Yo era.

heart

Antes yo era esa persona que alentaba a todo el mundo a tener hijos.
Yo era esa persona indolente que ahora tanto me molesta.
Cuestionaba las razones de cualquiera para perderse la maravillosa experiencia de ser padre. Intentaba convencer al que, según yo, “no quería” ( que tal vez era que no podía, en realidad, por las razones que usted guste y mande ) con argumentos que a mí me parecían los más evidentes del mundo.

Yo era esa persona que hoy me parece metiche, odiosa, carente de sensibilidad.
Yo he estado en las dos caras de la moneda, he visto y he vivido la maternidad desde las dos perspectivas, y por eso hoy puedo presumir de cierta objetividad.

Hoy soy quien no presiona a nadie para tener hijos. Ya le llegará a cada quién su momento. O no. La gente no necesita mi opinión, por eso solo la reservo a quien me la pide. He aprendido algo: Las palabras pueden herir de formas increíbles. Se sensible. No hay que hablar solo por hablar. No sabes a quién puedes herir sin saberlo.

No podemos andar diciendo por ahí lo que cruza nuestra mente cuando hablamos con alguien que no tiene hijos, o que tiene uno solo, o que tenga los que tenga, porque no sabemos que historia haya detrás de esas personas.
¿Qué derecho tiene nadie de cuestionar los motivos de alguien para no tener hijos?
Con suerte nos topamos con alguien que ha decidido no tenerlos, no con alguien que quería y vio su sueño truncado. Pero como no podemos saber, es mejor no hablar de más.

Porque además nada nos conforma. ¿Cómo podría Patricia querer dedicarse en cuerpo y alma a su carrera por ahora y nada más? ¿Qué no entiende que el reloj biológico tiene fecha de caducidad, que ella no se está haciendo más joven y que un día casi seguro se va a arrepentir? – pensamos, con la certeza de que lo que pensamos es una verdad absoluta.
Y a ti, ¿qué te importa eso?¿En qué te afecta? ¿Por qué querer cambiar sus razones, interferir con la vida de alguien que, en primer lugar, no te pidió tu opinión?

¿Pero cómo es posible que Marissa quiera gastar tanto dinero en mantener una mascota como si fuera un hijo?, ¡¿cómo?! Mejor debería tener un hijo real y dejar de perder el tiempo con un animal.
No sabemos sus razones. Punto.

Por eso es que ahora siento una simpatía inmediata por la gente que ha pasado por la terrible perdida de uno o varios hijos. ¿Por qué? porque he estado en ese mismo lugar. Porque casi todas aprendimos una dura lección a la mala y ahora preferimos mordernos la lengua antes de cuestionar los motivos de los demás.
Ojalá no tuviéramos que pasar por ninguna triste situación para poder ponernos en los zapatos de los otros.

Las personas que hemos vivido en carne propia una perdida tan significativa somos un mundo aparte, una tribu enorme ( desafortunadamente ) que acoge a sus semejantes sin cuestionar nada, sin necesidad de justificaciones, muy solidariamente. Tendemos a apoyarnos aun sin conocernos y a entendernos de una forma que nadie más lo hará. Cuando conoces a alguien que ha pasado por lo mismo, a pesar de que los hechos se dan de modos muy distintos, sentimos que encontramos un espejo de nosotros mismos, una especie de hermano del mismo dolor. Y¿cómo no apoyar a un hermano tuyo? como buenamente podamos, a través incluso de nuestro propio dolor, con nuestra alma fracturada, aunque sea con una palabra de aliento. Porque sabemos lo que es la incomprensión y porque al entender y al apoyar nos ayudamos a nosotros también.

Solo he tenido la fortuna ( o el infortunio, no se bien ) de haber conocido personalmente a una chica que después de varias perdidas aún tenía la esperanza de darle un hermanito vivo a su hijo terrenal.
Platicamos mucho, durante mucho rato, como si fuéramos amigas de años. Nos sentimos identificadas de inmediato. Me transmitió tanto optimismo a pesar de lo que le había pasado no una, sino varias veces, que hasta me dieron ganas de intentarlo de nuevo. Ella es colombiana y me dijo que cuando tuviera a mi arcoíris ( no si lo tenía: sino cuando lo tuviera ) ella iba a venir desde su país para ser la madrina. La amé. Nos volvimos comadres ahí mismo y antes de ese día yo nunca la había visto.

Nos animamos entre nosotras. ¿Qué más nos queda? Es tan hermoso que te den esperanza.
Pero es más hermoso poder darla tú…

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