Abrazando el 2017

Acabamos de estrenar el 2017. La noche del 31 al 1 de Enero leí todos los buenos propósitos de mis conocidos para el 2017, sus despedidas del 2016, y yo me preguntaba: “¿tengo yo algún buen propósito para este año?” y lo único que encontraba era una sensación desagradable, algo que me incomodaba y me causaba desazón, pero no sabía el qué…

La mañana del 1, mientras esperaba que mis niñas se despertasen, me puse a ojear mi móvil, llegando a uno de nuestros textos, el de nuestra queridísima “jefa”, al final lanzaba una pregunta:”si tuvieras la oportunidad de elegir título de tu propio libro de 2017 ¿Cual sería?”, automáticamente un título me ha salido disparado de lo más profundo: “10 años de soledad”, así, tal cual, de soledad, sin mirar lo que he reído, lo que he llorado, lo que he amado, lo que tengo, sin mirar las piedras del camino ni las flores en el desierto, los sueños cumplidos, las risas infantiles, los recuerdos amontonados, los regalos navideños de dos niñas que me dan la vida, de la falta de los del primogénito, tal cual, 10 años de soledad, de tu soledad… Entonces lo he visto, lo que me incomoda del año nuevo, acaba en 7, es la primera vez que ese número aparece en el calendario, desde el 2007, un mal año, el peor, el que me hizo. Morí y nací ese año…

Tú llenaste mi 2007, ocultando todo lo demás, incluso la pérdida de un segundo embarazo, el correspondiente legrado, cosas que quizás debieron quedar grabadas en mi pero que incluso no hago más que olvidar la fecha, todo por ti, por todas tus semanas en mi, por tus patadas y tus ataques de hipo, por tu carita sin vida, por tu cuerpo en mis brazos, por mi corazón roto al no poder latir por dos. Mi 2007 eres tú, y no estás, y sigues sin estar en el 2017.

El 7 rechina en mis oidos, he sobrevivido a todos los 14 de mayo, he aprendido a querer ese día, a vivirlo con dulzura, con amor, incluso con orgullo y agradecimiento, pero es mi primer 7, esto es nuevo para mi, 10 años, ¿mucho?, un suspiro…

Afronto el año como todos los años, con alegría, sin pedirle nada, dejándome envolver de lo que la vida va regalándome, pero éste se parece mucho a aquél otro, por un simple número al final, y me satura un poco los sentidos, sé que me va a pellizcar cada vez que escriba el año, cuando lo nombre. Y me toca pararme a pensar en todas las fases que he pasado y plantearme dónde estoy ahora, y vuelvo a ver que esto no acabará nunca, todo serán fases, aunque ya sean internas mías, que nadie pueda ver.

Este 2017 me apetece seguir proclamando tu existencia, nunca he dejado de hacerlo, pero con los años se vuelve una proclamación comedida, no tan visceral, me apetece gritar de nuevo, no quiero convertirme en una yaya con un recuerdo oculto que quizás algún día cuente a mis nietos, quiero que sea el resto quien lo tenga en cuenta de forma natural, sé que puede ser imposible, ¿será el 2017 un acto de rebeldía?
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