Cuando mamá dejó de cantar

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Hoy mis papás me enseñaron una foto ( o eso me dijeron que era ) pero yo no le entendí nada cuando la vi. Según ellos, es mi hermano o hermana, que en unos meses va a llegar a casa, pero yo creo que se equivocaron porque no tenía forma de bebé. Era una imagen borrosa y no tenía colores, como esas fotos viejas que hay en casa de mis abuelos, ¿cómo era? ah, sí, fotos en blanco y negro.
De todos modos sonreí y pregunté cómo se llamaba el bebé.

– Si es niña, mmm… Karina – dijo mi mamá muy feliz. – Y si es otro niño… David.
– Yo quiero que sea niño -dije- quiero que juguemos fútbol.
Mi papá me dijo que pasaría mucho tiempo antes de que pudiéramos jugar fútbol juntos, pero no me importó. Yo puedo esperar.


Mi mami anda cantando por toda la casa todo el día. Eso me gusta. Significa que puedo hacer travesuras y no me dirá nada porque está feliz.


Hoy supimos que es niño. Creo que a mi mamá no le gustó mucho la idea porque cuando el doctor le dijo, se quedó seria. Yo creo que quería que fuera una niña porque eso le estuvo diciendo a sus amigas, pero yo me puse muy feliz. ¡Es que a mí no me gustan las muñecas!

Vimos al bebé David en una cosa que parecía una pantalla de televisión, pero tampoco pude entender nada. A lo mejor el doctor podía entender las imágenes por los lentes que tenía puestos. La siguiente vez que vayamos a ver a mi hermano, le pediré que me los preste para poder entender yo también.


No sé lo que pasó anoche. Mi mamá me acostó en mi cama y hoy la que vino a levantarme fue mi tía Daniela, la que casi nunca veo porque vive lejos de mi casa.

– ¡Hola mi vida!, es hora despertarse – Me dijo muy contenta
– ¿Dónde está mi mamá?
– Fue al hospital. Hoy te voy a cuidar yo, pero cuando regreses de la escuela seguro vas a encontrar aquí a tus papás y a David, tu hermanito.

Me fui a la escuela muy emocionado. Llegué y les conté a todos que ya iban a llevar a mi hermanito a la casa. Mis amigos me emocionaron también y la maestra me dijo que felicitara a mis papás.


Yo creo que el bebé no ha llegado aún porque mis papás no estaban en mi casa cuando regresé. Mi tía Daniela estuvo rara todo el día y si le preguntaba por mis papis, decía que ya llegarían después.

Llegó la hora de cenar y mi tía me dio una taza de leche y un pan. Me ayudó a cepillarme los dientes y me metió en mi cama. Antes de que pudiera preguntarle nada apagó la luz y cerró la puerta del cuarto.

Yo no sabía que los bebés tardaran tanto tiempo en llegar con los papás. Tal vez se equivocó de camino y está un poco perdido. O tal vez así sea siempre. ¿Así habrá pasado conmigo? ¿Me habré tardado tanto tiempo en encontrar el camino para llagar con mis papás?
Cuando regrese mi mami, le voy a preguntar.


Hoy en la escuela mis amigos me estuvieron contando como fue cuando llevaron a sus hermanitos a sus casas.
La verdad me asusté un poquito porque me dijeron que ya casi ni les hacían caso porque los bebés lloran mucho y las mamás les ponen más atención a ellos. Pero yo les dije que mi mami me quería, ella me lo había dicho muchas veces y nos iba a cuidar muy bien a los dos, al bebé David y a mí.

Pero cuando llegué a mi casa, mi mami no había regresado todavía.


Oí a mi tía Daniela hablando por teléfono muy bajito. Cuando me vio se quedó callada, pero yo ya había escuchado que estaba hablando con mi papá. Se fue a la sala a seguir hablando y luego prendió la tele para que me entretuviera y no la molestara. Iba a preguntarle que le había dicho mi papi, pero empezó la caricatura que más me gusta y se me olvidó.


Mis papás regresaron anoche. Mi mami no tenía su panza, se me hizo chistoso verla tan flaca otra vez. Ya hasta se me había olvidado como era antes.
Tenía los ojos muy rojos, como cuando lloras mucho rato, y cuando me vio, me abrazó.
Yo quería preguntarle donde estaba mi hermano, pero me soltó y se metió al baño. Se quedó mucho rato ahí, hasta que mi papi fue a tocarle la puerta. Se metió al baño también y ahí se quedaron los dos.
Vino mi tía para darme de cenar y ella me llevó a la cama. Todavía no se nada de mi hermano.


Mi maestra me preguntó qué me pasaba, que me veía muy “distraído”. No sé que es distraído, pero yo creo que me lo dijo porque yo no estaba mirando al pizarrón cuando ella explicaba algo.
Le dije que no había dormido muy bien. Eso era cierto, tuve sueños muy feos toda la noche, pero no era toda la verdad.
La verdad es que estuve oyendo a mi mami llorar en su cuarto y hoy en la mañana no estaba otra vez. No quería que mis amigos supieran que ellos tenían razón, que mi mamá ya no iba a tener tiempo para mí. ¡Y eso que el bebé ni siquiera estaba en la casa!
Así que le dije lo de los sueños feos a la maestra y me dijo que hoy me fuera a dormir más temprano. Y ya.


Hoy me dijo mi tía Daniela que el bebé no pudo salir del hospital todavía, así que mis papás tendrán que ir a verlo ahí hasta que lo puedan traer. Yo no puedo ir porque a los niños no los dejan entrar.
Yo solo quiero saber por qué mi mami está tan triste.


Han pasado muchos días desde que mis papás dejaron de ir al hospital, pero tampoco trajeron al bebé. Andan hablando muy bajito entre ellos todo el tiempo y si me acerco dejan de hablar.
Mi mamá se la pasa llorando todo el día; cree que no lo sé porque cuando viene conmigo no lo hace pero sus ojos están rojos siempre y desde mi cuarto la puedo escuchar.
No me atrevo a preguntar por mi hermanito porque no quiero que mi mami llore más, pero no entiendo nada y tengo miedo de que lo que le pasó a él, me pase a mí también.
Trato de ser bueno para que mi papi no se enoje. Él le grita a todos últimamente.


Mi tía Daniela me está cuidando otra vez. Sé que mi mami está en la casa, pero no sale nunca de su cuarto, ni siquiera para comer. Mi papá volvió a su trabajo pero llega muy tarde, más que antes. Me siento muy triste. Le he preguntado a mi tía qué es lo que pasa, pero solo me dice que mis papis tienen que hablar conmigo y que no preocupe, que todo estará bien.
Yo quiero a mi tía Daniela, pero extraño a mis papás.


Hoy vi como sacaban las cosas del bebé en cajas. Le pregunté a mi tía a dónde se las estaban llevando. Me dijo que se las iban a regalar a mi tía Josefina, que también está esperando un bebé.
Me enojé y le grité a la gente que estaba sacando las cosas que las dejaran ahí. Que eran de mi hermano. Que si se las llevaban, mi hermanito no tendría cuna, ni ropa, ni juguetes.
Mi tía me abrazó y empezó a llorar. Me solté y pude rescatar un osito morado, el primer juguete que le habíamos comprado a mi hermano y lo escondí abajo de mi cama.

Supongo que cuando por fin traigan a David, tendré que prestarle mi ropa aunque le quede grande. Lo bueno es que sí podrá jugar con su osito nuevo. Pero ha de sentirse muy solito allá en el hospital. Yo me sentiría así si mis papis no fueran a verme.


Hace rato entré al cuarto de mi mamá. Ya había pasado la hora de comer, así que sabía que era tarde, pero ella seguía acostada en su cama, con las cobijas hasta la cabeza.
Le pregunté si quería jugar a la pelota conmigo, eso siempre la animaba. Hasta le dije que no iba la iba a patear muy fuerte para que ella ganara. Pero me dijo que no tenía ganas y que solo quería seguir durmiendo, que jugara con mi tía o con mi papá. Que cerrara la puerta al salir.
Yo creo que no sabe que mi papá salió temprano y no ha vuelto. Es raro porque es sábado y él no trabaja hoy.

Hace mucho que no oigo a mi mamá reír. Extraño escucharla cantar.

Diego, 5 años


No sé en qué estaba pensando, ¿Cómo pudo entristecerme la noticia de que David era niño? ¡¿se puede ser más idiota?!
Supongo que lo que pasó fue un castigo que tenía bien merecido por preocuparme por cosas tan tontas. Si ese día hubiera sabido lo que pasaría después, nunca habría renegado de que mi hermoso hijo fuera varoncito.

Todo parecía estar tan bien… lo último que pensé fue salir del hospital sin mi bebé. ¿Por qué nunca se dieron cuenta los doctores de que tenía esa enfermedad? ¿qué acaso no es ese su trabajo? ¿Cuándo va a poder salir del hospital? ¿Se pondrá bien del todo? ¿Cómo se lo vamos a explicar a Dieguito?

Que bueno que Daniela sigue aquí. No tengo cabeza para nada más en este momento. Espero que pueda quedarse más días para que cuide a Diego. Nunca podré agradecerle lo suficiente.


Odio este hospital. Si pudiera sacar a mi hijo de entre todos esos tubos y llevármelo a casa lo haría sin pensar. Lo único que me hace seguir es la ilusión de poder verlo, aunque sea un ratito. Se ve tan pequeño e indefenso, y aquí todo huele a desinfectante.
No sé que voy a hacer cuando Felipe regrese a trabajar. Supongo que tendrá que pedir más días. Aunque no sé si quiero tenerlo conmigo así de irritable como está. Todo le molesta.

¿Cuántos días hace que estamos viniendo? ¿3, 4, una semana? Me parece una eternidad…


Lamentamos tener que decirles que su bebé falleció hace 15 minutos, intentamos comunicarnos con ustedes pero el teléfono decía estar fuera de servicio…

¿Qué dice? ¡¿Qué está diciendo?! ¡Eso no es cierto! ¡él estaba bien ayer, usted mismo nos lo dijo!…

Creí haberle gritado todo eso al doctor, pero al parecer no alcancé a decir nada y caí desmayada en el piso. Eso me lo contó Felipe, porque no recuerdo nada de lo que pasó después.


Hoy cremámos a David. Que bueno que Diego está en la escuela. No hemos podido hablar con él. No sé como decirle que su hermano murió.
Yo también desearía estar muerta.
Pero sí lo estoy, ¿no? Muerta en vida.


Han pasado varios días y no me acabo de decidir a hablar con Diego. No tengo fuerzas ni para salir de la cama. Daniela dice que es porque no he comido casi nada desde que mi hijo se murió, pero yo sé que es porque me falta un trozo del corazón.


Felipe regresó a trabajar hace un par de días y casi no se aparece por aquí. Dice que está harto de que me la viva llorando y de que no sea capaz de superarlo para atender a mi hijo que está vivo. Pero él tampoco hace nada por acercarse a Diego y seguimos sin decirle aún la noticia. Yo no pienso hacerlo sola.


Me habló mi hermana Josefina hace un rato. No vino a la cremación de David, ni a la misa porque está embarazada y no quería “impresionarse demasiado”.
Me dijo que no me preocupara, que ya tenía un hijo vivo y que debía darle gracias a dios por eso. Que tal vez el otro año pueda intentar de nuevo. Que lo que había pasado era una bendición disfrazada porque David estaba muy enfermo y estando vivo solo iba a sufrir y a hacernos sufrir.
También me dijo que su hijo es niño y que se llama Julián. Que en 4 meses más, Dieguito tendrá un primo con el que jugar.

No quise decirle que lo que me estaba diciendo era horrible y me hacía sentir peor. Siguió contándome de todos los problemas económicos que tiene y que gracias al embarazo se han agravado. Quise contestarle que no se preocupara por tonterías, que lo importante es que ella y el bebé estaban bien.
Pero solo pude decirle que le iba a regalar todas las cosas de David. Que mandara a alguien a recogerlas en un par de días, que le diría a Daniela que empacara todo lo del cuarto. Eso aliviaría un poco sus penurias económicas y podría concentrarse en ser feliz y estar tranquila.

Es lo último que haré por ella. No pienso hablarle más.


Escuché los gritos de Diego cuando estaban sacando las cosas del bebé pero no fui capaz de salir de mi cuarto. Escuché a mi hermana llorar. Soy una cobarde.


Hoy vino Diego. Quería que saliera al jardín a jugar con él. Me hizo bromas. No pude sonreír ni un vez.
Él no tiene la culpa y debe estar tan confundido… una parte de mi quería ser la de antes, salir con él y jugar hasta que el sol nos quemara la piel y tuviéramos que entrar a la casa todos chapeados a tomar agua de limón con hielos. Extraño su risa, revolverle el cabello, darle de besos en las mejillas. Pero no pude salir.
También me extraño yo, la que era antes, la que nunca podré volver a ser. Extraño a David. Y a Felipe.
Ojalá pueda recuperarme a mi misma y ser capaz de decirle a mi hijo que su hermano ya no está. Ojalá esto no hubiera pasado nunca.

Carmina, 33 años.

 


Estoy tan triste. Ayer escuché como mis papis se peleaban. Dijeron gritando que mi hermanito se murió. Ellos no se dieron cuenta que yo estaba ahí.
Corrí a sacar el oso morado y me dormí abrazado a él. Estoy asustado.


Mi papá se fue hoy de la casa con una maleta. Me dijo que se va a ir con mi abuelita. Primero me quedé sin hermanito y ahora sin papá.
Él me dijo que va a venir a verme seguido, pero no sé. Tengo miedo y estoy muy triste.


Por fin pude hablar francamente con Diego. Le pedí perdón por haberle ocultado lo que pasó con su hermano, y por no haber estado al pendiente de él durante todo este tiempo. Es increíble como un niño tan pequeño puede entender tan rápido las cosas. Me arrepiento tanto de no haber hablado con él de inmediato. Hizo todo más difícil. También le expliqué que su papá necesitaba un tiempo para él, y que va a regresar a casa. Que vendrá a buscarlo todos los fines de semana mientras tanto para hacer algo divertido juntos.
Le dije que su hermano no va a estar físicamente con él, pero va a acompañarlo y cuidarlo a donde quiera que vaya. Me abrazó sonriendo y me pidió que le cantara esa canción que a él le gusta tanto.


Hoy por la mañana, llegó con un pluma blanca en su manita. Me la dio.

– Mira mami, es David, que me fue a visitar mientras yo estaba dormido– tenía los ojos entrecerrados.
Solo pude sonreír al abrazarlo.

3 comentarios en “Cuando mamá dejó de cantar

  1. Pingback: CUANDO MAMÁ DEJÓ DE CANTAR (II parte) | Mirar al cielo. revista on line.

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