Reflexiones previas a navidad… #pedacitodecieloencasa

En una realidad paralela… llego a mi casa desde el trabajo, luego de la misa de navidad y un rico desayuno con los colegas. Al abrir la puerta, encuentro a mi paso un montón de juguetes esparcidos por el piso.
Emmita corre hacia mí, estirando sus bracitos para que la tome, mostrándome sus manitos pegajosas llenas de manjar. “¡Te pillé, golosa!”, le digo, y ella sonríe con sus ojitos de chocolate.
Alicita está aún en la cama, mirando alguna serie o jugando. Le digo que ya es hora de levantarse, y mientras corre por ahí y por allá, toma en brazos a su hermana con algo de torpeza, pero con mucho amor.
Nos preparamos para almorzar los cuatro, comentamos lo poco que falta para navidad, lo lleno de gente que está el centro, el calor que hace. Le pido a Alicia que no juegue con su comida y le tomo el pelo a Emma para que no se le ensucie con su sopa. Un moño simple mantiene ese hermoso pelo café oscuro en su lugar, ese pelo chascón igual que el mío y el de su hermana.
Luego jugamos, ordenamos, volvemos a desordenar los juguetes, discutimos, nos abrazamos… todo como un día común.

Pero aterrizo, y no. No es así. Muy probablemente, esa no sería nuestra realidad paralela. Es nuestra ilusión, nuestro deseo, pero quizás nuestra realidad distaría mucho de aquello.

Quién sabe. Tal vez estaríamos aquí y así. Pero tal vez no. Quizás estaría pasando este día, víspera de fiestas de fin de año, en un hospital. Tal vez Emmita estaría en casa, pero con soporte de oxígeno. O incluso podríamos estar con mi esposo en la capital, en la sala de espera de cualquier UCI, rogando por la vida de nuestra hija menor, mientras la mayor nos espera en nuestra ciudad.

Qué dura es la vida sin Emma, pero más dura aun podría haber sido para ella vivir con una salud que no acompañara su incesante energía de niña. La extraño, no lo puedo negar, duelen tanto estas fechas sin ella, duele no poder comprarle su regalo, un vestido bonito para la nochebuena, unas galletas con mostacillas de colores. Duele a pesar de la calma que el tiempo me ha regalado, duele porque nunca será fácil su ausencia. Y no quiero oír que ella sigue con nosotros, aunque lo sé, no quiero oír que su alma permanecerá por siempre, aunque lo sé. Quiero oír su risa de felicidad al abrir sus regalos, el papel rasgándose, los juegos con su hermana. Quiero oír lo que no oiré jamás.

Pero, a pesar de querer cosas que no tendré, quiero otras que sí puedo conseguir, con esfuerzo y mucha paciencia. Quiero recordar que la pena pasará, que es normal esta tristeza en medio de tanta exaltación de fin de año, que nunca retrocederé lo avanzado y que seguiré creciendo, madurando y aprendiendo.

Hoy quiero dejar de pensar en lo que no tengo, en lo que me falta, y pensar en lo que sí tengo. Quiero hacer ese esfuerzo, y de hecho lo haré. Los invito, queridos amigos, a hacer lo mismo.

Palabras escritas en diciembre de 2015. Un año después, siento muy parecido. los-ninos-necesitan-tus-abrazos-para-sentirse-parte-del-mundo

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