxaparina diaria, nacio mi bendición, me gustaria tener otro bebe al igual que tu me dijeron todos los riesgos.

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  2. Hola, mi historia son 3 perdidas, en la segunda pérdida me diagnosticaron SAF, y aunque en mi tercer embarazo estaba con tratamiento tampoco logré llegar a terminó, esto es un problema que afecta a muchas mujeres y ni cuenta nos damos, gracias a Dios que su plan es perfecto y aunque nos duela sino fuera por nuestros angelitos ni nos daríamos cuenta de este problema de salud.

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