Cuando hablé con el arcoiris #multiplicandoelamor

Abrió la puerta del consultorio con una gran sonrisa y sacando tema de conversación como suele hacerlo desde que vamos. La nutrióloga con la que vamos mi hijo mayor y yo ya conocía por obvias razones a Rubén y a Lucía, pero no sabía de Fer, mi hijo “sándwich” como le llamo a veces por ser el que queda en medio .

Al verlo asombrada me pregunta que si él también era mío y le digo que sí, y que si eso le sorprendía, le asombrará aún más saber que serían cinco si dos no se hubieran muerto. En el transcurso de la consulta entre chequeo de peso y mediciones me preguntaba curiosa sobre cuantas semanas de gestación tenían los niños y hace cuanto había pasado nuestra historia con ellos. En lo personal me encantó poder hablar de ellos, que salieran al tema y contar su historia fuera de este espacio, porque normalmente cuando ellos salen a flote en alguna conversación con extraños el tema se desvía y las caras se alargan, pero con ella fue diferente…

 nic3b1a-arcoiris-¿Sabes que Lucía es una niña arcoiris? me preguntó.

Debo confesar que me dio una gran emoción oír ese término de parte de alguien ajeno al mundo de las pérdidas; para mi es parte de mi día a día desde hace cuatro años, pero oírlo en el consultorio de mi nutrióloga me sorprendió. Le dije que claro que sabía que la tremenda Lucía con la que tanto se ríe al verla llegar con vestidos de princesas cada que consultamos era arcoiris.

-Yo soy un arcoiris- me dijo con una sonrisa en el rostro.

Me dejo sin saber que decir, la mayoría de los arcoiris que conozco son hijos de amigas, la mayoría bebés, y ahí tenía enfrente de mi una linda arcoiris de 25 años la cual sabía lo que representó ella para sus papás y hermanos. Me platicó que antes de ella hubieron dos bebés, dos guerreros que nacieron a los 6 meses pero que murieron. Me contó la historia de esos dos niños pequeñitos que murieron, del dolor que vivieron sus padres y hermanos con su muerte, de cómo su mamá le dice que nunca olvidará sus caritas y que se las llevará grabadas hasta el día de su muerte y de cómo ella llegó cuatro años después a ser ese rayito de luz que la familia necesitaba.

29 años más tarde una día de enero esa niña arcoiris que nació después de la tormenta me platicaba de sus hermanos, esos dos bebés a los que sus papás aún recuerdan con tanto amor, de esos bebés que le cambiaron la vida a su familia. El  amor que dejaron esos niñitos se ha multiplicado  y 29 años después de su breve paso por el mundo aún se habla de ellos y cuentan su historia. Tal vez hicieron el matrimonio de sus papás más fuerte, tal vez unieron más a su familia, no sé, eso solo ellos lo saben. Yo apostaría  que sí.

Después de 29 años de su muerte esa familia sigue unida teniéndolos presentes y una arcoiris me lo contó.

Salí con los ojos llorosos pero de emoción, siempre me pregunto si con el paso de los años me iré olvidando de ellos o me dejarán de importar, si olvidaré lo poco que queda en mi memoria de sus caras, como recordarán todo esto los niños o si a Lucía le importará saber la historia de ellos. Si la historia de Joaquín y Víctor no terminará al momento de mi muerte… creo que esa tarde me respondieron parte de esas inquietudes.

Lo que sí reafirmo y me queda muy claro es que su corta vida sirvió para unirnos y, mientras me quede vida seguiré contando su historia, haciendo cosas en su nombre y multiplicando el amor que ellos dejaron a su paso.

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