Después de la intensidad #másalládeldolor

No sé si hay un más allá del duelo. Mi Lunita siempre estará muerta, siempre faltará, y mi corazón de madre siempre estará en duelo.

Dolerá siempre por no tenerla, por no ser dos mujeres en esta familia. Siempre faltará su carcajada entre las de sus hermanos.

Siempre seré mamá en duelo porque nunca voy a saber cómo habría sido ser la mamá de Luna que crece, que me mira a las ojos, nunca voy a sentir su carita cerca de la mía mientras se duerme por la noche. No sabré si sus manos se parecerán a las mías, que son iguales a las de mi madre, que ahora de mayor son tan iguales y tan hermosas como las de mi abuela. Luna se llevó el linaje femenino, y nunca sabré si la hubiera podido amar en las tempestades madre-hija como me habría gustado que me amaran a mí.

Pero el duelo ha cambiado.

Tres años y medio después de su muerte, vuelvo a respirar bien. No me ahoga el aire y no tengo miedo de que el dolor me dé una puñalada desprevenida y se me desmorone el día en ausencia y dolor de la eterna falta de mi hija.

Creo que, de alguna forma, me volví a armar.

¿Y saben qué? Está bien que no duela tanto. El dolor que ahoga por lo menos era algo, era real, era una confirmación de que la amo, de que es mi hija, de que existió y de que importa. A veces a falta de dolor me cuestiono. Si no me desarmo en lágrimas todo el rato ¿será que no la quiero? ¿Mi hija no me importa? ¿Qué clase de madre puede rearmarse después de la muerte de su hija?

Pero mi hija no es el dolor.

Mi hija es la luz. El amor. La transformación profunda y certera de quien soy yo. Ya no soy nosotras-bajasolo Cheli. Soy CheliconLuna. Y esa luneidad dentro de mí es lo más lindo que llevo en el corazón. Es el amor de madre por ella. Que es solo de ella y es por siempre. Igual que el amor de madre de cada uno de sus hermanos. Esa es la verdad.

Me permito vivir entera, sin destrozarme. Me doy permiso para recordar a mi hija con amor, para agradecer su vida en mí. Siempre agradecida de ser su mamá.

Hoy mi vida con Luna es tan íntima y tan profunda que la llevo muy dentro.

También, mi vida con Luna es todas las cosas que me vienen gracias a ella. Las comadres que fui encontrando en el camino del duelo. Las mamás y papás que se sientan en círculo para celebrar y llorar a sus bebés, para aprender a vivir sin ellos y ellas, un círculo de amor, recuerdo y sanación.

Mi hija es amor. Y después del dolor punzante seguía habiendo amor. Amor generoso, amor de comadreo y compartir. Amor de crecer juntas Lunita y yo, aunque sea en el alma y no de la mano. Amor de reaprender a ser yo, de encontrarme y ser más yo que nunca. Amor de Luna.

4 comentarios en “Después de la intensidad #másalládeldolor

  1. Que bonito cheli,hay tanto amor en tus palabras, un abrazo muy fuerte, a nuestras nenas siempre las llevaremos en el corazón y el alma, te mando un beso super fuerte.😘😘😘

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