Mis hermosas hadas y mi bello arcoíris 

Soy Consuelo… y mi mayor título es ser mami de tres hermosos bebés.

Mi primera hija Natasha, mi hermosa niña luchó por casi 24 semanitas en mi vientre, despidiéndose el día de la madre; creo que ella eligió el día perfecto, falleció después de regalarme el día anterior, moviéndose como jamás lo hizo en ese tiempo.

De Nenito, mi arcoíris. Él llegó a mi vida, como agua en el desierto, en el momento indicado, a los dos años y seis meses presentimos la dulce espera. Así Dios nos bendijo con un niño. Pero lleno de temor pasamos esas 37 semanas. Tuve síntomas de pérdida, infecciones urinarias y preeclampsia.

Gracias al cielo, tengo mi recompensa, tiene tres años y es sin duda, uno de mis tres regalos más grandes.

Y de IsaBella. La que sería mi segunda arcoíris, se transformó en mi segunda hada celestial. Su lucha fue impresionante. Sus ganas de vivir, superaba todo entendimiento.. A pesar de cada una de sus graves patologías, ella falleció segundos antes de nacer, en el parto, de 38 semanas.
Nenito es mi hijo del medio. Todos lo ven como si fuera hijo único, pero no. Me doy el tiempo de decir que tengo dos hijas más. Porque la vida de ellas es tan importante para mi núcleo familiar.
Aquí, en mi familia, la muerte no significa olvidar, significa dar paso a un amor infinito y duradero, un amor que rompe esquemas y moldes. Incluso, mi hijo, desde que crecía en mi vientre, escuchaba el nombre de su hermana mayor todos los días, tiene plena conciencia de que es un arcoíris.

No ha sido nada de fácil seguir tres, siendo que somos cinco.

Tampoco fue fácil decirle a mi niño que su hermana iría a vivir a las estrellas, pero el día del funeral, estaba tan tranquilo, tan feliz, tan… tan ambientado a ese cementerio, que se convirtió en uno de sus lugares favoritos.

Pero lo que si puedo destacar, que todo ha sido más llevadero, gracias al amor.
Amor que ví en personas que conozco como en personas que no conocí.

Y sobretodo, aprendí…
Aprendí que el valor de un ser humano no se mide por sus cromosomas (Natasha padeció de Sindrome de Turner [un cromosoma menos, el que define el sexo] e Isabella que padeció el Sindrome de Patau [un tercer cromosoma en el par 13], aprendí a vivir el día a día. A no proyectarme a plazos largos.

Y sobretodo, a no temerle a la muerte.

Y he intentado enseñar, que la muerte no es un punto final, es un punto seguido para seguir amando a quienes ya no están…

Natasha e Isabella, mis hadas, viven, entre estos tres corazones que siguen con esta historia. Porque son parte fundamental de lo que somos actualmente; una familia.


*foto celebrando los angelversarios de mis niñas con mis papis y hermanos*

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