Por los que estuvieron…y se quedaron.

Cuando hablamos de amigos durante el proceso de duelo, por lo general lo hacemos de las almas valientes a las que nos tocó conocer y con las que coincidimos por la muerte de nuestros peques; hablamos de iguales, de papás con los que nos identificamos porque conocen en carne propia el dolor que también nos tocó vivir y eso es bueno, agradecer y valorar el haber encontrado a esos amigos nuevos que consideran normal aquello que muchos creen locuras y que hasta las hacen contigo.

Pero hoy me gustaría compartir algo que traigo en la mente desde hace semanas. En una reunión de parejas, al decirle comadre a una amiga, esposa del mejor amigo de Rubén, recordamos cómo nos conocimos, historia chistosa porque sentí celos de ella cuando un día llegó a saludar a mi esposo, entonces novio, siendo ella una mujer guapisima. Lo que desconocía era que desde niños eran amigos y ella la novia de su mejor amigo, el tiempo nos hizo comadres y parte de la familia.

Esa noche ya que llegué a la casa y me  metí a la cama se me vinieron a la mente los días del hospital, esos días de caras largas en el cuarto triste y las personas que en medio de una maternidad hasta el tope de globos, felicidad y bebitos a término estuvieron con nosotros los días más dolorosos de nuestras vidas.

Sin saber que hacer, sin saber que decir, con el reflejo del dolor en sus ojos acompañándonos en algo que no entendían, pero de pie a un lado de nosotros.

Aunque esos días son borrosos a veces puedo decir que recuerdo con claridad sus expresiones y sus rostros, a lo mejor no exactamente sus palabras pero sí su presencia. Nos acompañaron los días que siguieron, los siguientes meses y también al pasar de los años.

Los siguen recordando, saben sus aniversarios, nos acompañan en los eventos del 15 de octubre y se refieren a ellos por sus nombres. Siguen sin entender al 100% el dolor que fue y la nostalgia que queda y aun así muestran empatía, nos escuchan cada que contamos su historia o hablamos de ellos porque en el fondo ellos también se alegraron al saber que venían en camino y los esperaban ilusionados junto a nosotros.

A veces quien menos te imaginas empieza a jugar un papel importante en tu vida y deja su huella. Mamás de amigos de tus hijos que pensabas serían compromisos de escuela nada más se vuelven parte de la familia;  parejas de amigos que solo creías de fiesta ahora son compadres, amigas de la infancia que a pesar de la distancia se hicieron presentes como pudieron y aún lo hacen. Personas que no solo estuvieron, pero que también tuvieron el valor de quedarse a tu lado acompañándote, sosteniendote, diciendo sus nombres y hasta secandote las lágrimas.

Y esa noche hace dos semanas recordé esto:

Un  mediodía soleado y húmedo de septiembre, los cuatro caminábamos por el largo andén que da de las tumbas al estacionamiento del panteón, Rubén y Abraham algo platicaban y ella estaba al lado mío, me imagino que no sabía qué decir y honestamente aunque me hubiera dicho algo no lo recordaría al 100%, solo se que ella tomó mi brazo mientras seguimos el camino al carro, quien diría que ese día en aquel panteón sería el inicio de una gran amistad…

 

hermanas-union

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