Sebastián #awareness

En junio del 2010, tuve al fin mi anhelado positivo, que tanto deseábamos Rodrigo, mi esposo, y mi primogénito Mau. Fue un embarazo hermoso, tranquilo, muy cuidado. Los días eran muy largos y yo solo moría por besuquear esas hermosas mejillas que los ultrasonidos revelaban; teníamos ya preparado un moisés lleno de holanes y moños listo para ese lindo cachetón y una lluvia de regalos que familiares y amigos nos habían hecho llegar.

Llegamos a las 41 semanas y al igual que Mau no dabas señales de querer nacer, así que programaron una cesárea y junto con ella la salpingoclasia, ya que no deseábamos tener más hijos. ¡Llegó al fin la mañana del 25 de marzo y por fin te tendría entre mis brazos! Todo transcurrió bien, llegamos a la sala de recuperación y besé por primera vez esos acolchados cachetes, te veías tan hermoso, las enfermeras iban a verte ya que sorprendiste a todos con tus 3.800 y 54 cms; después de unas horas nos subieron al cuarto en donde ya nos esperaba papá quién de inmediato te tomó entre sus brazos, ¡estábamos tan felices!  En la noche comencé a amamantarte y tu frente azuleaba, el pediatra te revisó y su diagnóstico fue que no oxigenabas bien por líquido que se había quedado en tus pulmones. Te llevaron a una incubadora, al otro día en la mañana las noticias fueron devastadoras: mi Sebastián tenía una cardiopatía congénita, “Trasposición de Grandes Vasos”, estábamos en shock. No sabíamos que eso existía, y menos que nos podía pasar a nosotros.

Con cuatro días de nacido mi hermoso Sebastián se sometió a una cirugía a corazón. Fueron las 5 horas más largas de toda mi vida; cuándo salió el doctor corrimos y el sonrío. ¡Toleró bien el procedimiento! fueron sus palabras; ¡Papá y yo nos abrazábamos, estábamos felices! Te vi salir en la incubadora del quirófano lleno de tubos y cables, pero tus manitas ya no eran azules, eran rosas y eso me dió mucha paz. Para esas horas yo ya me sentía tan cansada, la herida de la cesárea molestaba y mis pies estaban muy hinchados, moría por tomar un baño y dormir un poco. Llegó papá a relevarme, él se quedaría toda la noche, llegué a casa y el teléfono se caía de tantas llamadas felicitándonos por el éxito de la cirugía, teníamos tantas esperanzas.

Mauricio con sus 10 años había hecho unos hermosos letreros llenos de corazones en los que daba la bienvenida a su hermanito y muy pacientemente recortó con hojas de colores muchos confetis, para lanzar al momento que Sebastián llegara a casa. Estaba tan ansioso de conocerlo; para consolarlo un poco le tomamos unas fotos antes de la cirugía que después se convirtieron en nuestro mayor tesoro.

Cuándo ya estaba lista para acostarme Rodrigo me llamó. ¡Ven! Sebastián lleva dos infartos. Yo no lo podía creer, negándome con todo mi ser a la situación fui al hospital, al llegar solo lo vi parado con los hombros caídos y las mejillas bañadas en lágrimas. Sebastián se había ido…

Entramos a despedirnos de él, no me cansé de darle las gracias por haber venido, por haber luchado, por haberme hecho madre por segunda vez. Rodrigo lo bautizó… yo no fui capaz, la voz no salía de mis labios, solo lo llené de besos y aún en mis labios guardo la sensación de su cabecita peludita y tibia y esos cachetes, los más hermosos de todo el mundo. Conservamos un mechón de su negro y ondulado cabello, igual al de papá.

Papá se hizo cargo junto con los abuelos de los tramites, el funeral, e ir a rescatar el cuerpecito de mi pequeño niño, yo llegué a casa y caí en un sueño profundo después de llorar por horas, tenía al lado de mi cama el moisés y no podía creer que nunca dormiría en él, llegó papá y venía una prueba más,  decirle a Mau que su hermano se había ido. Fue lo más cruel que me pudo haber sucedido, solo pude decirle: Sebastián se fue al cielo.  Él preguntó, ¿se murió? y papá y yo solo pudimos asentir con la cabeza y llorar los tres juntos. Por consejo de la pedagoga le preguntamos a Mau si quería asistir al funeral y decidió no hacerlo ( situación que al pasar del tiempo resultó contraproducente ). Antes de asistir al funeral tuvimos que ir a hacer los trámites para el acta de nacimiento, fue tan duro de leer en el acta presentado “muerto”.

El cuerpo dolía, mi corazón lloraba, mis pechos estaban llenos de leche y mis brazos vacíos.

Al llegar al panteón llevaron una pequeña cajita blanca y dentro de ella estaba tu pequeño cuerpecito, con tus hermosos cachetes y tus ojitos cerrados… Tenías puesto un trajecito azul con crema que papá y yo te habíamos comprado, una chambra amarilla que mi mamá había tejido.  No sé por cuantas horas te miré, sabía que era la última vez. Había mucha gente, todos de blanco rezaban, lloraban y yo solo analizaba cada uno de tus rasgos para grabarlos en mi mente, me daba tanto miedo olvidarte. Papá llevó uno de los letreros de bienvenida que Mau había hecho y lo puso dentro de la cajita como le había prometido. Llegó el momento de dejarte ahí y yo solo quería que todo terminara, dolía demasiado.

Llegando a casa decidí que no podía ver las cosas que teníamos preparadas, y la mayoría en ese momento se lo dimos a una vecina que estaba por ser abuela. Los días transcurrían lento, el sol y el aire dolían, era tan duro estar vivos, salir a la calle sola fue un triunfo. Papá había días que no tenía fuerzas para ir a trabajar y nos quedábamos abrazados en la cama llorando toda la mañana mientras Mau estaba en la escuela. ¡Era tanto! Oleadas de tristeza, enojo, los por qués nos atormentaban tanto… ¿Qué hice mal? ¿Qué tomé? ¿Qué comí?  ¿No recé lo suficiente? ¿Por qué Dios nos castiga de esta manera tan cruel y despiadada? ¿POR QUÉ?

Buscando repuesta a todas mis preguntas encontré la página de la Fundación Argentina y en ella un foro, el cuál fue mi salvación, diario escribía mucho y mamás de todo el mundo me contestaban y era tan alentador saber que no era la única, que no estaba loca, que éramos muchas caminando juntas…  Era un espacio seguro en donde no tenía restricciones para expresar mi dolor y todo el amor que yo seguía sintiendo por Sebastián y ahí nadie ponía caducidad a mi duelo, ni recibía esos cometarios que da la gente bien intencionada que duelen demasiado.

Comencé a asistir con un terapeuta y cuando tenía ataques de ansiedad tomaba ansiolíticos. Llegó a mis manos Elizabeth Kübler Ross “La Muerte y los niños”, fue mi primer libro y después de leerlo y llorar tanto me dejó el corazón con un poco de paz y entendimiento; después vino “El Camino de las Lágrimas” de Jorge Buckay  en el cuál entendí como opera el duelo y encontré un poco de más consuelo al darme cuenta que todo lo que me sucedía era normal, que el dolor se enfrenta, se llora y así y solo así se puede procesar de manera sana un duelo.

A los 8 meses por azares del destino comencé a coordinar y representar Era en Abril México en la CDMX y vino nuestra primera suelta de globos, fue hermoso, enviar todo mi amor a mi gordo en un globo fue tan liberador.

Asistió parte de mi familia y llegaron 80 personas que compartíamos el mismo amor y el mismo dolor de no tener a nuestros bebés físicamente a nuestro lado.

Comenzamos con reuniones de contención, vinieron más libros, conferencias y así se marcó mi camino. En noviembre del año pasado me separé de Era en abril para crear Eca-Grupo de Apoyo ante pérdidas gestacionales y de la niñez temprana, para poder cubrir las grandes necesidades de acompañamiento y cambios que se necesitan hacer a nivel hospitalario y legal.

Hoy, a cinco años de haberte conocido mi hermoso Sebastián, solo queda una dulce melancolía, ese dolor que ahogaba y quemaba se fue.

Los  “por qués” se han convertido en “para qué”, entendí que tu misión era marcar mi camino; acompañar, amar, trabajar.

Hemos conocido gente con corazones hermosos, que sin ellos no hubiera sido posible transitar este duro camino.

huella sebastianGracias:  por enseñarme que el amor no termina con la muerte y que lo traspasa todo. Ahora se que después de dejar tu cuerpo te has mudado a nuestro corazón y sigues creciendo en nosotros.

Gracias mi pequeño por abrirme los ojos y enseñarme que cada día puede ser el último y que tenemos que disfrutar y ser felices siempre y en todo momento.

Gracias por enseñarme que los hijos llegan de muchas maneras y que el amor es el mismo, eterno, profundo e incondicional.

 

Erika Ortíz, la orgullosa mamá de Sebastián

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Un comentario en “Sebastián #awareness

  1. Te abrazo con el alma!! Me siento identificada!!!! Mi Bebé partió a los 4 días de nacer!!! No supe bien el por qué!!!!! Y nunca lo sabré!!

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