Duelo, sanación y maternidad

Tres años desde tu muerte.

Tres años de amarte, de maternar sin cuerpos, de llevarte tan dentro.

Tres años de extrañarte, de querer verte.

Días y más días de que me faltes tanto.

img_9408 

Tres años de duelo, y tres años de un extraño y bello camino de amor y sanación.

Me acuerdo al principio, leyendo blogs y más blogs, encontrar de repente algún escrito de una mamá que llevaba más tiempo que yo en este camino. Eran escritos cuidadosos y empáticos, pero que de alguna manera querían compartir algo que no sabían si las comadres querríamos oir. Madres que contaban que 5 o 7 años más tarde ya no lloraban cada día, que al despertar no les sacudía la falta antes de abrir los ojos. Me parecía tan extraño, me parecía hasta violento lo que yo sólo veía como desamor.

Es que acababa de morir Lunita, y mi corazón no lograba entender lo que contaban estas comadres. Quizás siga sin entenderlo… porque no es fácil entender el corazón de otra mujer. Pero lo que siento hoy, creo que un poco se parece a lo que leí en ese entonces.

No te lloro a cada paso porque incorporé tu muerte a mi vida. No estoy segura cómo lo hice, pero día a día, al llorarte, al hablarte, al buscarte y encontrarte, te fui entendiendo.

Entendí que tu vida era esta. Tu vida, Lunita, fue vivir 26 semanas y 5 días dentro de mí. Tu vida fue mucho más, la eternidad que vino antes, la eternidad que viene después, y cada uno de los días entre medio. Tu vida es esta, la que te tiene a vos muerta mientras yo sigo viva. En algún momento, de alguna manera, entendí eso. No puedo desear que sea otra cosa, porque eso no serías vos. Y yo te quiero a vos.

Y aunque, también, es verdad, a veces, cuando la luz brilla un poquito más, o cuando uno de tus hermanos me abraza con sus bracitos alrededor de mi cuello, cuando alguna hija de alguna mamá le da la mano y parecen tan cómplices… a veces, cuando soy tan feliz o cuando me siento melancólica, a veces sigo deseando que todo fuera tan distinto. Me olvido en esos momentos de tanta iluminación y aprendizaje y sanación y te extraño y te quiero y te lloro, mi amor.

Pero más que nada, aprendí a vivir sintigo[1]. Esa forma extraña de tenerte tan dentro, que aun cuando más te extraño, te sé en mí.

Encontré mi felicidad a través de las lágrimas. Aprendí a amarte, a ser tu mamá en la muerte. Aprendí a ser yo de nuevo.

Y te quiero.

¿Ya lo dije?

Porque te quiero, Lunita,

– Mamá –

 

 

 

 

[1] Esta palabra tan bonita y tan increiblemente descriptiva es un neologismo amoroso de mi comadre Alicia, mamá de Olivia y Violeta.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s